“La
ética según yo la entiendo se diferencia de todas las tradicionales en que no
considera al deber como la idea primaria en la moral, sino a la ilusión. El
deber es cosa importante, pero secundaria, es el sustituto de la ilusión. Es
preciso que hagamos siquiera por deber lo que no logramos hacer por ilusión”
(Ortega y Gasset[1]).
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“No,
no; el deber no es único y genérico. Cada cual traemos el nuestro inalienable y
exclusivo. Para regir mi conducta Kant me ofrece un criterio: que quiera siempre
lo que otro cualquiera puede querer. Pero esto vacía el ideal, lo convierte en
un mascarón jurídico y en una careta de facciones mostrencas. Yo no puedo
querer plenamente sino lo que en mí brota como apetencia de toda mi individual
persona” (Ortega y Gasset[2]).


