sábado, 15 de mayo de 2021

“SI HABLA MAL DE ESPAÑA ES ESPAÑOL” (contesto a Pol Ze Nit)

 La idea de “sociedad” exige cierta capacidad de abstracción, la que permite elevarse desde los intereses más particulares hasta los que lleva a identificarse con esa identidad compartida. Los hombres del nivel más llano no han vivido preocupados por la pertenencia a una colectividad cuyo perímetro excediera de la más inmediata convivencia, la que normalmente coincide con la comunidad de sangre. Han sido las élites las que tradicionalmente han incorporado la idea del Estado, esto es, de la colectividad organizada que trasciende de los lazos de sangre o de idioma. Y el pueblo llano lo que ha hecho siempre al final ha sido vincularse a personas concretas (un señor, un rey…), incapaces como eran de abstraerse hasta ese punto. Ortega habla de cómo el Imperio romano se colapsó porque ni las élites supieron abstraerse en este sentido y siempre encontraron una especial dificultad para alcanzar una organización que, en lo fundamental, trascendiese el perímetro de la ciudad de Roma. En la Edad Media y en el Antiguo Régimen, la masa social no se sentía perteneciente a un reino o, mucho menos, a una nación. Solo llegaban a sentirse súbditos de un señor o un rey de carne y hueso, un ser al menos potencialmente tangible y concreto.


La Ilustración supuso que se había llegado a la altura histórica necesaria para que los hombres, los “individuos”, los nuevos “ciudadanos” pasaran a sentirse vinculados a una “nación”. Pero esta idea de “nación” no llegó a cuajar suficientemente en España (a la vista está: no habría más que recordar la esperpéntica revolución cantonalista durante la I República). ¿Por qué? Pues por nuestra incapacidad para la abstracción. Dice Ortega: “(Los españoles) representamos en el mapa moral de Europa el extremo predominio de la impresión. El concepto no ha sido nunca nuestro elemento”[1]. Por eso somos un pueblo tan poco dotado para la ciencia. Y por eso somos incapaces (no todos, claro, pero sí una masa crítica suficiente) de trascender del terruño o de la tribu. “España” es un concepto demasiado abstracto para demasiados españoles. Y así nos va.



[1] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1, p. 359.

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