sábado, 31 de octubre de 2026

LO MEJOR ES NO SABER NADA

 

“El que cree que sabe una cosa pero, en realidad, la ignora, con su presunto saber cierra el poro de su mente por donde podía penetrar la auténtica verdad. La torpe idea que tiene, soberbia o terca, actúa como en las termiteras —nidos de insectos algo semejantes a las hormigas— el guardián, que tiene una cabeza enorme, charolada, durísima y se dedica al menester de ponerla en el orificio de entrada, obturando con su propia testuz el agujero para que nadie entre. Así, el que cree saber cierra con su propia idea falsa, con su propia cabeza el opérculo mental por donde el efectivo saber penetraría”. (Ortega y Gasset[1])

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«¿No es una ignorancia vergonzante creer conocer una cosa que no se conoce?» (Sócrates[2])

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«Las convicciones son enemigos de la verdad más peligrosos que las mentiras» (Nietzsche[3])

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«Nuestro conocimiento solo puede ser finito, mientras que nuestra ignorancia necesariamente debe ser infinita» (Karl Popper[4])



[1] Ortega y Gasset: “¿Qué es filosofía?”, O. C. Tº 7, pp. 425-426.

[2] Platón: Apología de Sócrates.

[3] Nietzsche: “Humano, demasiado humano”, § 483.

[4] Karl Popper: “Conjeturas y refutaciones”.

sábado, 24 de octubre de 2026

POR QUÉ HEMOS DE LEVANTARNOS CADA MAÑANA

“La ética según yo la entiendo se diferencia de todas las tradicionales en que no considera al deber como la idea primaria en la moral, sino a la ilusión. El deber es cosa importante, pero secundaria, es el sustituto de la ilusión. Es preciso que hagamos siquiera por deber lo que no logramos hacer por ilusión” (Ortega y Gasset[1]).

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 “No, no; el deber no es único y genérico. Cada cual traemos el nuestro inalienable y exclusivo. Para regir mi conducta Kant me ofrece un criterio: que quiera siempre lo que otro cualquiera puede querer. Pero esto vacía el ideal, lo convierte en un mascarón jurídico y en una careta de facciones mostrencas. Yo no puedo querer plenamente sino lo que en mí brota como apetencia de toda mi individual persona” (Ortega y Gasset[2]).



[1] Ortega y Gasset: “¿Qué es filosofía?”, O. C. Tº 7, p. 426.

[2] Ortega y Gasset: “Estética en el tranvía”, en “El Espectador”, Vol. I, O. C. Tº 2, p. 38.

sábado, 17 de octubre de 2026

SOMOS EL RESULTADO DEL COMBATE ENTRE PASADO Y FUTURO


 Los hombres primitivos se aferraban tanto a su pasado que periódicamente hacían ceremonias para restaurar simbólicamente el “tiempo original”, que merecía subsistir “por los siglos de los siglos”. El historiador de las religiones y antropólogo Mircea Eliade decía: “Lo que hace el hombre arcaico ya se hizo. Su vida es la repetición ininterrumpida de gestos inaugurados por otros”[1]. Las verdades a las que se aferraba ese hombre primitivo eran eternas e inamovibles. No había nada que añadir a lo que en ellas se establecía, por lo que el progreso era imposible. A partir del Renacimiento, pero sobre todo desde el siglo XVII, los hombres se fueron desprendiendo de ese lastre inmovilizador. El mismo Eliade dice: “La diferencia capital entre el hombre de las civilizaciones arcaicas y el hombre moderno, ‘histórico’, está en el valor creciente que este concede a los acontecimientos históricos, es decir, a esas ‘novedades’ que, para el hombre tradicional constituían hallazgos carentes de significación, o infracciones a las normas (por consiguiente, ‘faltas’, ‘pecados’, etc.), y que por esa razón necesitaban ser ‘expulsados’ (abolidos) periódicamente”[2]. Pero el caso es que el péndulo de la cultura se fue yendo para el otro extremo: van dejando de estar vigentes cada vez más los valores que nos ligan al pasado: la fidelidad, el compromiso, el sentimiento de pertenencia…

[1] Mircea Eliade: “El mito del eterno retorno”, Madrid, Alianza, 1979. pág. 15

[2] Mircea Eliade: “El mito del eterno retorno”, Madrid, Alianza, 1979, p.141-142

jueves, 8 de octubre de 2026

POR QUÉ TE ACONSEJO QUE ESCRIBAS

“Hay experiencias a las que no se puede sobrevivir (...) Si se continúa, sin embargo, viviendo, es únicamente gracias a la escritura, la cual alivia, objetivándola, esa tensión sin límites. La creación es una preservación temporal de las garras de la muerte” (CIORAN[1]).

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«Escribir es defender la soledad en que se está» (MARÍA ZAMBRANO[2])

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«Por la palabra nos hacemos libres, libres del momento, de la circunstancia apremiante e instantánea» (MARÍA ZAMBRANO[3]).

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«Escribimos para saborear la vida dos veces: en el momento y en la retrospección» (ANAÏS NIN[4]).

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«Escribimos para ampliar nuestro mundo cuando nos sentimos estrangulados, constreñidos o solos» (ANAÏS NIN[5]).

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«Cuando no escribo, siento que mi mundo se encoge [...] pierdo mi fuego, mi color [...] debería ser una necesidad, como el mar necesita agitarse. Yo lo llamo respirar» (ANAÏS NIN[6]).



[1] E. M. Cioran: “En las cimas de la desesperación”, Barcelona, Tusquets.

[2] María Zambrano: “Por qué se escribe”.

[3] María Zambrano: “Por qué se escribe”.

[4] Anaïs Nin: “Diarios” (febrero de 1954).

[5] Anaïs Nin: “Diarios” (febrero de 1954).

[6] Anaïs Nin: “Diarios” (febrero de 1954).

 

domingo, 27 de septiembre de 2026

CÓMO SENTAR LAS BASES DE LA LOCURA

“Esa falta de descanso llamada ‘vivir’ (...) Nada es más propio de las criaturas que la fatiga” (CIORAN[1]).

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“Esta búsqueda de mi hogar: oh Zaratustra, lo sabes bien, esta búsqueda ha sido mi aflicción, que me devora. “¿Dónde está mi hogar?” Por él pregunto y busco y he buscado, y no lo he encontrado. ¡Oh eterno estar en todas partes, oh eterno estar en ningún sitio, oh eterno - en vano!» (…) Has perdido la meta: ay, ¿cómo podrás librarte de esa pérdida y consolarte de ella? Al perder la meta - ¡has perdido también el camino!” (NIETZSCHE[2]).

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“No alcanzamos la esfera en que hemos situado nuestros valores, con lo cual (…) estamos cansados, porque hemos perdido el impulso principal. ‘¡Todo ha sido inútil hasta ahora!’ ” (NIETZSCHE[3]).



[1] E. M. Cioran: “El ocaso del pensamiento”, Barcelona, Tusquets, 2000, p.189

[2] Friedrich Nietzsche: “Así habló Zaratustra”, Madrid, Alianza, 1981, p. 367.

[3] Friedrich Nietzsche: “La voluntad de poderío”, Madrid, Edaf, pp. 26-27.