lunes, 17 de enero de 2022

NUEVA VUELTA DE TUERCA PARA INTENTAR ENTENDER QUÉ ES, QUIÉN SOY, “YO” (ESE TAN ESCURRIDIZO SER)





     Volvamos a la carga ahora que, con el último vídeo, estamos en situación. Pongámonos esta vez gramáticos para decir que la conciencia (o el pensamiento, el cogito de Descartes) es un sujeto sin predicado, anterior a todo predicado; mientras que el "yo" (mejor "yo" a secas, sin "el") es, soy, un sujeto siempre vinculado a un predicado, a una circunstancia, nunca estoy al margen de alguna circunstancia, siempre “yo” estoy referido a algo que no soy yo. Es decir, que yo siempre soy yo y mi circunstancia, y desligarme de esta es abstraerme, salirme de lo real, igual que las matemáticas hacen inventando los números, que ni tú ni yo hemos conseguido ver nunca en el mundo real. “Yo” no existo como ser autónomo del mundo, solitario, prefijado, sustancial.

     Y (por si fuera poco) mi circunstancia no está hecha de "cosas" propiamente dichas. "Cosa", tal y como nuestra cultura entiende ese concepto, sería asimismo un predicado independiente de cualquier sujeto... y no, esas "cosas", invento y herencia de nuestros padres griegos (y desde ahí, así las seguimos entendiendo), son también abstracciones que hacemos para tratar de entender lo que primariamente (antes de que las cosas se vuelvan artificialmente independientes de nosotros) tenemos a nuestro alrededor. La circunstancia, el predicado, necesita de mí, del sujeto, para ser. Las cosas, antes de ser solo predicados, entes autónomos y completos en sí mismos, es decir, abstracciones, como los números, estaban referidas a mí, eran predicados de mi “yo” (de cada “yo”), que soy el sujeto al que, antes de todo eso, están referidas.


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