viernes, 20 de febrero de 2026

DÓNDE RESIDE LA VERDAD

Cuando Ortega dice que “la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre”[1], no está hablando primariamente de la verdad que ponen a nuestro alcance los sentidos, ni de lo que subjetivamente satisfaga al individuo que se crea en posesión de ella. “Verdad” en Ortega quiere decir “sentido”, y en esa frase citada viene él a decir lo mismo que Viktor Frankl cuando afirma: “La primera fuerza motivante del hombre es la lucha por encontrarle un sentido a su propia vida”[2]. Y ambos, lo mismo que Jean Grondin cuando dice: “La tensión hacia el Bien, hacia lo mejor, hacia la sobrevivencia es así inmanente a la vida”[3]. La verdad no es, por tanto, lo que de las cosas resulta manifiesto, que por sí solo puede llegar a ser absurdo. La verdad de lo que es el bosque no es lo que de él llegamos a ver, es decir, la primera fila de árboles, sino lo que se oculta detrás de esto que es manifiesto; su ser fundamental (su sentido) no es lo visible, sino lo que late detrás. La verdad es algo a desvelar, no consiste en cosas, en hechos que capten los órganos sensoriales, sino en la ley, el sentido que late detrás de lo manifiesto.



[1] Ortega y Gasset: “Prólogo para alemanes”, O. C. Tº 8, pp. 39-40.

[2] Viktor E. Frankl: “El hombre en busca de sentido”, Barcelona, Herder, 1979, p. 98.

[3] Jean Grondin: “Del sentido de la vida. Un ensayo filosófico”, Barcelona, Herder, 2011, p. 79

 

domingo, 15 de febrero de 2026

La DESAPARICIÓN DEL PADRE está destruyendo la familia (y viceversa)

Estamos asistiendo a una profunda transformación —y descomposición— de la institución familiar en Occidente. A través de datos demográficos, estudios psicológicos y una reflexión filosófica que recorre a Engels, Freud, Sartre, Simone de Beauvoir, María Zambrano y Jung, este vídeo analiza las consecuencias sociales, emocionales y culturales de la ausencia del padre y la desarticulación de la familia tradicional. ¿Es la crisis de la familia una simple evolución social o el síntoma de algo más profundo? ¿Qué ocurre cuando se rompe la transmisión entre generaciones? ¿Puede una civilización sostenerse sin padres, sin herencia y sin filiación?

miércoles, 11 de febrero de 2026

LO QUE DA SENTIDO A NUESTRA VIDA ESTÁ POR VENIR

“La materia de que está hecho el porvenir es la inseguridad. Esa posibilidad necesaria y, a la vez, insegura es nuestro yo. Este, pues, lo primero que hace, antes de darse cuenta del presente en que está, es estirarse hacia el futuro, se futuriza, y desde allí se vuelve al presente, a las circunstancias en que ya nos hallamos (…) Las circunstancias responden favorable o adversamente, es decir, facilitan o dificultan la realización —la conversión en un presente— de ese yo futurizante que por anticipado somos ya. Cuando nuestro yo consigue en buena parte encajarse en la circunstancia, cuando ésta coincide con él (…) es lo que denominamos felicidad. Viceversa, cuando nuestro contorno —cuerpo, alma, clima, sociedad— rechaza la pretensión de ser que es nuestro yo y le opone por muchos lados esquinas que impiden su encaje, sentimos una desazón no menos amplia, no menos íntegra, como que consiste en la advertencia de que no logramos ser el que inexorablemente somos. Este estado es lo que llamamos infelicidad” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “Goya”, O. C. Tº 7, p. 552.

 

viernes, 6 de febrero de 2026

CÓMO CAMINAR HACIA EL ABISMO

Hoy el “vale todo”, camuflado como apología de la diversidad, se ha ido convirtiendo en parte sustancial de la opinión políticamente correcta. Podemos hacerla arrancar esa posmodernidad de la famosa cita de Nietzsche de que “no hay hechos, solo interpretaciones”(1). No hay nada, pues, ahí afuera que sirva como referencia para diferenciar y jerarquizar unas interpretaciones respecto de otras. No hay nada fuera del sujeto, podríamos decir en clave idealista. “El Yo es todo”(2), que, anticipándose, había dicho Fichte; es decir: “la interpretación lo es todo”, lo circunstante es inconsistente, no aporta nada (no es, como sostiene Ortega, límite y dificultad). Así que Nietzsche pudo decir también, en esa misma línea: “En última instancia lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado”(3). Porque, en realidad, lo deseado (lo que está ahí afuera, en la circunstancia) no es sino una invención, una construcción que hace el deseo. En consecuencia, “Vale todo”, porque todo, esto es, lo diverso, lo informe… cualquier cosa cumple la exclusiva función de servir de lámina de Rorschach sobre la que proyectar lo que a cada uno le parezca. Vale todo en arte, en moral, en política… Y por esa vía de que el deseo de cada cual resulta ser soberano va asomando el descrédito de cualquier institución sobre la que se pueda sostener la idea de sociedad como algo compartido. ¿A dónde iremos a parar?



[1] Friedrich Nietzsche: “Fragmentos póstumos”, Tº IV, Madrid, Tecnos, 2010, p. 222.

[2] Citado por Ortega en “Las dos grandes metáforas”, “El Espectador” Vol. 4, O. C. Tº 2, p. 400.

[3] Friedrich Nietzsche: “Más allá del bien y del mal”, Madrid, Alianza, 1980, pág. 111.

 

viernes, 30 de enero de 2026

SOMOS LIBRES DE SER EL QUE ESTAMOS OBLIGADOS A SER

 “Este es el ingrediente más extraño y misterioso del hombre. Por un lado es libre: no tiene que ser por fuerza nada, como le pasa al astro, y, sin embargo, ante su libertad se alza siempre algo con un carácter de necesidad, como diciéndonos: «poder puedes ser lo que quieras, pero sólo si quieres ser de tal determinado modo serás el que tienes que ser». Es decir, que cada hombre, entre sus varios seres posibles, encuentra siempre uno que es su auténtico ser. Y la voz que le llama a ese auténtico ser es lo que llamamos «vocación». Pero la mayor parte de los hombres se dedican a acallar y desoír esa voz de la vocación. Procura hacer ruido dentro de sí, ensordecerse, distraerse para no oírla y estafarse a sí mismo sustituyendo su auténtico ser por una falsa trayectoria vital. En cambio, sólo se vive a sí mismo, sólo vive, de verdad, el que vive su vocación, el que coincide con su verdadero «sí mismo» (…) No se refiere sólo a la profesión u oficio que vamos a elegir. Se refiere, por ejemplo, al orden de nuestros pensamientos u opiniones” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “En torno a Galileo”, O. C. Tº 5, Madrid, Alianza, p. 138.