domingo, 6 de noviembre de 2022

TODO TIENDE A LA UNIDAD… PERO NUNCA LLEGARÁ A ALCANZARLA

 

Llegar a formular un concepto exige abstraerse de las realidades concretas e individuales y ponerse a caminar hacia el punto en el que todas las cosas se fundieran virtualmente en una unidad. En el momento inicial de ese proceso, no se ha adquirido todavía una mínima capacidad de abstracción y uno está atrapado en la percepción de cosas concretas. Es lo que le ocurre al niño y, por esa misma vía, al esquizofrénico, como decía el psiquiatra Kurt Goldstein: “Para el esquizofrénico no es posible pensar de manera general en la mesa; siempre piensa en una mesa en particular. (No puede) concebir el concepto de ‘la mesa’ independientemente de (una) mesa real”(1). También hacía gala, de algún modo, de esa incapacidad Fernando Pessoa, que no andaba lejos del modo de pensar esquizofrénico cuando decía: “No hay normas. Todos los hombres son excepciones a una regla que no existe”[2]. Desde esa posición inicial en la que no ha comenzado todavía a ejercitarse la abstracción, se pone en marcha el proceso que todo lo empuja mentalmente hacia la unidad; como dice Ortega: “Comprender es, por lo pronto, simplificar, sustituir la infinidad de los fenómenos por un repertorio finito de ideas”[3]. En ese proceso inacabable que empieza en el caos de lo innumerable y disperso, los conceptos son áreas de descanso en las que encontramos leyes en las que alojar algunos trozos de certidumbre y previsibilidad. Como dice María Zambrano: “Una de las funciones de los conceptos es tranquilizar al hombre que logra poseerlos. En la incertidumbre que es la vida, los conceptos son límites en que encerramos las cosas, zonas de seguridad en la sorpresa continua de los acontecimientos”[4].



[1] Citado por Louis A. Sass en “Locura y modernismo”, Madrid, Dykinson, 2014, p. 523 (nota).

[2] Pessoa, Fernando: “Aforismos”, Buenos Aires, Emecé, 2005.

[3] José Ortega y Gasset: “El Espectador” Vol. VIII, O. C. Tº 2, Madrid, Alianza, 1983, p. 670.

[4] María Zambrano: “Senderos”, Barcelona, Anthropos, 1986, pág. 87.


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