martes, 14 de marzo de 2023

EL SENTIDO DEL MUNDO NO ES UN INVENTO

Para Kant, el mundo en sí es un “caos de sensaciones”. Somos nosotros, los sujetos, los que le damos sentido y orden a través de nuestras formas a priori del conocimiento, que nos permiten generar conceptos que añadimos a los datos de la experiencia. De aquí la idea hoy vigente de que la realidad es una “construcción social”, es decir, que, a partir de lo que nos dan los sentidos, añadimos a esa realidad una forma y un orden que en sí misma no tiene; y como es cosa subjetiva, podemos dar a esa realidad la forma que nos parezca; da igual una que otra, dirán los hoy partidarios de la llamada “diversidad” o “identidad fluida”. Pero hay una forma orteguiana de ver todo esto y superar así a Kant y a sus posmodernos herederos. De la mesa, por ejemplo, sobre la cual escribo, los sentidos solo me aportan su anverso y un par de patas. Para llegar hasta el concepto “mesa” tengo que añadir algo que no me aportan los sentidos… ¡pero no vale cualquier cosa! La mesa que está ahí, y en general, la circunstancia, imponen límites y exigencias a mi “construcción”, a mi concepto. La forma, el orden están ahí afuera, no son una invención cualquiera mía. El dato radical (…) es una coexistencia de mí con las cosas”, dice Ortega; no, por tanto, una construcción mía, de cada sujeto (Ortega y Gasset[1]).

[1] Ortega y Gasset: “¿Qué es filosofía”, O. C. Tº 7, p. 410-411.

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