“El hombre es afán de ser —afán en absoluto de ser, de subsistir— y
afán de ser tal, de realizar nuestro individualísimo yo (…) Pero sólo puede
sentir afán de ser quien no está seguro de ser, quien siente constantemente
problemático si será o no en el momento que viene, y si será tal o cual, de
este o del otro modo. De suerte que nuestra vida es afán de ser precisamente
porque es, al mismo tiempo, en su raíz, radical inseguridad. Por eso hacemos
siempre algo para asegurarnos la vida, y antes que otra cosa hacemos una
interpretación de la circunstancia en que tenemos que ser y de nosotros mismos
que en ella pretendemos ser —definimos el horizonte dentro del cual tenemos que
vivir (…) Vivir es reaccionar a la inseguridad radical construyendo la
seguridad de un modo, o, con otras palabras, creyendo que el mundo es de este o
del otro modo, para en vista de ello dirigir nuestra vida, vivir (…) (Pero) en
esta hora el hombre, y precisamente el más civilizado, en uno y otro
continente, no sabe qué hacer” (Ortega y Gasset[1]).