viernes, 28 de abril de 2023

POR QUÉ EL HOMBRE, SALVO EXCEPCIONES, ES OPTIMISTA

Optimismo sería el espíritu con el que el pescador lanza el sedal al río esperando que pique, digámoslo así, una buena posibilidad que pase por allí. Un pescador pesimista, que augure que no va a pescar nada, acabará quedándose en casa aburriéndose.

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“El espíritu guerrero parte de (…) un sentimiento de confianza en sí mismo y en el mundo que nos rodea. No es extraño que condujese a una concepción optimista del universo (…) El ánimo guerrero, lleno de magnífico apetito vital, se traga la existencia sin pestañear, con todo su dolor y su riesgo dentro. Son éstos reconocidos de tal suerte como esenciales a la vida, que no se ve en ellos la menor objeción contra ésta, y, en consecuencia, se cuenta con ellos y, en vez de organizar las cosas con la casi exclusiva mira de evitarlos, se los acepta. Esta aceptación del peligro que lleva, no a evitarlo, sino a correrlo, es precisamente el hábito guerrero, es la casa como castillo” (Ortega y Gasset[1]).

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“Todas las experiencias sufridas, todos los desencantos, todas las angustias que ha padecido desde hace un millón de años, no han sido capaces de impedir que el hombre en primer movimiento sea optimista. El sencillo fenómeno tiene una trascendencia que no es fácil exagerar. Porque hay sobradas razones para que el hombre no sea optimista y no hay ninguna para que de suyo, inicialmente y en su más pura espontaneidad, resulte que lo es” (Ortega y Gasset[2]).



[1] Ortega y Gasset: “Notas de vago estío”, en “El Espectador”, Vol. V, O. C. Tº 2, pp. 430-431.

[2] Ortega y Gasset: “Goya”, O. C. Tº 7, p. 512.

3 comentarios:

  1. La verdad nunca lei nada de o.y.g.pero lo pubicado es totalmente cierto. No.lo lo lo

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  2. Si no fuera de esa manera seria un caos

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    1. Seguiré insistiendo en este tema, que creo especialmente fructífero.

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