sábado, 4 de abril de 2026

¿TODO TIENDE A LA UNIDAD?

“La realidad no es más que el síntoma de que una cosa ejerce influjo sobre todas las demás y de ellas lo recibe, de que una cosa es necesaria para que el resto subsista. Porque los sapos silban al crepúsculo en sus hoyos, hilan las princesas en sus camarines” (Ortega y Gasset [1]).

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 “Por mundo entendemos la ordenación unitaria de los objetos” (Ortega y Gasset[2]).

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“El profesionalismo y el especialismo, al no ser debidamente compensados, han roto en pedazos al hombre europeo (…) El desmoronamiento de nuestra Europa, visible hoy, es el resultado de la invisible fragmentación que progresivamente ha padecido el hombre europeo” (Ortega y Gasset[3]).

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 “Los viejos maestros no eran pintores de fragmentos como nosotros” (Paul Cézanne(4)).

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 “No es una época para terminar nada. Es una época de fragmentos.” (Marcel Duchamp en una conversación con Anaïs Nin en 1934[5])



[1] Ortega y Gasset: “Azorín, primores de lo vulgar”, en “El Espectador”, Vol. II, O. C. Tº 2, pp. 182-183.

[2] Ortega y Gasset: “Introducción a una estimativa”, O. C. Tº 6, p. 318.

[3] Ortega y Gasset: “Misión de la Universidad”, O. C. Tº 4, p. 325.

[4] Paul Cézanne citado por Ernst Fischer en “La necesidad del arte”, Barcelona, Altaya, 1999, p. 87.

[5] Bernard Marcadé, Marcel Duchamp (biografía), Libros del Zorzal, 2008, p. 66.

lunes, 30 de marzo de 2026

MENOS MAL QUE LA CIRCUNSTANCIA NOS LIMITA

“El hecho esencial de la vida (es que) nuestra existencia, en cualquier momento que la sorprendamos, nos aparece constituida, por encima y antes y después de toda disputa sobre determinismo o indeterminismo, por un conjunto de circunstancias que nos obligan, que nos imponen, un régimen de forzosidad. Esto es nuestro Destino. Pero ese conjunto de circunstancias forzosas no afecta nuestro vivir de tal modo que deba ir este rigiéndose por una trayectoria ineludible, mecánica, sino que deja siempre un margen a la libre decisión: de suerte que nuestra existencia es, en todo instante, una circunstancia fatal dada que nuestra voluntad puede tomar en sus manos y empujarla en el sentido de la perfección. No hay vivir si no se acepta la circunstancia dada, y no hay buen vivir si nuestra libertad no la plasma en el camino de la perfección. Esta misma idea está contenida en la hermosa frase que usó el gran pensador alemán Nietzsche, cuando refiriéndose al poeta, dijo que es el hombre que «danza encadenado»” (Ortega y Gasset[1])


[1] Ortega y Gasset: “Meditación del pueblo joven”, O. C. Tº 8, p. 378.

martes, 24 de marzo de 2026

Introducción a "EN TORNO A GALILEO", de Ortega y Gasset-2ª-La crisis que Ortega predijo

En este vídeo seguimos explorando una de las obras más importantes de José Ortega y Gasset, “En torno a Galileo”. Ortega sostiene que la crisis cultural que vivimos hoy se parece mucho a la gran crisis que atravesó Europa entre finales de la Edad Media y el nacimiento de la ciencia moderna. Durante dos siglos —entre aproximadamente 1350 y 1550— el hombre europeo se sintió perdido. Las convicciones que habían sostenido la cultura medieval se habían derrumbado, y el individuo quedó sin suelo firme bajo los pies. Sin embargo, de esa crisis surgió algo decisivo: la nueva razón científica. Figuras como Galileo Galilei y René Descartes construyeron un nuevo modo de entender la realidad basado en la razón matemática y el método científico. Ese cambio permitió superar el caos y el desasosiego del Renacimiento y dio origen a la Modernidad. Pero Ortega advierte algo inquietante: la misma razón que permitió superar aquella crisis es también la que, siglos después, ha terminado mostrando sus propias limitaciones y abocando a una nueva crisis. Por eso —dice Ortega— nuestra época vuelve a encontrarse ante la necesidad de un nuevo giro histórico. Comprender cómo se superó la crisis del Renacimiento puede ayudarnos a entender la crisis cultural que vivimos hoy. Y tal vez también a intuir qué camino podría abrirse en el futuro.

 

viernes, 20 de marzo de 2026

¿SOMOS O NO SOMOS


 

DICE ORTEGA:

“El hombre (…) es puro movimiento y movimiento que va atraído por una meta”[1].

“El hombre es primariamente el que no es aún lo que es”[2].

“El hombre es incapaz, mientras no esté enfermo, de parar”[3]

“Ser hombre es un perenne superarse a sí mismo”[4]

“El hombre es primaria y fundamentalmente acción”[5].

Y, POR EL CONTRARIO, DICE TAMBIÉN

“El hombre no tiene más remedio que aprender a (…) sentirse a la par mudable y eterno”[6].

“En español ser, viene de sedere = estar sentado”[7].



[1] Ortega y Gasset: “La razón histórica”, O. C., Tº 12, pág. 316

[2] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C., Tº 12, pág. 216

[3] Ortega y Gasset: “Una interpretación de la historia universal”, pág. 37.

[4] Ortega y Gasset: “La estética de “El enano Gregorio el Botero”, O. C., Tº 1, pág. 544.

[5] Ortega y Gasset: “El hombre y la gente”, Tº 1º, pág. 47.

[6] Ortega y Gasset: “El Espectador”, Tº VIII, O. C., Tº 2, pág. 728

[7] Ortega y Gasset: “Pasado y porvenir para el hombre actual”, O. C., Tº 9, pág. 641

jueves, 12 de marzo de 2026

LAS EDADES DEL HOMBRE

“Una fábula de Esopo nos habla de cuatro edades: «Quiso Dios que el hombre y el animal tuviesen el mismo tiempo, treinta años. Pero los animales notaron que era para ellos demasiado tiempo, mientras al hombre le parecía muy poco. Entonces vinieron a un acuerdo, y el asno, el perro y el mono entregan una porción de los suyos que son acumulados al hombre. De este modo consigue la criatura humana vivir setenta años. Los treinta primeros los pasa bien, goza de salud, se divierte y trabaja con alegría, contento con su destino. Pero luego vienen los dieciocho años del asno y tiene que soportar carga tras carga: ha de llevar el grano que otro se come y aguantar puntapiés y garrotazos por sus buenos servicios. Luego vienen los doce años de una vida de perro: el hombre se mete en un rincón, gruñe y enseña los dientes, pero tiene ya pocos dientes para morder. Y cuando este tiempo pasa, vienen los diez años de mono, que son los últimos: el hombre se chifla y hace extravagancias, se ocupa en manías ridículas, se queda calvo y sirve sólo de risa a los chicos» (ORTEGA Y GASSET[1])



[1] Ortega y Gasset: “En torno a Galileo”, O. C. Tº 5, Alianza Editorial.