martes, 22 de noviembre de 2022

LA DUDA COMO SÍNTOMA DE FORTALEZA INTELECTUAL Y MORAL

 

No hablamos de la duda del asno de Buridán, que, indeciso entre comer de un cesto de heno para saciar su hambre y beber de un caldero de agua que apagara su sed, acabó muriendo de hambre y de sed. La duda siempre se constituye a partir de dos opciones que se presentan asimétricas, y entre las cuales es preciso apostar por la que parece mejor.

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 “El vigor intelectual de un hombre, como de una ciencia, se mide por la dosis de escepticismo, de duda que es capaz de digerir, de asimilar. La teoría robusta se nutre de duda y no es la confianza ingenua que no ha experimentado vacilaciones; no es la confianza inocente, sino más bien la seguridad en medio de la tormenta, la confianza en la desconfianza. Ciertamente que es aquélla, la confianza, la que queda triunfando de ésta y sobre ella, quien mide el vigor intelectual. En cambio, la duda no sojuzgada, la desconfianza no digerida es... «neurastenia».” (Ortega y Gasset[1]).

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“La verdadera ciencia enseña, ante todo, a dudar y a ignorar” (Miguel de Unamuno[2]).

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 “Al nacimiento y perpetuo renacimiento de la filosofía asiste siempre inexorable sólo un hada, el hada más fea: la duda” (Ortega y Gasset[3]).



[1] Ortega y Gasset: “¿Qué es filosofía?”, O. C. Tº 7, p. 302.

[2] Miguel de Unamuno: “Del sentimiento trágico de la vida”, Madrid, Espasa Calpe, 1967, p. 75.

[3] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C. Tº 12, p. 160.

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