miércoles, 30 de noviembre de 2022

MODOS DE PENSAR HABIDOS EN NUESTRA CIVILIZACIÓN


 

En su necesidad de orientarse en la vida, de saber a qué atenerse frente al caos con el que el mundo se nos presenta para empezar, el hombre ha necesitado pensar para poner orden en ese caos. En nuestra civilización, los sistemas de pensamiento, las filosofías, han sido, hasta ahora, fundamentalmente dos: el realismo y el idealismo. El primero ha considerado que la realidad de la que habría que partir para alcanzar ese orden pretendido son las “cosas”, lo que tiene un ser independiente de las demás cosas, incluido yo, que soy una cosa más, con un ser objetivo también. El idealismo, del cual Descartes es el principal punto de inflexión, vino a afirmar que todas las cosas son dudosas… excepto “yo”, que soy el que duda, y puesto que dudo, puesto que pienso, existo. “Yo” soy, pues, la realidad radical. Ortega, con su raciovitalismo, viene a afirmar, frente al realismo, que el ser de las cosas, efectivamente, depende de quien las ve; pero ese sujeto que las ve nunca está solo: siempre está confrontándose con algo que no es él. En suma, que “yo soy yo y mi circunstancia”: esa es la realidad radical.

lunes, 28 de noviembre de 2022

CÓMO SABER CUÁNDO HAY QUE SER SOCIABLE según los estoicos

 

 “No están las cosas de los hombres en tan buen estado que agrade a los más lo que es mejor; antes es indicio de ser malo el aprobarlo la turba” (Séneca[1]).

“Me pides qué cosa hemos de evitar más: y te diré, la turba (…) Retírate en ti mismo cuanto sea posible; trátate con quienes puedan hacerte mejor, admite a aquellos a quienes puedas mejorar” (Séneca(2)).

“Es más valeroso no comer ni beber cuando la turba se embriaga y vomita; pero es más comedido no aislarse ni singularizarse, ni mezclarse con todos, sino realizar las mismas cosas, pero no de la misma manera, ya que es bien posible celebrar un día de fiesta sin desorden” (Séneca(3)).

“Una muchedumbre te alaba: ¿en qué puedes sentirte complacido si eres tal que esa muchedumbre te comprenda? Es en tu interior donde tienen que ser admiradas tus cualidades” (Séneca[4]).

 “Conviene mucho retirarnos en nosotros mismos, porque la conversación que se tiene con los que no son nuestros semejantes descompone lo bien compuesto (...) Pero también conviene mezclar y alternar la soledad y la comunicación, porque aquélla despertará en nosotros deseos de comunicar a los hombres, y estotro de comunicarnos a nosotros mismos, siendo la una el antídoto de la otra” (Séneca[5]).



[1] Séneca: “De la vida bienaventurada”, Cap. II, pág. 97, en María Zambrano: “Páginas escogidas de Séneca” “El pensamiento vivo de Séneca”.

[2] Séneca: “Cartas morales a Lucilio”, 2 vols., Barcelona, Orbis, 1984, Vol. I, p. 22.

[3] Séneca: “Cartas morales a Lucilio”, 2 vols., Barcelona, Orbis, 1984, Vol. I, p. 48.

[4] Séneca: “Cartas morales a Lucilio”,  2 volúmenes – Barcelona, Orbis, 1984. Tomo I, VIII, pág. 24

[5] Séneca: “De la tranquilidad del ánimo”, Cap. XV, pág. 76, en “Páginas escogidas de Séneca”, en María Zambrano: “El pensamiento vivo de Séneca”

sábado, 26 de noviembre de 2022

ESTAMOS ALARGANDO EL SIGLO XIX


 

Ortega resalta cómo del siglo XIX heredamos una forma de mirar que llevaba a explicar lo más alto por lo más bajo y lo mejor por lo peor. Y así, dice, por ejemplo: “El siglo XIX ha tendido en todos los órdenes y problemas a explicar los fenómenos normales como formas incipientes de lo patológico (…) Esta predilección por lo patológico emana simplemente del pesimismo preconcebido, de la acritud y omnímodo resentimiento que actuaban en los senos del alma europea durante la pasada centuria”[1]. Esta tendencia ya empezó en el siglo XVIII con Rousseau, para el cual el estado de salvajismo es el genuino y natural del hombre, y la civilización, una degradación suya. Marx explica la historia por la lucha egoísta de intereses económicos contrapuestos. Por otro lado, dice Ortega de Darwin que “cree haber conseguido aprisionar lo vital –nuestra última esperanza– dentro de la necesidad física. La vida desciende a no más que materia. La fisiología a mecánica”(2). Por si fuera poco, Freud, dicho un poco a lo bruto, considera la civilización un subproducto de la represión del deseo de matar al padre para acostarse con la madre. Aun antes, Rudolf Clausius enunció el segundo principio de la termodinámica, que establece que el Universo se mueve tratando de regresar a la muerte térmica… Más cerca de nosotros, los artistas conceptuales vinieron a decir que arte es lo que a cada cual se le ocurra que es arte. Y Richard Dawkins, que la unidad fundamental de la evolución es el gen, y que la sucesión de generaciones de personas es el recurso que utiliza el gen para encontrarse consigo mismo una generación más tarde. Oponiéndose a todo esto, Ortega dirá que “La vida es en (el hombre) –a diferencia de lo que es en el animal– un instinto frenético hacia lo óptimo”[3].



[1] Ortega y Gasset: “Las Atlántidas”, O. C. Tº 3, p. 292.

[2] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1, p. 399-400.

[3] Ortega y Gasset: “La ‘Filosofía de la Historia’ de Hegel y la historiología”, O. C. Tº IV, Madrid, Alianza, 1983, p. 522

jueves, 24 de noviembre de 2022

SI VIVIR HUMANAMENTE SIGNIFICA IR DETRÁS DE UNA FINALIDAD, ¿POR QUÉ LA VIDA DEL UNIVERSO VA A SER ALGO DIFERENTE?


 

“No realices ningún acto al azar, ni de otra manera que de acuerdo con un principio que perfeccione el arte” (Marco Aurelio, el emperador filósofo[1]).

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“Se ultraja a sí misma el alma del hombre, (…) cuando deja escapar algún acto o impulso propio sin ningún objetivo, y por el contrario realiza cualquier cosa al azar o inconsecuentemente, siendo preciso como lo es que hasta los más pequeños actos se produzcan con referencia a alguna finalidad” (Marco Aurelio[2]).

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 “Vivir según capricho es de plebeyo; el noble aspira a ordenación y a ley” (Goethe[3]).

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“El fenómeno que llamamos “hacer” se diferencia del simple ejercicio de una actividad con el que se suele confundir. La actividad, cualquiera que ella sea, incluso la más inteligente, se ejercita “mecánicamente”, automáticamente. Ahora bien, solo puede decirse que el hombre “hace” algo, cuando sus actividades son disparadas y ejercitadas por algo y para algo” (Ortega y Gasset[4]).

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“Mira derechamente adonde se encamina la naturaleza: la universal, mediante lo que te pasa a ti; la tuya propia, mediante lo que tú haces” (Marco Aurelio[5]).



[1] Marco Aurelio: “Meditaciones”, Madrid, Alianza Editorial, 1985, Lº IV, &2, pág. 45.

[2] Marco Aurelio: “Meditaciones”, Madrid, Alianza Editorial, 1985, Lº II, & 16, pág. 34.

[3] Goethe citado por Ortega en “Personas, obras, cosas”, O. C. Tº 1, p. 446.

[4] Ortega y Gasset: “Tesis para un sistema de filosofía”, O. C. Tº 12, Madrid, Alianza, 1983, p. 131.

[5] Marco Aurelio: “Meditaciones”, Madrid, Alianza Editorial, 1985, Lº VII, & 54, pág. 94.

martes, 22 de noviembre de 2022

LA DUDA COMO SÍNTOMA DE FORTALEZA INTELECTUAL Y MORAL

 

No hablamos de la duda del asno de Buridán, que, indeciso entre comer de un cesto de heno para saciar su hambre y beber de un caldero de agua que apagara su sed, acabó muriendo de hambre y de sed. La duda siempre se constituye a partir de dos opciones que se presentan asimétricas, y entre las cuales es preciso apostar por la que parece mejor.

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 “El vigor intelectual de un hombre, como de una ciencia, se mide por la dosis de escepticismo, de duda que es capaz de digerir, de asimilar. La teoría robusta se nutre de duda y no es la confianza ingenua que no ha experimentado vacilaciones; no es la confianza inocente, sino más bien la seguridad en medio de la tormenta, la confianza en la desconfianza. Ciertamente que es aquélla, la confianza, la que queda triunfando de ésta y sobre ella, quien mide el vigor intelectual. En cambio, la duda no sojuzgada, la desconfianza no digerida es... «neurastenia».” (Ortega y Gasset[1]).

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“La verdadera ciencia enseña, ante todo, a dudar y a ignorar” (Miguel de Unamuno[2]).

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 “Al nacimiento y perpetuo renacimiento de la filosofía asiste siempre inexorable sólo un hada, el hada más fea: la duda” (Ortega y Gasset[3]).



[1] Ortega y Gasset: “¿Qué es filosofía?”, O. C. Tº 7, p. 302.

[2] Miguel de Unamuno: “Del sentimiento trágico de la vida”, Madrid, Espasa Calpe, 1967, p. 75.

[3] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C. Tº 12, p. 160.

domingo, 20 de noviembre de 2022

En qué se parecen un LOCO y un GENIO


 

¿En qué consiste la locura? ¿En qué consiste la genialidad? ¿Cuáles son las causas de la locura y de la genialidad? ¿Es cierto que hay alguna sintonía entre ellas? Schopenhauer decía, por lo menos, que el genio está más cerca del loco que de la gente normal. Podríamos empezar por decir que tanto genios como locos se salen del carril de las asociaciones mentales habituales, las que a la mayoría nos lleva a aceptar el orden que en el caos que de partida es el universo imponen los conceptos, las generalizaciones que nos sirven para clasificar las innumerables cosas individuales. Locos y genios son especialmente originales a la hora de asociar unas cosas con otras. Evidentemente, esa originalidad discurre por caminos normalmente contrapuestos, aunque la peculiaridad de que existan genios que a la vez están locos añade dosis de intriga respecto de cuáles son los derroteros por los que discurre la mente humana.

viernes, 18 de noviembre de 2022

ALGO EN NOSOTROS ESTÁ PREPARADO PARA ACOGER LO MISTERIOSO

 


 “Ni la ley moral, ni la idea de Dios, ni religión alguna le han llegado al hombre del exterior, como caídas del cielo; al contrario, el hombre, desde su origen, lleva todo esto en sí, y es por ello por lo que extrayéndolo de sí mismo, lo recrea siempre de nuevo” (Carl G. Jung[1]).

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“El hombre es, tenga de ello ganas o no, un ser constitutivamente forzado a buscar una instancia superior” (Ortega y Gasset[2]).

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“Aparte de señalarnos el cielo todos esos cambios útiles —climas, horas, días, años, milenios—, útiles pero triviales, nos señala, por lo visto, con su nocturna presencia patética, donde tiemblan las estrellas, no se sabe por qué estremecidas, la existencia gigante del Universo, de sus leyes, de sus profundidades y la ausente presencia de alguien, de algún Ser prepotente que lo ha calculado, creado, ordenado, aderezado” (Ortega y Gasset[3]).

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Además de nuestra parte racional, que sigue fielmente los senderos que abren los silogismos y los pensamientos utilitarios, hay otra parte de lo que somos que está preparada para activarse en presencia de lo misterioso. Esta parte permanece en estado de latencia hasta que es avivada por distintas emociones: el asombro, el sobrecogimiento, el arrobamiento, a veces el pavor o algo que invita a postrarse. El que, sin embargo, se queda en esa otra percepción, la que, por ejemplo, encaja en las leyes que tiene previstas la ciencia, mantiene ignorada o desatendida esa parte de lo que somos que busca tener algo ante lo que sentirse sobrepasado.



[1] Carl G. Jung: “Los complejos y el inconsciente”, Madrid, Alianza, 1970, p. 307.

[2] Ortega y Gasset: “La rebelión de las masas”, O. C. Tº 4, p. 117.

[3] Ortega y Gasset: “El hombre y la gente”, O. C. Tº 7, p. 123.


miércoles, 16 de noviembre de 2022

LAS INSUFICIENCIAS DE LA VERDAD CIENTÍFICA

 

“La educación agnóstica del siglo pasado debilitó el afán nativo en el hombre de buscar lo «definitivo», los puntos cardinales para la existencia, y se habituó la mente a moverse entre penultimidades, que al ser sólo esto carecen de necesidad y se presentan como meras cosas plausibles que se pueden tomar o dejar o canjear entre sí. Ejemplo máximo: la ciencia física. Es ella, sin duda, admirable; pero como no resuelve los últimos problemas ni fundamenta el último sentido de sí misma, es perfectamente razonable que un hombre se desentienda de ella. Lo mismo la técnica. El automóvil es un aparato magnífico para ir de prisa de aquí a Socuéllamos. Pero, señor, ¡si yo no tengo nada que hacer en Socuéllamos!” (Ortega y Gasset[1]).

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“La «verdad científica» es una especie exquisita de verdad; es, en un determinado sentido, la verdad de más quilates. Esta superior calidad proviene de que la verdad científica es exacta y es rigorosamente comprobable. A su vez, esta exactitud y esta facultad de ser comprobada provienen de ciertos métodos y condiciones que se emplean para descubrirla (…) (Pero) la ciencia logra fabricar una clase ejemplar de verdades, gracias a que renuncia a resolver los problemas fundamentales. Así la física descubrirá las leyes rigorosísimas según las cuales acontecen las modificaciones de la materia, pero no nos dirá nunca de dónde procede la materia. La biología llegará a averiguar con suficiente rigor cómo funciona el ojo para ver y el estómago para digerir, pero no nos revelará nunca qué es la vida misma del organismo y cómo se origina. Más aún: de no intentar resolver tan graves y últimos problemas, ha venido a hacer su virtud máxima. Los métodos que emplea son exactos, pero incapaces de responder a las postreras preguntas” (Ortega y Gasset[2]).



[1] Ortega y Gasset: “Revés de almanaque”, en “El Espectador”, Vol. 8, O. C. Tº 2, p. 721.

[2] Ortega y Gasset: “Pleamar filosófica”. O. C. Tº 3, p. 345.

lunes, 14 de noviembre de 2022

ESTAMOS EN CRISIS PORQUE NO TENEMOS MUNDO FIRME QUE PISAR

 


“Mundo significa un orden unitario de las cosas (…) Es el ser de todas las cosas articulado en un ser universal. Mundo es orden, estructura, ley y comportamiento definido de las cosas; una absoluta variación no sería mundo” (Ortega y Gasset[1]).

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“(Hoy) nada es permanente: la razón se identifica con la sucesión y con la alteridad. La modernidad (…) se identifica con el cambio (…) No nos rige el principio de identidad ni sus enormes y monótonas tautologías, sino la alteridad y la contradicción, la crítica en sus vertiginosas manifestaciones. En el pasado, la crítica tenía por objeto llegar a la verdad; en la edad moderna, la verdad es crítica. El principio que funda a nuestro tiempo no es una verdad eterna, sino la verdad del cambio” (Octavio Paz[2]).

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“Este tipo de vida para el que vivir es insistir en lo recibido, es el tradicionalismo. Pero he aquí que en el Renacimiento, de pronto, vira sobre sí mismo el corazón europeo, y se invierte la actitud de los espíritus. Todas esas tradiciones, todo eso recibido empieza a aparecer insuficiente, infundado, torpe, absurdo. Las gentes comienzan a sentir que la vida solo tiene valor si lucha contra todo eso, si se libera de todo eso. Llevamos sobre todo tres siglos durante los cuales para las gentes vivir era libertarse de algo, de alguna tradición. Por tanto, llevamos tres siglos (…) de combate contra lo constituido como tal, contra la autoridad política, contra el dogma religioso, contra el escolasticismo científico, contra la norma poética (…) (Se ha impuesto un) sentido de la vida como un esfuerzo negador” (Ortega y Gasset[3]).



[1] Ortega y Gasset: “Unas lecciones de metafísica”, O. C. Tº 12, pp. 95-96.

[2] Octavio Paz: “Los hijos del limo”, paz-octavio-los-hijos-del-limo.pdf , p. 138.

[3] Ortega y Gasset: “En un banquete en su honor en ‘Pombo’”, O. C. Tº 6, p. 228.


sábado, 12 de noviembre de 2022

PENSAR ES REFERIR LAS COSAS A SU FORMA DE SER PERFECTA

 

Salvador Dalí: "Mirage" (1946)

“Pensar es, quiérase o no, exagerar. Quien prefiera no exagerar tiene que callarse; más aún: tiene que paralizar su intelecto y ver la manera de idiotizarse” (Ortega y Gasset[1]).

(Es así porque el concepto, la idea redondea la cosa por él expresada refiriéndola a su modo de ser perfecto. Las cosas son aproximaciones a su platónico (y exagerado) ser ideal, el que, para entenderla, construye el pensamiento)

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“La misión del pensamiento es construir ejemplaridades; quiero decir, destacar entre las figuras infinitas que la realidad presenta aquellas en que, por su mayor pureza, esa realidad se hace más patente. Una vez entendida en su caso ejemplar, la realidad se esclarece también en sus formas turbias, confusas y deficientes, que son las de mayor frecuencia (…) En el orden humano al menos, lo depravado, lo torpe y lo trivial son parásitos tenaces de la perfección. No se le dé vueltas: el médico dañino vive gracias al egregio, y si hay tantos malos escritores es porque ha habido algunos buenos” (Ortega y Gasset[2]).

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“Es condición de toda realidad pasar por estos dos aspectos de sí misma: lo que es cuando es con plenitud o en perfección y lo que es cuando es ruina. Para usar un espléndido término del deportismo actual, que hubiera entusiasmado a Platón —¡claro, como que viene de él!—; para usar, digo, un término deportivo, al ser con plenitud y en perfección le llamaremos «ser en forma». Y así opondremos el «ser en forma» al «ser ruina». Pues como harían ustedes mal en definir a un hombre según su apariencia cuando le vieron enfermo, el Teatro y toda realidad deben ser definidos según su «ser en forma» y no en sus modos deficientes y ruinosos. Aquél explica y aclara éstos, pero no al revés. Quien no ha visto más que malas corridas de toros —y casi todas lo son— no sabe lo que es una corrida de toros; quien no ha tenido la suerte de encontrar en su vida una mujer genialmente femenina no sabe lo que es una mujer” (Ortega y Gasset[3]).



[1] Ortega y Gasset: “La rebelión de las masas”, O. C. Tº 4, p. 236.

[2] Ortega y Gasset: “Prólogo a ‘Veinte años de caza mayor’, del conde  de Yebes”, O. C. Tº 6, p. 462.

[3] Ortega y Gasset: “Idea del teatro”, O. C. Tº 7, p. 447.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Nos es imprescindible la seguridad, pero TODO ES INSEGURO


 

¿Qué es la inseguridad? ¿Cuáles son las causas de la inseguridad? ¿Y cuáles las consecuencias? ¿Cómo repercute la inseguridad en la baja autoestima? La inseguridad es el estado basal de la vida humana: si lo contrario, la sensación de estar seguro, equivale a la confianza en que las cosas, personas o situaciones que nos identifican seguirán estando ahí mañana, podemos concluir con contundencia que nada es seguro, que todo lo que sostiene nuestro ser está sujeto a cambios, es, a la larga, inconsistente e imprevisible. Y sin embargo, ¿qué es la vida sino el proceso que ponemos en marcha para alcanzar cotas de seguridad, de identidad en las que poder instalarnos? Más aún: ¿seguiría habiendo vida si ya nada amenazase nuestra identidad, si consiguiéramos llegar al paraíso terrenal en el que todo fuera seguro y ya nada nos preocupase?

martes, 8 de noviembre de 2022

NUESTROS LOGROS SON ETAPAS EN EL CAMINO HACIA LO QUE AÚN NOS FALTA

 

“Sólo tras de haberse señalado un fin lejano aparecen las finalidades inmediatas. Esa lejana luz es claridad que recae sobre las circunstancias inmediatas y las ordena, las hace cobrar sentido” (María Zambrano[1]).

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“Lo próximo, el objeto que vemos en nuestra inmediatez, se nos presenta desde luego destacando sobre un fondo de otras cosas más distantes; esto es, sobre el fondo de un horizonte” (Ortega y Gasset[2]).

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“El auténtico ser de cada hombre no es una realidad que desde luego le constituye, sino una especie de figura imaginaria, de proyecto irreal, de inexistente aspiración que se ve comprometido a realizar –por tanto (…) cada uno de nosotros es propiamente algo que aún no es, que se halla siempre en un futuro problemático: no es un factum, sino un faciendum; no es una cosa, sino una empresa” (Ortega y Gasset[3]).

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“El yo está volado sobre el porvenir, va delante de todo lo que ya es, delante, pues, de nuestro presente, del cual constantemente se dispara hacia lo que aún no es. De suerte que el modo de estar en el presente nuestro yo es un constante estar viniendo a él desde el futuro” (Ortega y Gasset[4]).



[1] María Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, p. 44.

[2] Ortega y Gasset: “Una interpretación de la historia universal”. O. C., Tº 9, pp. 17-18.

[3] Ortega y Gasset: “Sobre un Goethe bicentenario”, O. C. Tº 9, p. 558.

[4] Ortega y Gasset: “Goya”, O. C. Tº 7, p. 551.

domingo, 6 de noviembre de 2022

TODO TIENDE A LA UNIDAD… PERO NUNCA LLEGARÁ A ALCANZARLA

 

Llegar a formular un concepto exige abstraerse de las realidades concretas e individuales y ponerse a caminar hacia el punto en el que todas las cosas se fundieran virtualmente en una unidad. En el momento inicial de ese proceso, no se ha adquirido todavía una mínima capacidad de abstracción y uno está atrapado en la percepción de cosas concretas. Es lo que le ocurre al niño y, por esa misma vía, al esquizofrénico, como decía el psiquiatra Kurt Goldstein: “Para el esquizofrénico no es posible pensar de manera general en la mesa; siempre piensa en una mesa en particular. (No puede) concebir el concepto de ‘la mesa’ independientemente de (una) mesa real”(1). También hacía gala, de algún modo, de esa incapacidad Fernando Pessoa, que no andaba lejos del modo de pensar esquizofrénico cuando decía: “No hay normas. Todos los hombres son excepciones a una regla que no existe”[2]. Desde esa posición inicial en la que no ha comenzado todavía a ejercitarse la abstracción, se pone en marcha el proceso que todo lo empuja mentalmente hacia la unidad; como dice Ortega: “Comprender es, por lo pronto, simplificar, sustituir la infinidad de los fenómenos por un repertorio finito de ideas”[3]. En ese proceso inacabable que empieza en el caos de lo innumerable y disperso, los conceptos son áreas de descanso en las que encontramos leyes en las que alojar algunos trozos de certidumbre y previsibilidad. Como dice María Zambrano: “Una de las funciones de los conceptos es tranquilizar al hombre que logra poseerlos. En la incertidumbre que es la vida, los conceptos son límites en que encerramos las cosas, zonas de seguridad en la sorpresa continua de los acontecimientos”[4].



[1] Citado por Louis A. Sass en “Locura y modernismo”, Madrid, Dykinson, 2014, p. 523 (nota).

[2] Pessoa, Fernando: “Aforismos”, Buenos Aires, Emecé, 2005.

[3] José Ortega y Gasset: “El Espectador” Vol. VIII, O. C. Tº 2, Madrid, Alianza, 1983, p. 670.

[4] María Zambrano: “Senderos”, Barcelona, Anthropos, 1986, pág. 87.


viernes, 4 de noviembre de 2022

LA VERDAD NO ESTÁ AL ALCANCE DE LOS SENTIDOS, Y SOLO PUEDE SER SUGERIDA CON METÁFORAS

 

 “El lenguaje no cubre nunca con exactitud la idea; por tanto (...) toda expresión es metáfora (...) Pues si lo que decimos no coincide exactamente con lo que pensamos, ha de entenderse que meramente lo sugiere. Y ese decir que es sugerir es la metáfora” (Ortega y Gasset[1]).

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 “Los grandes problemas filosóficos requieren una táctica similar a la que los hebreos emplearon para tomar a Jericó y sus rosas íntimas: sin ataque directo, circulando en torno lentamente, apretando la curva cada vez más y manteniendo vivo en el aire son de trompetas dramáticas”(Ortega y Gasset[2]). “Por eso, todos los asuntos que toquemos, aun los que tengan un primer aspecto más bien literario, reaparecerán una vez y otra en círculos posteriores de radio más estrecho y exigente. Con frecuencia hallarán ustedes que lo que un día tuvo sólo el cariz de una pura frase o de un adorno metafórico, surgirá otro día con el más grave gesto de rigoroso problema” (Ortega y Gasset[3]).

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“Quien quiera enseñarnos una verdad que no nos la diga: simplemente que aluda a ella con un breve gesto, gesto que inicie en el aire una ideal trayectoria, deslizándonos por la cual lleguemos nosotros mismos hasta los pies de la nueva verdad (…) Quien quiera enseñarnos una verdad, que nos sitúe de modo que la descubramos nosotros” (Ortega y Gasset[4]).



[1] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C. Tº 12,  pág. 38

[2] Ortega y Gasset: “¿Qué es filosofía?”, O. C. Tº 7, p. 279.

[3] Ortega y Gasset: “¿Qué es filosofía?”, O. C. Tº 7, p. 288.

[4] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1º, p. 336.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Por donde más intensamente discurre la vida es a través de la CAPACIDAD DE ASOMBRO


 

“Hay una ecuanimidad y una tranquilidad de espíritu que solo pueden ser logradas mediante el contacto con lo sublime. El sentimiento más hermoso que podemos experimentar (dijo Einstein) es lo misterioso (…) La mezquina rutina de los problemas diarios (…) tiende a embotar nuestra sensibilidad para el goce de la grandeza y de lo maravilloso. Pero el verdadero artista, el verdadero científico, nunca pierde esta facultad; es la esencia de su ser, buscar cosas nuevas desconocidas” (Hans Selye, médico creador del concepto de “estrés”[1]).

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“El estremecimiento es la parte mejor de la humanidad. Por mucho que el mundo se haga familiar a los sentidos, siempre sentirá lo enorme profundamente conmovido” (Goethe[2]).

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“Mil cosas pasan en nuestro derredor que no acertamos a explicar: nos envuelve lo desconocido. Podrá la agitación y el ruido de la vida cotidiana acallar esas voces indistintas que nos llegan no se sabe de dónde, porque en esa existencia atropellada y resonante hasta nos olvidamos de nosotros mismos y no oímos nuestras más íntimas ideaciones; pero en cuanto nos quedamos solos se erguirá a nuestro lado el «misterio», como un compañero sombrío, mudo, que ignoramos de dónde viene y hace camino con nosotros. Aunque cultivemos el escepticismo más perfecto, aunque empapemos los sentidos en todos los placeres, aunque cerremos a fuerza de razonamiento las ventanas de nuestro interior, el «misterio» nos acosará, nos atormentará, murmurará en derredor como un enjambre de abejas invisibles” (Ortega y Gasset[3]).

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“Mas voy a oriente y no está allí,

a occidente, y no doy con Él.

Lo busco en el norte y no lo encuentro,

en el sur, y no alcanzo a verlo”

(Job, cap. 23, versículos 8 y 9)



[1] Hans Selye: “La tensión en la vida (el stress)”, Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora, 1960, p. 296.

[2] Citado en Rudolf Otto: “Lo santo”, Madrid, Alianza, 1980, p. 7.

[3] Ortega y Gasset: “El poeta del misterio”, O. C. Tº 1, p. 29.