lunes, 8 de mayo de 2023

POR QUÉ LOS ESPAÑOLES HABLAMOS TAN ALTO

“Lo que los niños llaman cosas son en realidad las siluetas fugitivas que se van dibujando en sus pasiones. Por esto, los niños dan gritos de avecilla corriendo por el sol de los jardines. ¿A qué más? Gritos inarticulados. La articulación es necesaria a la palabra, a fin de aprisionar el contorno preciso y estable de los conceptos, de las imágenes exactas y complejas; mas para expresar una explosión de alegría o de la amargura donde el motivo, la causa, son informes y sin interés, donde lo importante —la realidad interna— es la conmoción del alma toda, lo subjetivo, basta con un grito. El lenguaje de los niños, y en general el de la pasión, es otra forma extrema del lenguaje, en que la palabra, que aun casi no lo es, expresa un mínimo de idea y un máximo de afectividad. Esto es la interjección, o sea el término técnico de las pasiones (…) Toda palabra tiene, pues, dos polos, dos direcciones. Una de éstas la empuja a expresar puramente una idea; la otra tira de ella hacia atrás y la induce a expresar puramente un estado pasional (…) Los improperios son vocablos complejos usados como interjecciones (…) La abundancia de improperios es el síntoma de la regresión de un vocabulario hacia su infancia (…) Es sabido que no existe pueblo en Europa que posea caudal tan rico de vocablos injuriosos, de juramentos e interjecciones, como el nuestro. Según parece, sólo los napolitanos pueden hacernos alguna concurrencia” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “Una primera vista sobre Baroja”, en “El Espectador”, Vol. I, O. C. Tº 2, pp. 106 a 108.

No hay comentarios:

Publicar un comentario