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lunes, 10 de abril de 2023

ANTES DE QUE NOS VOLVAMOS TODOS LOCOS


 

Dice Ortega que “El yo no adquiere su perfil genuino sin un tú que lo limite y un nosotros que le sirva de fondo. En las pupilas de los otros hallamos el logaritmo de nuestras virtudes y nuestros vicios. Tropezando con el prójimo aprendemos nuestro puesto en el mundo”[1]. Entre el “yo” y el “nosotros” se genera así una dialéctica, y la historia viene a ser expresión del predominio de una u otra de las dos instancias. En la Edad Media, el “nosotros” era aplastante: desde que se nacía, uno estaba adscrito irrevocablemente a una clase social, a un oficio, a una religión, a una determinada colectividad… Con el Renacimiento, el péndulo se empezó a trasladar al otro extremo, el del “yo”. Hoy hemos llegado a un punto máximo en esa dirección: lo que se llama “identidad fluida” o “líquida”, o la promoción de la “diversidad” vienen a significar que cada “yo” puede decidir hasta el sexo al que pertenecer. Esa hipertrofia del “yo” ha llevado al descrédito de las instituciones, que son el modo en que se articula el “nosotros”, el ser social. La movilidad social, por ejemplo, ha ido acabando con el asociacionismo de perímetro corto, y en buena parte hasta con las relaciones sociales. En España, una de cada cuatro personas vive sola; en Hispanoamérica, en conjunto, es todavía el 14,5%.  No digamos ya lo que pasa con la idea de pertenencia a una nación. Cada cual puede construir su propia identidad sin referirla a nada estable. Más aún: la bandera que se está levantando es la de la no-identidad. Nos vamos construyendo así con fragmentos. A esa personalidad escindida los manuales de Psiquiatría la llamaban antes “esquizofrenia”. Desde luego, ya no es posible regresar a las formas antiguas de identidad, pero o encontramos alguna manera de alcanzarla o acabaremos volviéndonos todos locos.



[1] Ortega y Gasset: “Personas, obras, cosas”, O. C. Tº 1, p. 529.

martes, 31 de enero de 2023

ATENDIENDO A LA POSIBLE DICICULTAD DE LAS CITAS DE AYER

 

Las opiniones expuestas en esas citas son el contrapunto de esto otro que decía Nietzsche: “En última instancia lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado”. El deseo este de Nietzsche no se paraba en ningún objeto, no se detenía en ninguna meta, proponía que cuando se llegase a una se estuviera pensando en ir sin descanso a la siguiente. María Zambrano decía de esta actitud: “Nietzsche, ímpetu sin fin de vida, necesitaba la gracia luminosa que detuviera su desesperada carrera, que encantara su ambición demoníaca, que hiciera al fin descansar al judío errante”. Y concluía la misma Zambrano: “Nietzsche destruyó su vida al no haber podido alcanzar forma” (Nietzsche acabó en la locura). Adquirir "forma" es, como dice Ortega, detenerse en alguna clase de meta, considerar que en alguna parcela de la vida ya se ha llegado a donde había que llegar, no seguir, por tanto, anhelando ir más allá. Lo que toca entonces es repetir. Por ejemplo, cuando uno ha llegado a formar un hogar: si se concluye que eso es lo que se quería, ese ha de ser el lugar al que regresar cada noche, no hay algo alternativo que seguir buscando en esa parcela de vida. El compromiso, la fidelidad han de venir a sustituir a aquel deseo que sigue empujando, como en Nietzsche, más allá de lo deseado. En esa parte de la vida hay que desistir de seguir buscando, de seguir deseando.

martes, 17 de enero de 2023

Algunos argumentos sobre por qué podemos deducir que EL UNIVERSO SE ESTÁ EXPANDIENDO

 

“La vida ha triunfado sobre el planeta gracias a que en vez de atenerse a la necesidad la ha inundado, la ha anegado en exuberantes posibilidades, permitiendo que el fracaso de una sirva de puente para la victoria de otra” (Ortega y Gasset[1]).

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“Vivir, al menos humanamente, es transitar, estarse yendo hacia… siempre más allá” (María Zambrano[2]).

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“El hombre es un sistema de deseos imposibles en este mundo” (Ortega y Gasset[3]).

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“Se vive en la proporción en que se ansía vivir más” (Ortega y Gasset[4]).

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“La vida tiende siempre a dar el máximum. Y por ello, inventa mil estratagemas que los biólogos conocen, para retroceder, para salir por otro lado, como si partiese de un centro en un movimiento de abanico” (María Zambrano[5]).

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“Porque hay en cada cosa una aspiración a ser más que materia, a ser lo que los físicos llaman fuerza viva” (Ortega y Gasset[6]).



[1] Ortega y Gasset: “El Espectador”, Tº VII, O. C., Tº 2, Madrid, Alianza, pág. 611

[2] María Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, pág. 62.

[3] Ortega y Gasset: “Una interpretación de la historia universal”, O. C. Tº 9, pág. 210

[4] Ortega y Gasset: “La deshumanización del arte”, O. C., Tº 3, pág. 367.

[5] María Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, pág. 148

[6] Ortega y Gasset: “La estética de ‘El enano Gregorio el Botero’”, O. C. Tº 1, pág. 540.

sábado, 12 de noviembre de 2022

PENSAR ES REFERIR LAS COSAS A SU FORMA DE SER PERFECTA

 

Salvador Dalí: "Mirage" (1946)

“Pensar es, quiérase o no, exagerar. Quien prefiera no exagerar tiene que callarse; más aún: tiene que paralizar su intelecto y ver la manera de idiotizarse” (Ortega y Gasset[1]).

(Es así porque el concepto, la idea redondea la cosa por él expresada refiriéndola a su modo de ser perfecto. Las cosas son aproximaciones a su platónico (y exagerado) ser ideal, el que, para entenderla, construye el pensamiento)

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“La misión del pensamiento es construir ejemplaridades; quiero decir, destacar entre las figuras infinitas que la realidad presenta aquellas en que, por su mayor pureza, esa realidad se hace más patente. Una vez entendida en su caso ejemplar, la realidad se esclarece también en sus formas turbias, confusas y deficientes, que son las de mayor frecuencia (…) En el orden humano al menos, lo depravado, lo torpe y lo trivial son parásitos tenaces de la perfección. No se le dé vueltas: el médico dañino vive gracias al egregio, y si hay tantos malos escritores es porque ha habido algunos buenos” (Ortega y Gasset[2]).

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“Es condición de toda realidad pasar por estos dos aspectos de sí misma: lo que es cuando es con plenitud o en perfección y lo que es cuando es ruina. Para usar un espléndido término del deportismo actual, que hubiera entusiasmado a Platón —¡claro, como que viene de él!—; para usar, digo, un término deportivo, al ser con plenitud y en perfección le llamaremos «ser en forma». Y así opondremos el «ser en forma» al «ser ruina». Pues como harían ustedes mal en definir a un hombre según su apariencia cuando le vieron enfermo, el Teatro y toda realidad deben ser definidos según su «ser en forma» y no en sus modos deficientes y ruinosos. Aquél explica y aclara éstos, pero no al revés. Quien no ha visto más que malas corridas de toros —y casi todas lo son— no sabe lo que es una corrida de toros; quien no ha tenido la suerte de encontrar en su vida una mujer genialmente femenina no sabe lo que es una mujer” (Ortega y Gasset[3]).



[1] Ortega y Gasset: “La rebelión de las masas”, O. C. Tº 4, p. 236.

[2] Ortega y Gasset: “Prólogo a ‘Veinte años de caza mayor’, del conde  de Yebes”, O. C. Tº 6, p. 462.

[3] Ortega y Gasset: “Idea del teatro”, O. C. Tº 7, p. 447.

viernes, 30 de septiembre de 2022

EL DESTINO DE LOS GRANDES HOMBRES

 

Pietro Vannucci : “Fortaleza y templanza con seis héroes antiguos”

“¿Hasta qué punto un pueblo sin grandes hombres sería verdaderamente un pueblo? Una raza —dice justamente Renan— es, ante todo, un molde de educación moral. Y ¿es ésta posible sin grandes hombres?” (Ortega y Gasset[1])

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“Nadie ignora que el significado originario de la palabra «musa» es ocio, y ocio en el sentido clásico quiere decir lo opuesto a trabajo útil; no es un no hacer, sino el trabajo inútil, el trabajo sin soldada ni material beneficio, el esfuerzo que dedicamos a lo irreal, a lo supremo. Yo tengo para mí que los grandes hombres han debido siempre mucho más a este ocio viril que a las musas de carne y hueso” (Ortega y Gasset[2]).

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“Los fines que tienen importancia, en la historia universal, tienen que ser fijados con energía, mediante la voluntad abstracta. Los individuos de importancia en la historia universal que han perseguido tales fines se han satisfecho, sin duda, pero no han querido ser felices” (G. W. F. Hegel[3]).

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 “Lo normal es (…) que el cachorro de grande hombre político tenga una juventud revuelta y atropellada, a veces tangente de la botaratería. Así Temístocles, Alcibíades, César, Mirabeau (…) La impulsividad, el activismo e inquietud constantes, la falta de escrupulosidad. Sobre éstas va a caballo el genio; sin esas capacidades psicofisiológicas, que son como fuerzas brutas y poderes elementales —demoníacos, diría un antiguo—, no hay grande hombre político (…) Cabe no desear la existencia de grandes hombres, y preferir una humanidad llana como la palma de la mano; pero si se quieren grandes hombres, no se les pidan virtudes cotidianas” (Ortega y Gasset[4]).

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“¿Qué decía el Maestro Eckhart? ‘Por eso ha dispuesto Dios que la miseria del pecado recayera con más frecuencia precisamente sobre aquellos hombres que quiso destinar a grandes cosas” (Carl G. Jung[5]).



[1] Ortega y Gasset: “Personas, obras, cosas”, O. C. Tº 1, p. 531.

[2] Ortega y Gasset: “Personas, obras, cosas”, O. C. Tº 1, p. 556.

[3] G. W. F. Hegel: “Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal”, Madrid, Alianza, 1982, p. 88.

[4] Ortega y Gasset:: “Mirabeau o el político”, O. C. Tº 3, pp. 622-623.

[5] Carl G. Jung: “Civilización en transición”, Obra Completa, vol. 10, Madrid, Trotta, 2001, p.207.

miércoles, 6 de julio de 2022

LOS CONCEPTOS SON MODOS DE REDONDEAR LAS COSAS PERCIBIDAS REFIRIÉNDOLAS A SUS FORMAS PERFECTAS DE SER

 

Leonardo da Vinci: "El hombre de Vitruvio"

   “La misión del pensamiento es construir ejemplaridades; quiero decir, destacar entre las figuras infinitas que la realidad presenta aquellas en que, por su mayor pureza, esa realidad se hace más patente. Una vez entendida en su caso ejemplar, la realidad se esclarece también en sus formas turbias, confusas y deficientes, que son las de mayor frecuencia (…) En el orden humano al menos, lo depravado, lo torpe y lo trivial son parásitos tenaces de la perfección. No se le dé vueltas: el médico dañino vive gracias al egregio, y si hay tantos malos escritores es porque ha habido algunos buenos” (Ortega y Gasset[1]).

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     “Pensar es, quiérase o no, exagerar. Quien prefiera no exagerar tiene que callarse; más aún: tiene que paralizar su intelecto y ver la manera de idiotizarse” (Ortega y Gasset[2]).

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POR ESO, ENREDARSE EN LAS VULGARIDADES ES SEÑAL DE UN PENSAMIENTO PEREZOSO O DEPRIMIDO.

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“Cuando hemos llegado hasta los barrios bajos del pesimismo  y no hallamos nada en el universo que nos parezca una afirmación capaz de salvarnos, se vuelven los ojos hacia las menudas cosas del vivir cotidiano” (Ortega y Gasset[3]).



[1] Ortega y Gasset: “Prólogo a ‘Veinte años de caza mayor’, del conde  de Yebes”, O. C. Tº 6, Madrid, Alianza, 1983, p. 462.

[2] Ortega y Gasset: “La rebelión de las masas”, O. C. Tº 4, p. 236.

[3] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C., Tº 1º, pág. 323.

lunes, 13 de junio de 2022

LO ÚTIL ES UN SUBCONJUNTO DE LO INÚTIL Y LA ADAPTACIÓN ES UN FENÓMENO SOBREVENIDO, QUE VIENE A ACOTAR Y LIMITAR LA ACCIÓN VITAL ESPONTÁNEA Y CREADORA

 


      “En el siglo XIX, que era de suyo y en todo propenso al utilitarismo, se fraguó una interpretación utilitaria del fenómeno vital que ha llegado hasta nosotros y puede aún considerarse como el tópico vigente. Según ella, la actividad primaria de la vida consistiría en responder a exigencias ineludibles, en satisfacer necesidades imperiosas. Todas las manifestaciones vitales serían ejemplos de esa actividad —lo mismo las formas del animal que sus movimientos, lo mismo el espíritu del hombre que sus obras y acciones históricas. Una ceguera congénita hizo que los hombres de esa época tuvieran sólo ojos para los hechos que parecían, en efecto, presentar la vida como un fenómeno de utilidad y adaptación. Pero tanto la nueva biología como las recientes investigaciones históricas invalidan el usado mito y proponen una idea distinta de la vida, en que ésta nos aparece con más grácil gesto. Según ella, todos los actos utilitarios y adaptativos, todo lo que es reacción a premiosas necesidades, son vida secundaria (…) Así, pues, podemos distribuir los fenómenos orgánicos —animales y humanos— en dos grandes formas de actividad: una actividad originaria, creadora, vital por excelencia —que es espontánea y desinteresada; otra actividad en que se aprovecha y mecaniza aquella y que es de carácter utilitario. La utilidad no crea, no inventa, simplemente aprovecha y estabiliza lo que sin ella fue creado” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “El origen deportivo del Estado”, en “El Espectador”, Vol. VII, Obras Completas, Tº 2, pp. 608-609.


lunes, 30 de diciembre de 2019

La razón es una necesidad vital-MIS LECTURAS DE ORTEGA Y GASSET


    La realidad es algo fuera de nuestro alcance. Ante nosotros se presenta no como si de antemano supiéramos qué hacer, cómo manejarnos con ella, sino que se nos aparece como problema. Y en buscar la manera de ir resolviendo ese problema que nos supone la realidad consiste la vida. “Vida es lucha con las cosas para sostenerse entre ellas”. A ese combate con las cosas vamos ante todo pertrechados con nuestra mente. Para tratar de comprender lo que son esas cosas disponemos de la razón y de los instrumentos a través de los cuales se desenvuelve, los conceptos. Pero los conceptos no se forman como estricto reflejo de la realidad, sino que son algo que emitimos nosotros, un intento por nuestra parte de responder al problema y a la dificultad de movernos entre las cosas.

     Si se escruta bien la entraña de cualquier concepto se comprueba que no nos dice nada de la cosa misma, sino que alude solo a lo que el hombre puede hacer o padecer con ella. Lo que vemos de las cosas, lo que llegamos a entender de ellas depende de alguna clase de papel que llegan a cumplir en nuestra vida. El contenido del concepto, de la razón, es siempre vital, referido a nuestra vida, a eso que podemos hacer o padecer con las cosas.

     Un concepto –abramos algo más el abanico de esta reflexión– es, por exceso o por defecto, una exageración, una manera de redondear lo que en la realidad no llega a ser tan rotundo como los conceptos expresan, sino que a todos ellos debe ir adherida la consideración de un “más o menos”. ¿Qué son en sí mismos la luz, la oscuridad, el mundo…? No lo sabemos; solo llegamos a relacionarnos con aquella parte de las cosas que, igual que la gama de colores que percibimos es solo la que se acomoda a nuestro limitado sistema sensorial, entra dentro del marco de nuestra vida.  Por otro lado, los conceptos se construyen no ateniéndose estrictamente a las cosas concretas, sino haciendo referencia a modos de ser ideales (exagerados) hacia los que apuntan esas cosas concretas. Una silla es algo que más o menos se corresponde con la idea de silla que tenemos guardada en nuestra mente; una acción justa es algo que más o menos encaja con nuestra representación de lo que es la justicia ideal. La realidad en su conjunto, tomada desde la perspectiva de los conceptos o ideales hacia los que es referida, es algo así como un estado provisional, un momento de descanso en el tránsito hacia ese ideal.

Escher: Reptiles - "La forma es un movimiento detenido"

     Es lo que venía a decir Ortega cuando afirmaba que “la forma es un movimiento detenido”. Es decir, que lo que ha llegado a ser es una interrupción en su camino hacia algo más. También E. M. Cioran: “El universo es una pausa del espíritu”. Incluso Unamuno gravitaba alrededor de esta misma idea cuando decía: “El espíritu dice: ¡quiero ser! Y la materia le responde: ¡no lo quiero!”. El espíritu es precisamente la parte de nosotros que nos mueve es pos del ideal, un ideal que siempre está más allá que la concreta realidad, que la materia que nos sirve de punto de partida. La vida es lo que invertimos en el esfuerzo de ir en pos de los ideales. Nuestra tendencia a exagerar, a redondear nuestra percepción de las cosas construyendo conceptos a los que referirlas es la misma tendencia que nos impide conformarnos con lo que materialmente son las cosas, y nos empuja a emplear la vida en empresas que estén al servicio de los ideales. Por eso dice Ortega: “La vida humana, por su naturaleza propia, tiene que estar puesta a algo, a una empresa gloriosa o humilde, a un destino ilustre o trivial. Se trata de una condición extraña, pero inexorable, inscrita en nuestra existencia”.

     Si faltara ahí afuera esa tarea a la que interiormente nos vemos compelidos, la vida se quedaría vacía, pues precisamente consiste en ese quehacer que nos saca de nuestra realidad inmediata –la que solo necesita de nuestra inercia, que es lo que en nosotros representa a la muerte–, que nos empuja fuera de lo que ya somos, en pos del ideal. “Vivir es ir disparado hacia algo, es caminar hacia una meta. La meta no es mi caminar, no es mi vida; es algo a que pongo ésta y que por lo mismo está fuera de ella, más allá”.