viernes, 6 de febrero de 2026

CÓMO CAMINAR HACIA EL ABISMO

Hoy el “vale todo”, camuflado como apología de la diversidad, se ha ido convirtiendo en parte sustancial de la opinión políticamente correcta. Podemos hacerla arrancar esa posmodernidad de la famosa cita de Nietzsche de que “no hay hechos, solo interpretaciones”(1). No hay nada, pues, ahí afuera que sirva como referencia para diferenciar y jerarquizar unas interpretaciones respecto de otras. No hay nada fuera del sujeto, podríamos decir en clave idealista. “El Yo es todo”(2), que, anticipándose, había dicho Fichte; es decir: “la interpretación lo es todo”, lo circunstante es inconsistente, no aporta nada (no es, como sostiene Ortega, límite y dificultad). Así que Nietzsche pudo decir también, en esa misma línea: “En última instancia lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado”(3). Porque, en realidad, lo deseado (lo que está ahí afuera, en la circunstancia) no es sino una invención, una construcción que hace el deseo. En consecuencia, “Vale todo”, porque todo, esto es, lo diverso, lo informe… cualquier cosa cumple la exclusiva función de servir de lámina de Rorschach sobre la que proyectar lo que a cada uno le parezca. Vale todo en arte, en moral, en política… Y por esa vía de que el deseo de cada cual resulta ser soberano va asomando el descrédito de cualquier institución sobre la que se pueda sostener la idea de sociedad como algo compartido. ¿A dónde iremos a parar?



[1] Friedrich Nietzsche: “Fragmentos póstumos”, Tº IV, Madrid, Tecnos, 2010, p. 222.

[2] Citado por Ortega en “Las dos grandes metáforas”, “El Espectador” Vol. 4, O. C. Tº 2, p. 400.

[3] Friedrich Nietzsche: “Más allá del bien y del mal”, Madrid, Alianza, 1980, pág. 111.

 

viernes, 30 de enero de 2026

SOMOS LIBRES DE SER EL QUE ESTAMOS OBLIGADOS A SER

 “Este es el ingrediente más extraño y misterioso del hombre. Por un lado es libre: no tiene que ser por fuerza nada, como le pasa al astro, y, sin embargo, ante su libertad se alza siempre algo con un carácter de necesidad, como diciéndonos: «poder puedes ser lo que quieras, pero sólo si quieres ser de tal determinado modo serás el que tienes que ser». Es decir, que cada hombre, entre sus varios seres posibles, encuentra siempre uno que es su auténtico ser. Y la voz que le llama a ese auténtico ser es lo que llamamos «vocación». Pero la mayor parte de los hombres se dedican a acallar y desoír esa voz de la vocación. Procura hacer ruido dentro de sí, ensordecerse, distraerse para no oírla y estafarse a sí mismo sustituyendo su auténtico ser por una falsa trayectoria vital. En cambio, sólo se vive a sí mismo, sólo vive, de verdad, el que vive su vocación, el que coincide con su verdadero «sí mismo» (…) No se refiere sólo a la profesión u oficio que vamos a elegir. Se refiere, por ejemplo, al orden de nuestros pensamientos u opiniones” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “En torno a Galileo”, O. C. Tº 5, Madrid, Alianza, p. 138.

 

martes, 27 de enero de 2026

LA SUBORDINACIÓN AL “QUÉ DIRÁN”

“El hombre que sabe muchas cosas, el hombre culto, corre el riesgo de perderse en la manigua (en la abundancia desordenada) de sus propios saberes y acaba por no saber cuál es su auténtico saber. No tenemos que buscar lejos: éste es el caso del hombre medio actual. Ha recibido tantos pensamientos que no sabe cuáles de entre ellos son los que efectivamente piensa, los que cree, y se habitúa a vivir desde pseudocreencias, desde lugares comunes a veces ingeniosísimos, intelectualísimos, pero que falsifican su existencia. De aquí la inquietud, la alteración profunda que arrastran en el secreto de sí mismas tantas vidas de hoy. De aquí la desolación, el vacío de tanto destino personal que pugna desesperadamente por llenarse con alguna convicción, sin lograr convencerse. ¿Y qué hace? Pues perentoriamente empeñarse en convencerse de lo que no está convencido, fingirse creencias, y para facilitar la íntima ficción, alcoholizarse con las actitudes más fáciles, más tópicas, más de receta, que son las radicales” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “En torno a Galileo”, O. C. Tº 5, Madrid, Alianza, p. 87.

 

viernes, 23 de enero de 2026

VIVIR ES TRANSITAR DEL CAOS AL SENTIDO

“La vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido” (Ortega y Gasset[1]).

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“El hecho humano es precisamente el fenómeno cósmico del tener sentido(Ortega y Gasset[2]).

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“El mundo en el que nacemos es rudo y cruel y al mismo tiempo de belleza divina. Es cuestión de temperamento creer qué es lo que predomina el absurdo o el sentido (…) Probablemente, como en todas las cuestiones metafísicas, ambas cosas son ciertas: la vida es sentido y absurdo o tiene sentido y carece de él. Tengo la angustiosa esperanza de que el sentido prevalecerá y ganará la batalla” (Carl Gustav Jung[3]).



[1] Ortega y Gasset: “La rebelión de las masas”, O. C. Tº 4, p. 254.

[2] Ortega y Gasset: “Las Atlántidas”, O. C., Tº 3º, p. 310.

[3] Carl G. Jung: “Recuerdos, sueños, pensamientos”, Barcelona, Seix Barral, 1981, p. 362

domingo, 18 de enero de 2026

LA FILOSOFÍA COMENZÓ INSULTANDO

Heráclito, Parménides, Jenófanes, con quienes, según Ortega, se inicia la filosofía “se revuelven iracundos contra el vulgo y llenan de insultos nominativa o genéricamente a sus predecesores (…) ¿Por qué la filosofía comienza insultando? (…) En cierto modo el insulto al vulgo es la tonalidad propia al «pensador» porque la misión de este, su destino profesional, es poseer ideas «propias» opuestas a la doxa u opinión pública (…) Heráclito y Parménides (…) al pensar frente y contra la doxa, su opinión era constitutivamente paradoxa. Este carácter paradoxal ha perdurado a lo largo de toda la evolución filosófica. Parejamente Amos, el primer «pensador» hebreo, que es contemporáneo de Tales, nos hará constar que al ser constituido por Dios en su profesión, Dios le impone este encargo: «Profetiza contra mi pueblo». Todo profeta es profeta contra y lo mismo todo «pensador» (…) Una avalancha de «para-doxas» cae sobre Atenas. Se oye la tremenda blasfemia de que los astros no son dioses, sino bolas de metal ardiente, el Sol, por ejemplo, según Anaxágoras, del cual este dice que es más grande que el Peloponeso (…) En efecto, apenas llega a Atenas el primer filósofo, que fue Anaxágoras, comienza el pueblo ateniense a reaccionar con un sentimiento de desazón hasta entonces desconocida (…) (El nombre por el que empezaron a llamarlos, que  traducido viene a significar «lo que es demasiado saber») por un lado significa acción u obra extraordinarios y tiene un valor laudatorio, mas por otro significa un comportamiento excesivo, desaforado, indebido y especialmente en sentido religioso, por tanto, sacrílego” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “Origen y epílogo de la filosofía”, O. C. Tº 9, pp. 422 a 427.