miércoles, 2 de noviembre de 2022

Por donde más intensamente discurre la vida es a través de la CAPACIDAD DE ASOMBRO


 

“Hay una ecuanimidad y una tranquilidad de espíritu que solo pueden ser logradas mediante el contacto con lo sublime. El sentimiento más hermoso que podemos experimentar (dijo Einstein) es lo misterioso (…) La mezquina rutina de los problemas diarios (…) tiende a embotar nuestra sensibilidad para el goce de la grandeza y de lo maravilloso. Pero el verdadero artista, el verdadero científico, nunca pierde esta facultad; es la esencia de su ser, buscar cosas nuevas desconocidas” (Hans Selye, médico creador del concepto de “estrés”[1]).

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“El estremecimiento es la parte mejor de la humanidad. Por mucho que el mundo se haga familiar a los sentidos, siempre sentirá lo enorme profundamente conmovido” (Goethe[2]).

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“Mil cosas pasan en nuestro derredor que no acertamos a explicar: nos envuelve lo desconocido. Podrá la agitación y el ruido de la vida cotidiana acallar esas voces indistintas que nos llegan no se sabe de dónde, porque en esa existencia atropellada y resonante hasta nos olvidamos de nosotros mismos y no oímos nuestras más íntimas ideaciones; pero en cuanto nos quedamos solos se erguirá a nuestro lado el «misterio», como un compañero sombrío, mudo, que ignoramos de dónde viene y hace camino con nosotros. Aunque cultivemos el escepticismo más perfecto, aunque empapemos los sentidos en todos los placeres, aunque cerremos a fuerza de razonamiento las ventanas de nuestro interior, el «misterio» nos acosará, nos atormentará, murmurará en derredor como un enjambre de abejas invisibles” (Ortega y Gasset[3]).

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“Mas voy a oriente y no está allí,

a occidente, y no doy con Él.

Lo busco en el norte y no lo encuentro,

en el sur, y no alcanzo a verlo”

(Job, cap. 23, versículos 8 y 9)



[1] Hans Selye: “La tensión en la vida (el stress)”, Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora, 1960, p. 296.

[2] Citado en Rudolf Otto: “Lo santo”, Madrid, Alianza, 1980, p. 7.

[3] Ortega y Gasset: “El poeta del misterio”, O. C. Tº 1, p. 29.

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