La filosofía, la historia, la psicología, el arte, la antropología, la actualidad... de la mano, sobre todo, de Ortega y Gasset, el pensador más importante de todos los tiempos en lengua española
lunes, 20 de marzo de 2023
jueves, 5 de enero de 2023
PARA CONVENCER HAY QUE SEDUCIR
Antoine Watteau: La gama del amor
“La claridad es la cortesía del filósofo, y, además,
esta disciplina nuestra pone su honor hoy más que nunca en estar abierta y porosa
a todas las mentes (…) Pienso que el filósofo tiene que extremar para sí propio
el rigor metódico cuando investiga y persigue sus verdades, pero que al
emitirlas y enunciarlas debe huir del cínico uso con que algunos hombres de
ciencia se complacen, como Hércules de feria, en ostentar ante el público los
bíceps de su tecnicismo” (Ortega y Gasset[1]).
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“Nunca, jamás, ha venido nada creador, importante y
nuevo a la Filosofía en un libro o discurso que tenga el estilo del Manual,
Vademecum o de una lección soporífera dada a colegiales” (Ortega y Gasset[2]).
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“He aquí (…) para qué están ahí los intelectuales, qué
es lo que han venido a hacer sobre la tierra: oponerse y seducir” (Ortega y
Gasset[3]).
lunes, 22 de noviembre de 2021
¿LA REALIDAD ES NEUTRAL? ¿QUÉ DIFERENCIA LA REALIDAD SEGÚN LA VE UN ESQUIZOFRÉNICO DE LA QUE VE UNA PERSONA “NORMAL”?
Aparentemente la realidad debería de ser neutral (objetiva): Kant, por ejemplo, llama “noúmeno” a la realidad en sí, la que es independiente del sujeto que la observa y, por tanto, neutra respecto de cualquiera que la observe. Dice también que esa realidad en sí no nos es accesible, que lo que llegamos a ver de ella es lo que llama “fenómeno”, que es el “noúmeno” una vez filtrado por nuestras categorías, por nuestra capacidad de ordenar eso que, desprovisto de esas categorías nos aparecería como un “caos de sensaciones”. Por tanto, el “fenómeno” sería una producción del sujeto, un añadido “irreal” al “noúmeno”, a la realidad en sí.
Ortega, sin embargo, vino a trastocar (a superar) esa visión
kantiana, y elevó a la consideración de realidad también a eso que aportaba el
sujeto, el punto de vista desde el que cada sujeto percibía esa supuesta “realidad
en sí”. Cada sujeto percibía una parte de la realidad… pero esa parte era real,
de manera que la realidad total, la realidad completa estaría hecha por la
conjunción de todos los puntos de vista posibles… lo cual solo estaría al
alcance, supuestamente, de Dios. La realidad, por tanto, se nos aparece a cada
cual según sea nuestro punto de vista, y en ese punto de vista van incluidos no
solo las categorías de las que hablaba Kant (relación causal, temporalidad, sustancia,
calidad, cantidad…) sino también nuestro aprendizaje previo, nuestras
emociones, nuestro proyecto de vida. “La” realidad, por tanto, solo me es
accesible como “mi” realidad, la realidad que a mí me rodea, es decir, mi
circunstancia. En suma: mi circunstancia es “mi-circunstancia-y-yo”.
El problema entonces es cómo diferenciar la realidad tal y
como la percibe una persona digamos que normal de aquella que percibe, por
ejemplo, un esquizofrénico (por acercarnos al tema del vídeo de la publicación inmediatamente anterior),
incluidos sus delirios y alucinaciones. ¿No deberíamos, a la luz de la
filosofía de Ortega, considerar tan real la realidad de quien tiene una mente “sana”
como la de quien padece esquizofrenia, que, al fin y al cabo, lo que hace es
intentar conciliar los distintos aspectos de la realidad según se van incorporando
a su perspectiva? ¿No son, al fin y al cabo, distintos puntos de vista sobre “la”
realidad, tan dignos de consideración el uno como el otro? En suma, ¿qué es
verdad y qué no lo es?
¡Complejísimo tema! Pero a fin de cuentas va a resultar que
esos diferentes puntos de vista sobre la realidad sí admiten jerarquías: unos
empujan la vida hacia delante más que otros. Nietzsche llamaba a esa cualidad
diferenciadora “voluntad de poder”. Desde luego, no hablaba de poder político o
facultad de imponer nuestra voluntad a otros, sino, en lo sustancial, de eso
que he llamado “empujar la vida”. Un esquizofrénico, en resumidas cuentas, es alguien
que dejó interrumpida su vida en perspectivas que agarrotan la marcha de la
vida. En el extremo, desde su perspectiva, solo se vería el “caos de sensaciones” de que hablaba Kant. Ortega llama a esa cualidad diferenciadora
entre perspectivas, por ejemplo, “sensibilidad para el más allá”, la cual supone dos cosas: “una,
fe en la vida al esperar que la porción ignorada de ella es mayor y mejor que
la ya sabida; otra, fuerza creciente en la persona, porque el horizonte no se
amplía nunca o casi nunca por sí mismo, sino que lo ensanchamos empujándolo con
los codos de nuestra alma, que para ello necesita dilatarse, rebosar hoy su
volumen de ayer”[1].
El punto de vista jerárquicamente superior sería el que, según esta manera de
decirlo, muestra, pues, mayor “sensibilidad para el más allá”
En fin, no compliquemos más este ya de por sí complicadísimo
asunto. Admitamos, simplemente, que cuando decimos que al esquizofrénico le
falta “sentido de la realidad” estaríamos “realmente” (¿?) diciendo algo tan
intangible como que le falta “sensibilidad para el más allá”.
sábado, 8 de mayo de 2021
COMENTARIO A LA ANTERIOR PUBLICACIÓN SOBRE LA POSIBLE APARICIÓN DEL DESÁNIMO
Tal vez proceda contrarrestar un poco la deriva pesimista que pudieran provocar las citas anteriores, que a alguno le podría parecer que, hasta cierto punto al menos, vienen a justificar el desánimo.
Es constatable,
en este sentido, que estamos hechos a partir de dos componentes, paradójicos y
contradictorios, como de costumbre: ilusión y desánimo, vitalidad y cansancio, ascenso
y declive. Nuestro espíritu ―debiera decirse que el universo― es esencialmente
ciclotímico. Pero lo cierto es que no hay simetría entre esas dos potencias, no
están ellas destinadas a empatar: el universo, al final, se expande, no
retrocede, sube más de lo que baja, crea más de lo que destruye. O como dice
María Zambrano: “El amanecer es de mayor monta que la muerte
en la historia humana, el amanecer de la condición humana que se anuncia una y
otra vez y vuelve a aparecer tras de toda derrota”[1]. El que se
estanca en el momento declinante del ciclo interrumpe ese devenir hacia la
siguiente etapa. Un devenir que empezamos en la Nada y que debiera de acabar en
el Todo, y del que, a trancas y barrancas, claro, llevamos recorrido ya un buen
trecho. Así que, para concluir, podríamos recurrir a la ya conocida por estos
lares sentencia de María Zambrano: “Vivir, al menos humanamente, es
transitar, estarse yendo hacia… siempre más allá”(2).
domingo, 11 de abril de 2021
Y EN CASO DE QUE DIOS EXISTA, ¿QUIÉN ES?
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“Abuso de la palabra Dios, la utilizo con
frecuencia, con demasiada frecuencia. Lo hago cada vez que alcanzo un extremo y
necesito un vocablo para nombrar lo que hay después. Prefiero Dios a lo inconcebible” (E. M. Cioran[1]).
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“«Dios» no es un mito, sino que el mito es la
manifestación de una vida divina en el hombre. No le damos sentido nosotros,
sino que es él quien nos habla como «palabra de Dios». La «palabra de Dios»
viene a nosotros (…) se nos aparece espontáneamente y nos obliga. Escapa a
nuestra arbitrariedad. No se puede explicar una «inspiración»” (Carl Gustav Jung[2]).
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“Si mi conciencia me
desequilibra es que no estoy en concordancia con algo. Pero ¿qué es ello? ¿Es el mundo? Por supuesto que es
correcto decir: la conciencia es la voz de Dios” (Ludwig Wittgenstein[3]).
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“Dios ha muerto. Firmado: Nietzsche” “Nietzsche ha muerto. Firmado: Dios” (Graffiti anónimo).
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“Yo creo que el alma europea se halla
próxima a una nueva experiencia de Dios, a nuevas averiguaciones sobre esa
realidad, la más importante de todas” (Ortega y Gasset[4]).
(0) PORTADA: 0A: Carl Gustav Jung: “Los complejos y el inconsciente” , Madrid, Alianza, 1970, p. 307.
0B-Ludwig Wittgenstein: “Diario filosófico (1914-1916)”, Barcelona, Planeta-De Agostini, 1986, 11/6/16, p. 126.
[1] E.
M. Cioran: “Ese maldito yo”, Barcelona, Tusquets, 1988, p. 31.
[2] Carl
Gustav Jung: “Recuerdos, sueños, pensamientos”, Barcelona, Seix Barral, 1981,
p. 398
[3]
Ludwig Wittgenstein: “Diario filosófico (1914-1916)”, Barcelona, Planeta-De
Agostini, 1986, 8/7/16, p. 129.
[4] Ortega
y Gasset: “Defensa del teólogo frente al místico”, O. C. Tº 5, pp. 456-457.
miércoles, 7 de abril de 2021
LA INDISOLUBLE UNIDAD QUE FORMAN EL CERO Y EL INFINITO
“Del infinito sueño que es la nada” (Ortega y Gasset[1]).
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Georges Ifrah dice en su “Historia Universal de las Cifras”
que el descubrimiento del cero “constituye el último grado de abstracción”[1], y
también, “el concepto más delicado de la historia”[2].
Aún más, refiriéndose a su descubrimiento por los hindúes, dice que fue un
acontecimiento “capital, confiriendo al pensamiento humano un potencial de alcance
extraordinario. Puede decirse incluso que ninguna otra creación humana ha
ejercido tal influencia sobre el desarrollo de la inteligencia”[3].
Fuera de Mesopotamia, la civilización maya y la India (de ésta lo heredamos en
Occidente, a través de los árabes y hebreos, en el siglo XII), ninguna otra
cultura de la historia ha llegado por sí misma a la idea del cero, si bien
aquellas no llegaron a convertirlo en algo aritméticamente operativo: no
alcanzó a ser un número, solo un espacio vacío a la espera de ser llenado,
precisamente, por un número. Lo cual acaba sirviendo como analogía para la
función propulsora que el vacío tiene en Occidente, como, por ejemplo, queda de
manifiesto en este enunciado de María Zambrano: “El hombre podría definirse –una
de tantas posibles definiciones– como el ser que alberga dentro de sí un vacío
(…) un vacío que ha de llenarse”[4]. Si miramos desde esta perspectiva, por tanto, el
Ser y
(0) PORTADA: 01-Antonio Machado: “Proverbios y cantares”, en “Poesías Completas”, Madrid, Espasa-Calpe, 1981, p. 221.
02-Cioran: “De lágrimas y de santos”, Barcelona, Tusquets, 1994, p. 67.
03-María Zambrano: “El hombre y lo divino”, México D. F., F. C. E. p. 128.
04-Ortega y Gasset: “El hombre y la gente”, O. C., Tº 7, pág. 145.
05-Johann W. Goethe: “Fausto”, Madrid, Unidad Editorial, 1999, Parte II, Acto I, p. 257.
_________________
[1] Ortega y Gasset: “Idea del teatro”, O. C. Tº 7, p. 497.
[1]
Georges Ifrah: “Historia Universal de las Cifras”, Madrid, Espasa, 2002, p. 784
[2]
Georges Ifrah: “Historia Universal de las Cifras”, Madrid, Espasa, 2002, p.
790.
[3]
Georges Ifrah: “Historia Universal de las Cifras”, Madrid, Espasa, 2002, p.
1.026.
[4]
María Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, p. 82.
[5]
Lao Tsé: “Tao te king”, Barcelona, Ed. Olañeta, 2005, p. 10.
[6]
María Zambrano: “Senderos”, Barcelona, Anthropos, 1986, p. 142.
[7]
F. Nietzsche: “Crepúsculo de los ídolos”, Madrid, Alianza, 1980, p. 11
[8]
Georges Ifrah: “Historia Universal de las Cifras”, Madrid, Espasa, 2002, pp. 1.019-1.020
[9]
Lao Tsé: “Tao te king”, Barcelona, Ed. Olañeta, 2005, p. 35.
sábado, 3 de abril de 2021
EL ODIO: UNA PASIÓN MODERNA
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“Los
comunistas consideran indigno ocultar sus puntos de vista e intenciones.
Declaran abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados mediante la
subversión violenta de todo orden social preexistente” (Karl Marx y Federico Engels: párrafo final
del “Manifiesto Comunista”1-A)
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“La muerte de un enemigo de clase es el
más alto acto de humanidad posible en una sociedad dividida en clases” (Lenin[1]).
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“El odio como factor de lucha; el odio
intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser
humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de
matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede
triunfar sobre un enemigo brutal. Hay que llevar la guerra hasta donde el
enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que
impedirle tener un minuto de tranquilidad” (Ernesto Ché Guevara[2]).
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“Todo
el evangelio de Karl Marx puede resumirse en una sola frase: Odia al hombre que
está mejor que tú. Nunca, bajo ninguna circunstancia, admitas que su éxito
puede deberse a sus propios esfuerzos, a la contribución productiva que ha
hecho a toda la comunidad. Atribuye siempre su éxito a la explotación, a los
engaños, a los robos más o menos abiertos de los demás. Nunca, bajo ninguna
circunstancia, admitas que tu propio fracaso puede deberse a tu propia
debilidad, o que el fracaso de otra persona puede deberse a sus propios
defectos: su pereza, incompetencia, imprevisión o estupidez. Nunca creas en la
honestidad o desinterés de alguien que no esté de acuerdo contigo.
Este odio básico es el corazón del
marxismo. Esta es su fuerza animadora.” (Henry Hazlitt (1894-1993), filósofo,
economista y periodista estadounidense[3])
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“Acaso la gente busque una alteridad radical,
y la mejor forma de lograrla sea el odio, forma desesperada de producción de lo
otro (…) La identidad hoy se encuentra en el rechazo” (Jean Baudrillard[4]).
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“La inconexión es el
aniquilamiento. El odio que fabrica inconexión, que aísla y desliga, atomiza el
orbe y pulveriza la individualidad” (Ortega y Gasset[5]).
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“Nos limitamos los unos a los
otros; nos distinguimos, nos diferenciamos, y, como advierte Stendhal,
diferencia engendra odio; somos progenie del odio y de la enemistad. Homines ex natura hostes (Los hombres son
enemigos por naturaleza). De aquí que la labor filosófica por
excelencia sea buscar tras esas crueles diferencias y limitaciones una
sustancia colectiva, homogénea e idéntica. El magno deber del sabio,
historiador o moralista, es intentar la reconstrucción de la unidad
fundamental, es ir adobando, tras de la variedad de los hombres, la unidad
humana” (Ortega y Gasset[6]).
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0-PORTADA: Ignacio Echevarría: “El odio, una pasión moderna”, en la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 85.
(1-A)-Karl Marx, Federico Engels: "El Manifiesto Comunista", Madrid, Aliaza, 2011.
[1]
Citado por Carlos Alberto Montaner: https://bit.ly/31MLL89
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Guerrilla_de_%C3%91ancahuaz%C3%BA
[3]
MISES INSTITUTE: https://bit.ly/31HllVb
[4]
Jean Baudrillard citado por Ignacio Echevarría en “El odio: una pasión
moderna”, de la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 96.
[5]
Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1, p. 313.
[6]
Ortega y Gasset: “Personas, obras cosas”, O. C. Tº 1, p. 455.
jueves, 1 de abril de 2021
EL EXCEDENTE DE DESASOSIEGO QUE PRODUCE LA AUSENCIA DEL PADRE
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“Todo tigre es un primer tigre; tiene que empezar
desde el principio su profesión de tigre. Pero el hombre de hoy no empieza a
ser hombre, sino que hereda ya las formas de existencia, las ideas, las
experiencias vitales de sus antecesores, y parte, pues, del nivel que
representa el pretérito humano acumulado bajo sus plantas. Ante un problema
cualquiera, el hombre no se encuentra sólo con su personal reacción, con lo que
buenamente a él se le ocurre, sino con todas o muchas de las reacciones, ideas,
invenciones que los antepasados tuvieron. Por eso su vida está hecha con la
acumulación de otras vidas; por eso su vida es sustancialmente progreso” (Ortega y Gasset(2)).
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(Recordemos: el psicoanálisis de Freud establece
como principal encrucijada de nuestro desarrollo psicológico el complejo de
Edipo, según el cual, el padre es ese odioso ser que aparece para impedirnos la
deseable unión simbiótica ─incestuosa, dice, en realidad, Freud─ con la madre)
“El ‘freudismo’ al deshacer la idea del
padre y, más que la idea, la trascendencia de la paternidad, no hace sino
completar la obra de todas las demás teorías que han ido cortando los hilos que
mantenían al hombre enlazado con sus principios, supeditado a sus orígenes. No
ha hecho sino perfilar la destrucción del hombre como hijo. Y vivir como hijo
es algo específicamente humano, únicamente el hombre se siente vivir desde sus
orígenes y se vuelve hacia ellos, reverenciándolos. Y al ser así, ¿no será de temer que al
dejar de ser hijos dejemos también de ser hombres?” (María Zambrano[3]).
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“Esta radical confianza con que mira a la
vida quien ha tenido de veras padre, es el estrato más hondo de un ánimo
pacífico. Guerra y paz no están sostenidas por el Derecho Internacional” (María Zambrano[4]).
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Existen casos de resiliencia de personas cuyo padre
estuvo ausente de su vida y, sin embargo, se sobreponen con éxito a tal
circunstancia. No fue lo que ocurrió con Jean-Paul Sartre, claro ejemplo negativo
de lo que dice María Zambrano. Su padre murió cuando él tenía un año. Veamos
alguna de sus propias manifestaciones al respecto, realizadas en su obra
autobiográfica “Las palabras”:
“Detesto
mi infancia y todo lo que de ella sobrevive” (Jean-Paul Sartre[5])
“No existe el buen padre, es la regla: no
cabe reprochárselo a los hombres, sino al lazo de paternidad, que está podrido.
Hacer hijos está muy bien, ¡pero qué iniquidad es tenerlos! Si hubiera vivido,
mi padre se habría echado encima de mí con todo su peso y me habría aplastado
(…) suscribo gustosamente el veredicto de un eminente psicoanalista: no tengo
superyó (…) Nadie en mi familia supo infundirme curiosidad por ese hombre (…) Lo
que sé de él nunca ha tenido relación conmigo” (Jean-Paul Sartre[6]).
Más adelante sigue diciendo este personaje: “Yo no era consistente ni
permanente; yo no era el continuador futuro de la obra paterna (…) en una
palabra, no tenía alma” (Jean-Paul Sartre[7]).
Algunos efectos de su distorsionada infancia sobre
su mente parece que pueden deducirse de esto que también dice en su
autobiografía que le ocurrió a los nueve años: “Creí tener (dentro de mí) dos
voces, una de las cuales —que apenas me pertenecía y no dependía de mi voluntad—
dictaba a la otra lo que tenía que decir; decidí que yo era doble. Estas
ligeras confusiones persistieron hasta el verano; me agotaban, me irritaban y
llegaron a asustarme. «En mi cabeza hay alguien que habla», dije a mi madre,
que, por suerte, no se preocupó” (Jean-Paul Sartre[8]).
Vargas Llosa, apasionado lector de Sartre en su
juventud, dice de él: “Sartre es muy sincero y poco le falta para
reconocer que, en su caso, la revolución no tiene otro objetivo primordial que
borrar de la tierra a esa clase social privilegiada, dueña del capital y del
espíritu, en la que nació y contra la que alienta una fobia patológica”[9]. Coincide en esta
opinión Vargas Losa con la del estudioso de la vida de Sartre, Ben-Ami
Scharfstein, que dice de él: “Su enojo por la ausencia de un padre (…) se (ha)
convertido en su denuncia de la sociedad burguesa, para terminar con la cual ha
estado de acuerdo en hacer uso de la violencia que formaba parte de sus
fantasías infantiles de gobernar el mundo. Como cuando niño, sigue anhelando
ser el héroe de una gloriosa aventura que una a aquellos que, como él, han
vivido en soledad. Sigue necesitando producir efectos en el mundo real a fin de
sentirse a sí mismo real, y purgar la culpa y la falsedad del niño irreal al
que no se quiere lo suficiente”[10].
La actitud de Sartre ante la vida se puede
deducir de esta afirmación de Antoine Roquentin, el protagonista de su novela
más famosa, “La náusea”: “Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga
por debilidad y muere por casualidad”[11].
[1] PORTADA: María
Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011,
p. 122
[2]
Ortega y Gasset: “Misión del bibliotecario”, O. C. Tº 5, p. 222.
[3]
María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini,
2011, p. 123.
[4] María
Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011
p. 120.
[6] Jean-Paul
Sartre: “Las palabras”, Madrid, Alianza-Losada, pp. 15-16.
[8] Jean-Paul
Sartre: “Las palabras”, Madrid, Alianza-Losada, p. 146.
[9] https://elpais.com/elpais/2012/12/27/opinion/1356603311_895050.html
[10] Ben-Ami
Scharfstein: “Los filósofos y sus vidas”, Madrid, Cátedra, 1984, p. 360.
[11] Jean-Paul Sartre: “La náusea”, Barcelona, Seix Barral, 1983, p. 170.
martes, 30 de marzo de 2021
CÓMO SE FORJÓ EL DESCRÉDITO DE LA REALIDAD
“La modernidad nunca es ella misma: siempre es otra.
Lo moderno no se caracteriza únicamente por su novedad, sino por su heterogeneidad.
(…) La antigua tradición era siempre la misma, la moderna es siempre distinta.
(…) Ni lo moderno es la continuidad del pasado en el presente ni el hoy es el
hijo del ayer: son su ruptura, su negación (…) (A los modernos) no nos
rige el principio de identidad (…) sino la alteridad y la contradicción”
(Octavio
Paz[1]).
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“El hombre moderno vive asomado al mañana
para ver llegar la novedad”
(Ortega y Gasset[2]).
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“Este tipo de vida para el que vivir es
insistir en lo recibido, es el tradicionalismo. Pero he aquí que en el
Renacimiento, de pronto, vira sobre sí mismo el corazón europeo, y se invierte
la actitud de los espíritus. Todas esas tradiciones, todo eso recibido empieza
a aparecer insuficiente, infundado, torpe, absurdo. Las gentes comienzan a
sentir que la vida solo tiene valor si lucha contra todo eso, si se libera de
todo eso. Llevamos sobre todo tres siglos durante los cuales para las gentes
vivir era libertarse de algo, de alguna tradición. Por tanto, llevamos tres
siglos (…) de combate contra lo constituido como tal, contra la autoridad
política, contra el dogma religioso, contra el escolasticismo científico,
contra la norma poética (…) (Se ha impuesto un) sentido de la vida como un
esfuerzo negador (…) En 1870 comienza, con el impresionismo, la gran rebelión
contra las Bastillas pictóricas, contra los Museos y su tradición. También los
pintores van a abrir la serie de los programas subversivos. En fin, hasta (…)
Los títulos de las nuevas ciencias del espacio ostentan a la intemperie su
musculatura negativa: la geometría no-euclidina, no-arquimédica etcétera” (Ortega y Gasset[3]).
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“La modernidad es una separación. Empleo
la palabra en su acepción más inmediata: apartarse de algo, desunirse. La
modernidad (…) es una ruptura continua, un incesante separarse de sí misma; (…)
Como si se tratase de uno de esos suplicios imaginados por Dante (…), nos
buscamos en la alteridad, en ella nos encontramos y luego de confundirnos con
ese otro que inventamos, y que no es sino nuestro reflejo, nos apresuramos a
separarnos de ese fantasma, lo dejamos atrás y corremos otra vez en busca de
nosotros mismos, a la zaga de nuestra sombra. Continuo ir hacia allá, siempre
allá —no sabemos dónde. Y llamamos a esto: progreso” (Octavio Paz[4]).
“Sólo por medio de su absoluta
negatividad puede el arte expresar lo inexpresable, la utopía” (Theodor
W. Adorno[5]).
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“En la actualidad ya no restan más que estas
pasiones: odio, disgusto, alergia, aversión, decepción, náusea, repugnancia o
repulsión. No se sabe lo que se quiere. Pero sí lo que no se quiere. El proceso
de la actualidad es un proceso de rechazo, de desafecto, de alergia. El odio
participa de ese paradigma de pasión reaccionaria: yo rechazo, yo no quiero, no
entraré en el consenso” (Jean Baudrillard, analista de la posmodernidad[6]).
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“Cuando alguien preguntaba a Baudelaire dónde prefería vivir, con un
gesto de dandysmo displicente,
que era, según es sabido, su religión, respondió: «¡En cualquier parte, en
cualquier parte, con tal que sea fuera del mundo!»” (Ortega y Gasset(7)).
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Y SIN EMBARGO…
“Somos
herederos, continuadores siempre. Nada ha empezado con nosotros” (María Zambrano[8]).
(0) PORTADA: Octavio Paz: “Los hijos del limo”, paz-octavio-los-hijos-del-limo.pdf , p. 138.
[1] Octavio Paz: “Los hijos del limo”, paz-octavio-los-hijos-del-limo.pdf , p. 129.
[2] Ortega
y Gasset: “Descreimiento, asfixia y rebelión”, O. C. Tº 5, p. 505.
[3]
Ortega y Gasset: “En un banquete en su honor en ‘Pombo’”, O. C. Tº 6, p. 228.
[5]
Theodor W. Adorno, citado por Ignacio Echevarría en “El odio: una pasión
moderna”, de la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 94.
[6] Jean
Baudrillard citado por Ignacio Echevarría en “El odio: una pasión moderna”, de
la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 95.
[7]
Ortega y Gasset: “Idea del teatro”, Anejo 1, “Máscaras”, O. C. Tº 7, pp.
468-469.
[8] María
Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011
p.119.





