Cuando Ortega dice que “la
verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre”[1],
no está hablando primariamente de la verdad que ponen a nuestro alcance los
sentidos, ni de lo que subjetivamente satisfaga al individuo que se crea en
posesión de ella. “Verdad” en Ortega quiere decir “sentido”, y en esa frase
citada viene él a decir lo mismo que Viktor Frankl cuando
afirma: “La primera fuerza
motivante del hombre es la lucha por encontrarle un sentido a su propia vida”[2]. Y ambos, lo mismo que Jean Grondin cuando dice: “La tensión hacia el Bien,
hacia lo mejor, hacia la sobrevivencia es así inmanente a la vida”[3].
La verdad no es, por tanto, lo que de las cosas resulta manifiesto, que por sí
solo puede llegar a ser absurdo. La verdad de lo que es el bosque no es lo que
de él llegamos a ver, es decir, la primera fila de árboles, sino lo que se
oculta detrás de esto que es manifiesto; su ser fundamental (su sentido) no es
lo visible, sino lo que late detrás. La verdad es algo a desvelar, no consiste
en cosas, en hechos que capten los órganos sensoriales, sino en la ley, el
sentido que late detrás de lo manifiesto.
[1]
Ortega y Gasset: “Prólogo para alemanes”, O. C. Tº 8, pp. 39-40.
[2]
Viktor E. Frankl: “El hombre en busca de sentido”, Barcelona, Herder, 1979, p.
98.
[3]
Jean Grondin: “Del sentido de la vida. Un ensayo filosófico”, Barcelona,
Herder, 2011, p. 79