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miércoles, 19 de mayo de 2021

MILES DE MARROQUÍES HAN ASALTADO ESTOS DÍAS LA FRONTERA CON ESPAÑA: ¿TAMBIÉN DE ESTO SE OCUPA LA FILOSOFÍA?

 

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Edward Gibbon (1737-1794): “Corresponde a un filósofo (…) conceptuar la Europa a fuer de una gran república, cuyos varios moradores han venido a encumbrarse al mismo nivel de instrucción y de cultura (…) Las naciones montaraces del globo son enemigas comunes de la sociedad civil; y podemos inquirir ansiosamente si está todavía amagando a Europa una repetición de aquellas desventuras que aniquilaron las armas e instituciones de Roma. Quizás las mismas reflexiones ilustrarán la ruina de aquel imperio poderoso, y explicarán las causas probables de nuestra seguridad presente. Ignoraban los romanos lo sumo de su peligro, y el número de sus enemigos. Allende el Rin y el Danubio, hervía el norte de Europa y Asia con tribus innumerables de cazadores y vaqueros, pobrísimos, voraces y desaforados; denodados en la guerra (…) Esta seguridad aparente (en la actualidad) no debe ocultarnos que pueden brotar nuevos enemigos con peligros desconocidos, por parte de algún pueblo arrinconado, apenas perceptible en el mapa del mundo. Los árabes y sarracenos, que fueron explayando sus conquistas desde la India hasta España, vivieron en el desamparo y menosprecio hasta que Mahoma alentó sobre aquellos cuerpos salvajes el alma del entusiasmo” (Edward Gibbon[1]).

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“Los que ignoran de qué ingredientes están hechas las «ideas» creen que es fácil su transferencia de un pueblo a otro y de una a otra época (…) Estos ingredientes invisibles, recónditos, son, a veces, vivencias de un pueblo formadas durante milenios. Este fondo latente de las «ideas» que las sostiene, llena y nutre, no se puede transferir, como nada que sea vida humana auténtica (…) Queda en la tierra de origen lo vivaz de las «ideas», que es su raíz. La planta humana es mucho menos desplazable que la vegetal. Esta es una limitación terrible, pero inexorable, trágica.” (Ortega y Gasset (2)).



[1] Edward Gibbon: “Historia de la decadencia y caída del Imperio romano”, 4 vols., Madrid, Turner, 2006, Tº II, “Observaciones generales sobre la ruina del Imperio romano en Occidente”.

[2] Ortega y Gasset: “Prólogo a ‘El collar de la paloma’, de Ibn Hazm de Córdoba”, O. C. Tº 7, pp. 47-48.

domingo, 23 de diciembre de 2018

A propósito de la decapitación por el EI de dos jóvenes nórdicas

     En España, y sirve esto como expresión del índice de criminalidad en general, la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes al año es de 0,7, una de las más bajas del mundo y de la historia universal. La de Europa occidental en conjunto es de 1,1. La de África, por el contrario, es de 17,3; Centroamérica, 41; Sudamérica, 20.  
     Por otro lado, en los países musulmanes, la opinión favorable al Estado Islámico queda reflejada en la siguiente tabla (algo a considerar es que las cifras se vuelven especialmente alarmantes si a los favorables sumamos los indiferentes).

     En España sería inconcebible que, como acaba de ocurrir en Marruecos, dos jóvenes turistas de 24 y 28 años, una danesa y otra noruega fueran brutalmente decapitadas por una banda de miembros del Estado islámico por el simple crimen de ser occidentales y tener afición al senderismo y a la escalada. Por supuesto que la mayoría de los seres humanos aborrecen estos actos. Pero que exista un porcentaje de homínidos favorables/indiferentes a ellos es como para pedir la baja de la humanidad, si se insiste en incluir en ella a estos seres.
     Y bien, creo que es una simpleza repudiar como racista, xenófobo o demagogo el siguiente argumento: cuando vienen emigrantes a Europa occidental, y más concretamente a España, no todos son pacíficos refugiados políticos que quieren incorporarse activamente a nuestro modo de vida. Por el contrario, la gran mayoría trae consigo su porcentaje cultural (es un decir) de homicidios por año y, si son musulmanes, su porcentaje de simpatía hacia el Estado Islámico y a actos como este al que me refiero, además de su propensión a vivir en guetos virtualmente vetados a los genuinos habitantes del país. Y es de temer que esos porcentajes contrasten, para alterarlos, con los que son propios de nuestros índices de criminalidad, de crueldad y de aceptación de nuestro modo de vida. No poner ningún filtro a la inmigración y hacer equivalente la inmigración ilegal a la legal es algo inaccesible al sentido común, además de simplemente suicida. No sé cómo se puede argumentar mejor para no herir la sensibilidad de quien está capturado por la corrección política e instintivamente lance contra lo que aquí se dice los anatemas correspondientes. Pero estas realidades merecen poder contrastarse con algo mejor que el tener preparada la consiguiente casilla intelectual (es otro decir) de "racista" o "xenófobo".

AMPLIACIÓN
sobre los peligros de equiparar la inmigración legal (con filtros) y la ilegal. Son datos del (¿xenófobo?) Ministerio del Interior sobre los homicidios cometidos entre 2010 y 2012 en nuestro país, y los acaba de publicar El País. Los datos del informe son elocuentes. Los extranjeros representaban (en 2012) el 12% de la población en España, correspondiéndoles el 47% de los asesinatos relacionados con actividades criminales, el 35% de los homicidios en general y el 32% de los casos de violencia de género.