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lunes, 20 de marzo de 2023

POR QUÉ EXISTEN LA FILOSOFÍA Y LA POESÍA (El aullido como predecesor del pensamiento)

 

“La fuerza de la filosofía, a diferencia de los otros conocimientos, por ejemplo, las ciencias particulares, no está en el acierto de sus soluciones, sino en la inevitabilidad de sus problemas” (Ortega y Gasset[1]).
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 “La filosofía no es un juego dialéctico, sino una manera de saber a qué atenerse. ¿Sobre qué? Sobre lo que necesitamos para vivir. (De ahí el aburrimiento y desinterés frente a gran parte de lo que hacen hoy los profesionales de la filosofía.)” (Julián Marías[2]).
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                                “Yo no soy el filósofo.
                  El filósofo dice: Pienso... luego existo.
   Yo digo: Lloro, grito, aúllo, blasfemo... luego existo.
Creo que la Filosofía arranca del primer juicio. La Poesía, del primer lamento. No sé cuál fue la palabra primera que dijo el primer filósofo del mundo. Lo que dijo el primer poeta fue: ¡Ay!
                                              ¡Ay!
         Éste es el verso más antiguo que conocemos.”
                                                                       (León Felipe[3])



[1] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C. Tº 12, p. 320.

[2] Julián Marías: “Antropología filosófica”, Obras X, Madrid, Revista de Occidente, 1982, p. 18.

[3] León Felipe: “Obras Completas”, Buenos Aires, Losada, 1963, p. 257.

jueves, 5 de enero de 2023

PARA CONVENCER HAY QUE SEDUCIR

 

Antoine Watteau: La gama del amor



“La claridad es la cortesía del filósofo, y, además, esta disciplina nuestra pone su honor hoy más que nunca en estar abierta y porosa a todas las mentes (…) Pienso que el filósofo tiene que extremar para sí propio el rigor metódico cuando investiga y persigue sus verdades, pero que al emitirlas y enunciarlas debe huir del cínico uso con que algunos hombres de ciencia se complacen, como Hércules de feria, en ostentar ante el público los bíceps de su tecnicismo” (Ortega y Gasset[1]).

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“Nunca, jamás, ha venido nada creador, importante y nuevo a la Filosofía en un libro o discurso que tenga el estilo del Manual, Vademecum o de una lección soporífera dada a colegiales” (Ortega y Gasset[2]).

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“He aquí (…) para qué están ahí los intelectuales, qué es lo que han venido a hacer sobre la tierra: oponerse y seducir” (Ortega y Gasset[3]).



[1] Ortega y Gasset: “¿Qué es filosofía”, O. C. Tº 7, Madridd, Alianza, 1983, p. 280.

[2] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C. Tº 12, p. 275, nota.

[3] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C. Tº 12, p. 272.

lunes, 22 de noviembre de 2021

¿LA REALIDAD ES NEUTRAL? ¿QUÉ DIFERENCIA LA REALIDAD SEGÚN LA VE UN ESQUIZOFRÉNICO DE LA QUE VE UNA PERSONA “NORMAL”?

 


   Aparentemente la realidad debería de ser neutral (objetiva): Kant, por ejemplo, llama “noúmeno” a la realidad en sí, la que es independiente del sujeto que la observa y, por tanto, neutra respecto de cualquiera que la observe. Dice también que esa realidad en sí no nos es accesible, que lo que llegamos a ver de ella es lo que llama “fenómeno”, que es el “noúmeno” una vez filtrado por nuestras categorías, por nuestra capacidad de ordenar eso que, desprovisto de esas categorías nos aparecería como un “caos de sensaciones”. Por tanto, el “fenómeno” sería una producción del sujeto, un añadido “irreal” al “noúmeno”, a la realidad en sí.

     Ortega, sin embargo, vino a trastocar (a superar) esa visión kantiana, y elevó a la consideración de realidad también a eso que aportaba el sujeto, el punto de vista desde el que cada sujeto percibía esa supuesta “realidad en sí”. Cada sujeto percibía una parte de la realidad… pero esa parte era real, de manera que la realidad total, la realidad completa estaría hecha por la conjunción de todos los puntos de vista posibles… lo cual solo estaría al alcance, supuestamente, de Dios. La realidad, por tanto, se nos aparece a cada cual según sea nuestro punto de vista, y en ese punto de vista van incluidos no solo las categorías de las que hablaba Kant (relación causal, temporalidad, sustancia, calidad, cantidad…) sino también nuestro aprendizaje previo, nuestras emociones, nuestro proyecto de vida. “La” realidad, por tanto, solo me es accesible como “mi” realidad, la realidad que a mí me rodea, es decir, mi circunstancia. En suma: mi circunstancia es “mi-circunstancia-y-yo”.

     El problema entonces es cómo diferenciar la realidad tal y como la percibe una persona digamos que normal de aquella que percibe, por ejemplo, un esquizofrénico (por acercarnos al tema del vídeo de la publicación inmediatamente anterior), incluidos sus delirios y alucinaciones. ¿No deberíamos, a la luz de la filosofía de Ortega, considerar tan real la realidad de quien tiene una mente “sana” como la de quien padece esquizofrenia, que, al fin y al cabo, lo que hace es intentar conciliar los distintos aspectos de la realidad según se van incorporando a su perspectiva? ¿No son, al fin y al cabo, distintos puntos de vista sobre “la” realidad, tan dignos de consideración el uno como el otro? En suma, ¿qué es verdad y qué no lo es?

     ¡Complejísimo tema! Pero a fin de cuentas va a resultar que esos diferentes puntos de vista sobre la realidad sí admiten jerarquías: unos empujan la vida hacia delante más que otros. Nietzsche llamaba a esa cualidad diferenciadora “voluntad de poder”. Desde luego, no hablaba de poder político o facultad de imponer nuestra voluntad a otros, sino, en lo sustancial, de eso que he llamado “empujar la vida”. Un esquizofrénico, en resumidas cuentas, es alguien que dejó interrumpida su vida en perspectivas que agarrotan la marcha de la vida. En el extremo, desde su perspectiva, solo se vería el “caos de sensaciones” de que hablaba Kant. Ortega llama a esa cualidad diferenciadora entre perspectivas, por ejemplo, “sensibilidad para el más allá”, la cual supone dos cosas: “una, fe en la vida al esperar que la porción ignorada de ella es mayor y mejor que la ya sabida; otra, fuerza creciente en la persona, porque el horizonte no se amplía nunca o casi nunca por sí mismo, sino que lo ensanchamos empujándolo con los codos de nuestra alma, que para ello necesita dilatarse, rebosar hoy su volumen de ayer”[1]. El punto de vista jerárquicamente superior sería el que, según esta manera de decirlo, muestra, pues, mayor “sensibilidad para el más allá”

    En fin, no compliquemos más este ya de por sí complicadísimo asunto. Admitamos, simplemente, que cuando decimos que al esquizofrénico le falta “sentido de la realidad” estaríamos “realmente” (¿?) diciendo algo tan intangible como que le falta “sensibilidad para el más allá”.



[1] Ortega y Gasset: “El Espectador”, Vol. VIII, O. C., Tº 2,  pág. 741.

sábado, 8 de mayo de 2021

COMENTARIO A LA ANTERIOR PUBLICACIÓN SOBRE LA POSIBLE APARICIÓN DEL DESÁNIMO

    Tal vez proceda contrarrestar un poco la deriva pesimista que pudieran provocar las citas anteriores, que a alguno le podría parecer que, hasta cierto punto al menos, vienen a justificar el desánimo.

    Es constatable, en este sentido, que estamos hechos a partir de dos componentes, paradójicos y contradictorios, como de costumbre: ilusión y desánimo, vitalidad y cansancio, ascenso y declive. Nuestro espíritu ―debiera decirse que el universo― es esencialmente ciclotímico. Pero lo cierto es que no hay simetría entre esas dos potencias, no están ellas destinadas a empatar: el universo, al final, se expande, no retrocede, sube más de lo que baja, crea más de lo que destruye. O como dice María Zambrano: “El amanecer es de mayor monta que la muerte en la historia humana, el amanecer de la condición humana que se anuncia una y otra vez y vuelve a aparecer tras de toda derrota”[1]. El que se estanca en el momento declinante del ciclo interrumpe ese devenir hacia la siguiente etapa. Un devenir que empezamos en la Nada y que debiera de acabar en el Todo, y del que, a trancas y barrancas, claro, llevamos recorrido ya un buen trecho. Así que, para concluir, podríamos recurrir a la ya conocida por estos lares sentencia de María Zambrano: “Vivir, al menos humanamente, es transitar, estarse yendo hacia… siempre más allá”(2).



[2] María Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, p. 62.

domingo, 11 de abril de 2021

Y EN CASO DE QUE DIOS EXISTA, ¿QUIÉN ES?


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     “Abuso de la palabra Dios, la utilizo con frecuencia, con demasiada frecuencia. Lo hago cada vez que alcanzo un extremo y necesito un vocablo para nombrar lo que hay después. Prefiero Dios a lo inconcebible” (E. M. Cioran[1]).

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     “«Dios» no es un mito, sino que el mito es la manifestación de una vida divina en el hombre. No le damos sentido nosotros, sino que es él quien nos habla como «palabra de Dios». La «palabra de Dios» viene a nosotros (…) se nos aparece espontáneamente y nos obliga. Escapa a nuestra arbitrariedad. No se puede explicar una «inspiración»” (Carl Gustav Jung[2]).

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     “Si mi conciencia me desequilibra es que no estoy en concordancia con algo. Pero ¿qué es ello? ¿Es el mundo? Por supuesto que es correcto decir: la conciencia es la voz de Dios” (Ludwig Wittgenstein[3]).

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     “Dios ha muerto. Firmado: Nietzsche” “Nietzsche ha muerto. Firmado: Dios” (Graffiti anónimo).

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     “Yo creo que el alma europea se halla próxima a una nueva experiencia de Dios, a nuevas averiguaciones sobre esa realidad, la más importante de todas” (Ortega y Gasset[4]).



(0) PORTADA: 0A: Carl Gustav Jung: “Los complejos y el inconsciente” , Madrid, Alianza, 1970, p. 307.

                            0B-Ludwig Wittgenstein: “Diario filosófico (1914-1916)”, Barcelona, Planeta-De Agostini, 1986, 11/6/16, p. 126.

[1] E. M. Cioran: “Ese maldito yo”, Barcelona, Tusquets, 1988, p. 31.

[2] Carl Gustav Jung: “Recuerdos, sueños, pensamientos”, Barcelona, Seix Barral, 1981, p. 398

[3] Ludwig Wittgenstein: “Diario filosófico (1914-1916)”, Barcelona, Planeta-De Agostini, 1986, 8/7/16, p. 129.

[4] Ortega y Gasset: “Defensa del teólogo frente al místico”, O. C. Tº 5, pp. 456-457.

miércoles, 7 de abril de 2021

LA INDISOLUBLE UNIDAD QUE FORMAN EL CERO Y EL INFINITO


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“Del infinito sueño que es la nada” (Ortega y Gasset[1]).

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     Georges Ifrah dice en su “Historia Universal de las Cifras” que el descubrimiento del cero “constituye el último grado de abstracción”[1], y también, “el concepto más delicado de la historia”[2]. Aún más, refiriéndose a su descubrimiento por los hindúes, dice que fue un acontecimiento “capital, confiriendo al pensamiento humano un potencial de alcance extraordinario. Puede decirse incluso que ninguna otra creación humana ha ejercido tal influencia sobre el desarrollo de la inteligencia”[3]. Fuera de Mesopotamia, la civilización maya y la India (de ésta lo heredamos en Occidente, a través de los árabes y hebreos, en el siglo XII), ninguna otra cultura de la historia ha llegado por sí misma a la idea del cero, si bien aquellas no llegaron a convertirlo en algo aritméticamente operativo: no alcanzó a ser un número, solo un espacio vacío a la espera de ser llenado, precisamente, por un número. Lo cual acaba sirviendo como analogía para la función propulsora que el vacío tiene en Occidente, como, por ejemplo, queda de manifiesto en este enunciado de María Zambrano: “El hombre podría definirse –una de tantas posibles definiciones– como el ser que alberga dentro de sí un vacío (…) un vacío que ha de llenarse”[4]. Si miramos desde esta perspectiva, por tanto, el Ser y la Nada se sostienen mutuamente a través de su perpetua confrontación. Según Lao Tsé, precisamente, “el ser y el no-ser se engendran mutuamente”[5]. El cero es la Nada, y también el soporte sobre el que todo se levanta y sostiene. Antes de que las cosas empiecen a surgir unas de otras, todas ellas han venido de la Nada, y adquieren su entidad en contraste con ella. “Lo que ahora hay era nada antes de ser creado, y de la nada de hoy pueden salir nuevos seres”, dice también María Zambrano[6]. Nietzsche enuncia esta idea en clave algorítmica: “¿Cómo?, ¿andas buscando?, ¿te gustaría decuplicarte, centuplicarte?, ¿andas buscando adeptos? –¡Busca ceros!”[7]. Georges Ifrah abunda en la misma idea[8] al reflexionar a propósito de los diversos significados de la cantidad cero a través de otros significados correlativos del término “vacío”, confluyentes todos ellos con la determinación de que, en el mismo lugar del vacío, algo es, aunque lo sea en forma latente: así, cuando un puesto de la administración está vacante, se está aludiendo a una potencialidad que recubre y da sentido a aquel vacío; este apunta hacia la plenitud aún inexistente. “Estar vacío es llenarse”: es la manera en que Lao Tsé lee esta paradoja[9]. Es precisamente ese lugar del vacío del que hablamos el que, si no es habitado, al menos, por algún producto imaginario, se convierte en foco de enfermedad. El vacío es entonces el heraldo de la muerte.



(0) PORTADA: 01-Antonio Machado: “Proverbios y cantares”, en “Poesías Completas”, Madrid, Espasa-Calpe, 1981, p. 221.

                           02-Cioran: “De lágrimas y de santos”, Barcelona, Tusquets, 1994, p. 67.   

                           03-María Zambrano: “El hombre y lo divino”, México D. F., F. C. E. p. 128.

                           04-Ortega y Gasset: “El hombre y la gente”, O. C., Tº 7, pág. 145.

                           05-Johann W. Goethe: “Fausto”, Madrid, Unidad Editorial, 1999, Parte II, Acto I, p. 257.

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[1] Ortega y Gasset: “Idea del teatro”, O. C. Tº 7, p. 497.

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[1] Georges Ifrah: “Historia Universal de las Cifras”, Madrid, Espasa, 2002, p. 784

[2] Georges Ifrah: “Historia Universal de las Cifras”, Madrid, Espasa, 2002, p. 790.

[3] Georges Ifrah: “Historia Universal de las Cifras”, Madrid, Espasa, 2002, p. 1.026.

[4] María Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, p. 82.

[5] Lao Tsé: “Tao te king”, Barcelona, Ed. Olañeta, 2005, p. 10.

[6] María Zambrano: “Senderos”, Barcelona, Anthropos, 1986, p. 142.

[7] F. Nietzsche: “Crepúsculo de los ídolos”, Madrid, Alianza, 1980, p. 11

[8] Georges Ifrah: “Historia Universal de las Cifras”, Madrid, Espasa, 2002, pp. 1.019-1.020

[9] Lao Tsé: “Tao te king”, Barcelona, Ed. Olañeta, 2005, p. 35.



sábado, 3 de abril de 2021

EL ODIO: UNA PASIÓN MODERNA


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     “Los comunistas consideran indigno ocultar sus puntos de vista e intenciones. Declaran abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados mediante la subversión violenta de todo orden social preexistente” (Karl Marx y Federico Engels: párrafo final del “Manifiesto Comunista”1-A)

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     “La muerte de un enemigo de clase es el más alto acto de humanidad posible en una sociedad dividida en clases” (Lenin[1]).

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     “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal. Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad” (Ernesto Ché Guevara[2]).

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      “Todo el evangelio de Karl Marx puede resumirse en una sola frase: Odia al hombre que está mejor que tú. Nunca, bajo ninguna circunstancia, admitas que su éxito puede deberse a sus propios esfuerzos, a la contribución productiva que ha hecho a toda la comunidad. Atribuye siempre su éxito a la explotación, a los engaños, a los robos más o menos abiertos de los demás. Nunca, bajo ninguna circunstancia, admitas que tu propio fracaso puede deberse a tu propia debilidad, o que el fracaso de otra persona puede deberse a sus propios defectos: su pereza, incompetencia, imprevisión o estupidez. Nunca creas en la honestidad o desinterés de alguien que no esté de acuerdo contigo.

     Este odio básico es el corazón del marxismo. Esta es su fuerza animadora.” (Henry Hazlitt (1894-1993), filósofo, economista y periodista estadounidense[3])

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      “Acaso la gente busque una alteridad radical, y la mejor forma de lograrla sea el odio, forma desesperada de producción de lo otro (…) La identidad hoy se encuentra en el rechazo” (Jean Baudrillard[4]).

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     “La inconexión es el aniquilamiento. El odio que fabrica inconexión, que aísla y desliga, atomiza el orbe y pulveriza la individualidad” (Ortega y Gasset[5]).

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     “Nos limitamos los unos a los otros; nos distinguimos, nos diferenciamos, y, como advierte Stendhal, diferencia engendra odio; somos progenie del odio y de la enemistad. Homines ex natura hostes (Los hombres son enemigos por naturaleza). De aquí que la labor filosófica por excelencia sea buscar tras esas crueles diferencias y limitaciones una sustancia colectiva, homogénea e idéntica. El magno deber del sabio, historiador o moralista, es intentar la reconstrucción de la unidad fundamental, es ir adobando, tras de la variedad de los hombres, la unidad humana” (Ortega y Gasset[6]).

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0-PORTADA: Ignacio Echevarría: “El odio, una pasión moderna”, en la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 85.

(1-A)-Karl Marx, Federico Engels: "El Manifiesto Comunista", Madrid, Aliaza, 2011.

[1] Citado por Carlos Alberto Montaner: https://bit.ly/31MLL89

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Guerrilla_de_%C3%91ancahuaz%C3%BA

[3] MISES INSTITUTE: https://bit.ly/31HllVb

[4] Jean Baudrillard citado por Ignacio Echevarría en “El odio: una pasión moderna”, de la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 96.

[5] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1, p. 313.

[6] Ortega y Gasset: “Personas, obras cosas”, O. C. Tº 1, p. 455.

jueves, 1 de abril de 2021

EL EXCEDENTE DE DESASOSIEGO QUE PRODUCE LA AUSENCIA DEL PADRE


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     “Todo tigre es un primer tigre; tiene que empezar desde el principio su profesión de tigre. Pero el hombre de hoy no empieza a ser hombre, sino que hereda ya las formas de existencia, las ideas, las experiencias vitales de sus antecesores, y parte, pues, del nivel que representa el pretérito humano acumulado bajo sus plantas. Ante un problema cualquiera, el hombre no se encuentra sólo con su personal reacción, con lo que buenamente a él se le ocurre, sino con todas o muchas de las reacciones, ideas, invenciones que los antepasados tuvieron. Por eso su vida está hecha con la acumulación de otras vidas; por eso su vida es sustancialmente progreso” (Ortega y Gasset(2)).

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     (Recordemos: el psicoanálisis de Freud establece como principal encrucijada de nuestro desarrollo psicológico el complejo de Edipo, según el cual, el padre es ese odioso ser que aparece para impedirnos la deseable unión simbiótica ─incestuosa, dice, en realidad, Freud─ con la madre)

     “El ‘freudismo’ al deshacer la idea del padre y, más que la idea, la trascendencia de la paternidad, no hace sino completar la obra de todas las demás teorías que han ido cortando los hilos que mantenían al hombre enlazado con sus principios, supeditado a sus orígenes. No ha hecho sino perfilar la destrucción del hombre como hijo. Y vivir como hijo es algo específicamente humano, únicamente el hombre se siente vivir desde sus orígenes y se vuelve hacia ellos, reverenciándolos. Y al ser así, ¿no será de temer que al dejar de ser hijos dejemos también de ser hombres?” (María Zambrano[3]).

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     “Esta radical confianza con que mira a la vida quien ha tenido de veras padre, es el estrato más hondo de un ánimo pacífico. Guerra y paz no están sostenidas por el Derecho Internacional” (María Zambrano[4]).

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     Existen casos de resiliencia de personas cuyo padre estuvo ausente de su vida y, sin embargo, se sobreponen con éxito a tal circunstancia. No fue lo que ocurrió con Jean-Paul Sartre, claro ejemplo negativo de lo que dice María Zambrano. Su padre murió cuando él tenía un año. Veamos alguna de sus propias manifestaciones al respecto, realizadas en su obra autobiográfica “Las palabras”:

      “Detesto mi infancia y todo lo que de ella sobrevive” (Jean-Paul Sartre[5])

     “No existe el buen padre, es la regla: no cabe reprochárselo a los hombres, sino al lazo de paternidad, que está podrido. Hacer hijos está muy bien, ¡pero qué iniquidad es tenerlos! Si hubiera vivido, mi padre se habría echado encima de mí con todo su peso y me habría aplastado (…) suscribo gustosamente el veredicto de un eminente psicoanalista: no tengo superyó (…) Nadie en mi familia supo infundirme curiosidad por ese hombre (…) Lo que sé de él nunca ha tenido relación conmigo” (Jean-Paul Sartre[6]). Más adelante sigue diciendo este personaje: “Yo no era consistente ni permanente; yo no era el continuador futuro de la obra paterna (…) en una palabra, no tenía alma” (Jean-Paul Sartre[7]).

     Algunos efectos de su distorsionada infancia sobre su mente parece que pueden deducirse de esto que también dice en su autobiografía que le ocurrió a los nueve años: “Creí tener (dentro de mí) dos voces, una de las cuales —que apenas me pertenecía y no dependía de mi voluntad— dictaba a la otra lo que tenía que decir; decidí que yo era doble. Estas ligeras confusiones persistieron hasta el verano; me agotaban, me irritaban y llegaron a asustarme. «En mi cabeza hay alguien que habla», dije a mi madre, que, por suerte, no se preocupó” (Jean-Paul Sartre[8]).

     Vargas Llosa, apasionado lector de Sartre en su juventud, dice de él: “Sartre es muy sincero y poco le falta para reconocer que, en su caso, la revolución no tiene otro objetivo primordial que borrar de la tierra a esa clase social privilegiada, dueña del capital y del espíritu, en la que nació y contra la que alienta una fobia patológica”[9]. Coincide en esta opinión Vargas Losa con la del estudioso de la vida de Sartre, Ben-Ami Scharfstein, que dice de él: “Su enojo por la ausencia de un padre (…) se (ha) convertido en su denuncia de la sociedad burguesa, para terminar con la cual ha estado de acuerdo en hacer uso de la violencia que formaba parte de sus fantasías infantiles de gobernar el mundo. Como cuando niño, sigue anhelando ser el héroe de una gloriosa aventura que una a aquellos que, como él, han vivido en soledad. Sigue necesitando producir efectos en el mundo real a fin de sentirse a sí mismo real, y purgar la culpa y la falsedad del niño irreal al que no se quiere lo suficiente”[10].

     La actitud de Sartre ante la vida se puede deducir de esta afirmación de Antoine Roquentin, el protagonista de su novela más famosa, “La náusea”: “Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad”[11].



[1] PORTADA: María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011, p. 122

[2] Ortega y Gasset: “Misión del bibliotecario”, O. C. Tº 5, p. 222.

[3] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011, p. 123.

[4] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011 p. 120.

[6] Jean-Paul Sartre: “Las palabras”, Madrid, Alianza-Losada, pp. 15-16.

[8] Jean-Paul Sartre: “Las palabras”, Madrid, Alianza-Losada, p. 146.

[9] https://elpais.com/elpais/2012/12/27/opinion/1356603311_895050.html

[10] Ben-Ami Scharfstein: “Los filósofos y sus vidas”, Madrid, Cátedra, 1984, p. 360.

[11] Jean-Paul Sartre: “La náusea”, Barcelona, Seix Barral, 1983, p. 170.

martes, 30 de marzo de 2021

CÓMO SE FORJÓ EL DESCRÉDITO DE LA REALIDAD


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     “La modernidad nunca es ella misma: siempre es otra. Lo moderno no se caracteriza únicamente por su novedad, sino por su heterogeneidad. (…) La antigua tradición era siempre la misma, la moderna es siempre distinta. (…) Ni lo moderno es la continuidad del pasado en el presente ni el hoy es el hijo del ayer: son su ruptura, su negación (…) (A los modernos) no nos rige el principio de identidad (…) sino la alteridad y la contradicción” (Octavio Paz[1]).

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     “El hombre moderno vive asomado al mañana para ver llegar la novedad” (Ortega y Gasset[2]).

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     “Este tipo de vida para el que vivir es insistir en lo recibido, es el tradicionalismo. Pero he aquí que en el Renacimiento, de pronto, vira sobre sí mismo el corazón europeo, y se invierte la actitud de los espíritus. Todas esas tradiciones, todo eso recibido empieza a aparecer insuficiente, infundado, torpe, absurdo. Las gentes comienzan a sentir que la vida solo tiene valor si lucha contra todo eso, si se libera de todo eso. Llevamos sobre todo tres siglos durante los cuales para las gentes vivir era libertarse de algo, de alguna tradición. Por tanto, llevamos tres siglos (…) de combate contra lo constituido como tal, contra la autoridad política, contra el dogma religioso, contra el escolasticismo científico, contra la norma poética (…) (Se ha impuesto un) sentido de la vida como un esfuerzo negador (…) En 1870 comienza, con el impresionismo, la gran rebelión contra las Bastillas pictóricas, contra los Museos y su tradición. También los pintores van a abrir la serie de los programas subversivos. En fin, hasta (…) Los títulos de las nuevas ciencias del espacio ostentan a la intemperie su musculatura negativa: la geometría no-euclidina, no-arquimédica etcétera” (Ortega y Gasset[3]).

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     “La modernidad es una separación. Empleo la palabra en su acepción más inmediata: apartarse de algo, desunirse. La modernidad (…) es una ruptura continua, un incesante separarse de sí misma; (…) Como si se tratase de uno de esos suplicios imaginados por Dante (…), nos buscamos en la alteridad, en ella nos encontramos y luego de confundirnos con ese otro que inventamos, y que no es sino nuestro reflejo, nos apresuramos a separarnos de ese fantasma, lo dejamos atrás y corremos otra vez en busca de nosotros mismos, a la zaga de nuestra sombra. Continuo ir hacia allá, siempre allá —no sabemos dónde. Y llamamos a esto: progreso” (Octavio Paz[4]).

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     “Sólo por medio de su absoluta negatividad puede el arte expresar lo inexpresable, la utopía” (Theodor W. Adorno[5]). 

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 “En la actualidad ya no restan más que estas pasiones: odio, disgusto, alergia, aversión, decepción, náusea, repugnancia o repulsión. No se sabe lo que se quiere. Pero sí lo que no se quiere. El proceso de la actualidad es un proceso de rechazo, de desafecto, de alergia. El odio participa de ese paradigma de pasión reaccionaria: yo rechazo, yo no quiero, no entraré en el consenso” (Jean Baudrillard, analista de la posmodernidad[6]). 

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“Cuando alguien preguntaba a Baudelaire dónde prefería vivir, con un gesto de dandysmo displicente, que era, según es sabido, su religión, respondió: «¡En cualquier parte, en cualquier parte, con tal que sea fuera del mundo!»” (Ortega y Gasset(7)).

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Y SIN EMBARGO…

 “Somos herederos, continuadores siempre. Nada ha empezado con nosotros” (María Zambrano[8]).



(0) PORTADA: Octavio Paz: “Los hijos del limo”, paz-octavio-los-hijos-del-limo.pdf , p. 138.

[1] Octavio Paz: “Los hijos del limo”, paz-octavio-los-hijos-del-limo.pdf , p. 129.

[2] Ortega y Gasset: “Descreimiento, asfixia y rebelión”, O. C. Tº 5, p. 505.

[3] Ortega y Gasset: “En un banquete en su honor en ‘Pombo’”, O. C. Tº 6, p. 228.

[5] Theodor W. Adorno, citado por Ignacio Echevarría en “El odio: una pasión moderna”, de la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 94.

[6] Jean Baudrillard citado por Ignacio Echevarría en “El odio: una pasión moderna”, de la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 95.

[7] Ortega y Gasset: “Idea del teatro”, Anejo 1, “Máscaras”, O. C. Tº 7, pp. 468-469.

[8] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011 p.119.