lunes, 29 de agosto de 2022

QUÉ SIGNIFICA LA DECONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD POR LA QUE ABOGAN LOS POSMODERNOS

    A partir del Renacimiento, el mundo empezó a rebajarse a ser solo lo que los sentidos, y en su nombre los laboratorios, decían que era. En arte, con Cézanne (“el padre de todos nosotros”, decía Picasso en nombre de los artistas de vanguardia, los posmodernos del arte) se llegó a un punto en el que se empezó a decidir que la realidad auténtica, y por tanto lo que el artista debía tratar, era solo la que entraba por los ojos, por los sentidos, no la que procedía de las construcciones mentales: “El artista no es más que un receptáculo de sensaciones –decía Cézanne ¡Nada de teorías! (…) Somos un caos irisado (…) El hombre ausente (…) Un cuadro no representa nada, no debe representar, en principio, más que colores”[1].

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PERO DIOS… Y HASTA UNA NARANJA SON CONSTRUCCIONES MENTALES, NO REALIDADES QUE NOS MUESTREN LOS SENTIDOS. PARA ESTOS, EL SOL, DICE DON QUIJOTE, “TIENE EL TAMAÑO DE UNA RODELA”

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    “Hay un primer plano de realidades, el cual se impone a mí de una manera violenta: son los colores, los sonidos, el placer, y dolor sensibles. Ante él mi situación es pasiva. Pero (…) la ciencia, el arte, la justicia, la cortesía, la religión son órbitas de realidad que no invaden bárbaramente nuestras personas, como hace el hambre o el frío; sólo existen para quien tiene la voluntad de ellas. Cuando dice el hombre de mucha fe que ve a Dios en la campiña florecida y en la faz combada de la noche, no se expresa más metafóricamente que si hablara de haber visto una naranja. Si no hubiera más que un ver pasivo quedaría el mundo reducido a un caos de puntos luminosos. Pero hay sobre el pasivo ver un ver activo, que interpreta viendo y ve interpretando; un ver que es mirar. Platón supo hallar para estas visiones que son miradas una palabra divina: las llamó ideas. Pues bien, la tercera dimensión de la naranja no es más que una idea, y Dios es la última dimensión de la campiña” (Ortega y Gasset[2]).

[1] Cézanne citado en Ernst Fischer: “La necesidad del arte”, Madrid, Altaya, 1999, pp. 88-89.

[2] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1, p. 336.

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