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martes, 2 de enero de 2024

NO ESTAMOS A LA ALTURA DE LOS TIEMPOS

 

“La civilización, cuanto más avanza, se hace más compleja y más difícil. Los problemas que hoy plantea son archiintrincados. Cada vez es menor el número de personas cuya mente está a la altura de esos problemas (…) No es que falten medios para la solución. Faltan cabezas (…) Este desequilibrio entre la sutileza complicada de los problemas y la de las mentes será cada vez mayor si no se pone remedio y constituye la  más elemental tragedia de la civilización (…) Ahora es el hombre quien fracasa por no poder seguir emparejado con el progreso de su misma civilización (…) Civilización avanzada es una y misma cosa con problemas arduos. De aquí que cuanto mayor sea el progreso, más en peligro está. La vida es cada vez mejor; pero, bien entendido, cada vez más complicada. Claro es que al complicarse los problemas se van perfeccionando también los medios para resolverlos. Pero es menester que cada nueva generación se haga dueña de esos medios adelantados (y eso es lo que está faltando)” (Ortega y Gasset[1])



[1] Ortega y Gasset: “La rebelión de las masas”, O. C. Tº 4, pp. 202-203.

sábado, 30 de septiembre de 2023

LA CIENCIA NO (SÓLO) CONSISTE EN LA OBSERVACIÓN DE HECHOS

 

“La ciencia es, en efecto, interpretación de los hechos. Por sí mismos no nos dan la realidad, al contrario, la ocultan, esto es, nos plantean el problema de la realidad” (Ortega y Gasset[1]).

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“Los hechos no son nunca ciencia, sino empiria. La ciencia es teoría, y ésta consiste precisamente en una famosa guerra contra los hechos, en un esfuerzo para lograr que los hechos dejen de ser simples hechos, encerrados cada uno dentro de sí mismo, aislado de los demás, abrupto. El hecho es lo irracional, lo ininteligible. La mente siente una extraña angustia y como asfixia ante el mero hecho que la obliga a reaccionar movilizando sus funciones conectivas” (Ortega y Gasset[2]).

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“La realidad no es dato, algo dado, regalado –sino que es construcción que el hombre hace con el material dado” (Ortega y Gasset[3]).



[1] Ortega y Gasset: “En torno a Galileo”. Obras Completas, Tomo 5, Alianza, Madrid, 1983, p. 15

[2] Ortega y Gasset: “Prólogo a la “Introducción a las Ciencias del Espíritu” por Wilhelm Dilthey”, O. C. Tº 7, p. 67.

[3] Ortega y Gasset: “En torno a Galileo”. Obras Completas, Tomo 5, Alianza, Madrid, 1983, p. 16

sábado, 18 de febrero de 2023

LA DIFERENCIA ENTRE EL NECIO Y EL INTELIGENTE

 

“El inteligente no está nunca seguro de serlo, ni de poder contar con esa inteligencia que impropiamente se dice suya (…) La idea feliz aparece de súbito en la cavidad de nuestra mente, como el pájaro despavorido se entra en primavera por nuestra ventana. Por eso, el hombre inteligente, lejos de sentir seguridad en sus ocurrencias, se ve siempre rodeado por la amenaza innumerable de las asneiras o tonterías que se le pueden ocurrir, y esto –precisamente esto– el sentirse en perpetuo peligro de ser estúpido es lo inteligente en el inteligente, lo que le hace vivir en ese incesante y agudo alerta que le permite evitar las necedades, sortearlas, de suerte que avanza entre las probables asneiras, como el ciclista de circo corre en su bicicleta sorteando las garrafas para evitar derribarlas. El parvo o necio, en cambio, es el hombre seguro de sí, que no prevé su eventual estolidez y por lo mismo se sumerge a fondo y sin reservas en el océano de las necedades. Lo cual llevaba a Anatolio France a decir, con no escasa motivación, que él temía mucho más al necio que al malvado, porque el malvado, al fin y al cabo, algunas veces descansa, el necio jamás” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C. Tº 12, p. 243.

miércoles, 6 de julio de 2022

LOS CONCEPTOS SON MODOS DE REDONDEAR LAS COSAS PERCIBIDAS REFIRIÉNDOLAS A SUS FORMAS PERFECTAS DE SER

 

Leonardo da Vinci: "El hombre de Vitruvio"

   “La misión del pensamiento es construir ejemplaridades; quiero decir, destacar entre las figuras infinitas que la realidad presenta aquellas en que, por su mayor pureza, esa realidad se hace más patente. Una vez entendida en su caso ejemplar, la realidad se esclarece también en sus formas turbias, confusas y deficientes, que son las de mayor frecuencia (…) En el orden humano al menos, lo depravado, lo torpe y lo trivial son parásitos tenaces de la perfección. No se le dé vueltas: el médico dañino vive gracias al egregio, y si hay tantos malos escritores es porque ha habido algunos buenos” (Ortega y Gasset[1]).

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     “Pensar es, quiérase o no, exagerar. Quien prefiera no exagerar tiene que callarse; más aún: tiene que paralizar su intelecto y ver la manera de idiotizarse” (Ortega y Gasset[2]).

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POR ESO, ENREDARSE EN LAS VULGARIDADES ES SEÑAL DE UN PENSAMIENTO PEREZOSO O DEPRIMIDO.

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“Cuando hemos llegado hasta los barrios bajos del pesimismo  y no hallamos nada en el universo que nos parezca una afirmación capaz de salvarnos, se vuelven los ojos hacia las menudas cosas del vivir cotidiano” (Ortega y Gasset[3]).



[1] Ortega y Gasset: “Prólogo a ‘Veinte años de caza mayor’, del conde  de Yebes”, O. C. Tº 6, Madrid, Alianza, 1983, p. 462.

[2] Ortega y Gasset: “La rebelión de las masas”, O. C. Tº 4, p. 236.

[3] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C., Tº 1º, pág. 323.

jueves, 17 de marzo de 2022

CÓMO FUNCIONA LA INTELIGENCIA

 


“El inteligente no está nunca seguro de serlo, ni de poder contar con esa inteligencia que impropiamente se dice suya (…) La idea feliz aparece de súbito en la claridad de nuestra mente, como el pájaro despavorido se entra en primavera por nuestra ventana. Por eso el hombre inteligente, lejos de sentir seguridad en sus ocurrencias se ve siempre rodeado por la amenaza innumerable de las asneiras o tonterías que se le pueden ocurrir, y esto –precisamente esto– el sentirse en perpetuo peligro de ser estúpido es lo inteligente en el inteligente, lo que le hace vivir en ese incesante y agudo alerta que le permite evitar las necedades, sortearlas, de suerte que avanza entre las probables asneiras, como el ciclista de circo corre en su bicicleta sorteando garrafas para evitar derribarlas. El parvo o necio, en cambio es el hombre seguro de sí, que no prevé su eventual estolidez y por lo mismo se sumerge a fondo y sin reservas en el océano de las necedades (…) (En el) intelectual (…) su inteligencia (…) no es suya, es un suceso incontrolable, de que no se siente autor ni responsable, algo que él ni tiene ni por sí hace, sino que en él acontece y en él pasa, como le pasa a la pobre tierra dar en el estío el oro cereal de sus cosechas, como en el vientre de la nube negra figura de pronto el rayo” (Ortega y Gasset[1]).


[1] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C. Tº 12, pp. 243-244.