“Lo próximo, el objeto que vemos en nuestra
inmediatez, se nos presenta desde luego destacando sobre un fondo de otras
cosas más distantes; esto es, sobre el fondo de un horizonte” (Ortega y Gasset[1]).
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“Sólo tras de haberse señalado un fin lejano aparecen
las finalidades inmediatas. Esa lejana luz es claridad que recae sobre las
circunstancias inmediatas y las ordena, las hace cobrar sentido” (María Zambrano[2]).
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“El conocimiento de cualquier género de realidad que
sea requiere su horizonte adecuado (…) Y cuando no lo hay, sucede que se vive,
en lo que hace a esa realidad, como en sueños” (María Zambrano[3]).
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“Si este horizonte cayera destruido de repente nos encontraríamos
que lo que estábamos mirando en este momento, por insignificante que fuese, se
convertiría en algo terrible, en algo que no nos permitiría ni movernos;
seríamos presa del terror de su presencia” (María Zambrano[4]).
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“El conocimiento de las cosas de la vida, a diferencia
del conocimiento de ‘las
cosas de la naturaleza’ es posible solamente en un horizonte en el cual
el tiempo se descubre dejándolas visibles” (María Zambrano[5]).
[1] Ortega y
Gasset: “Una interpretación de la historia universal”. O. C. Tº 9, Madrid,
Alianza, 1983, pp. 17-18
[2] María
Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, pág. 44.
[3] María
Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, pág. 78.
[4] María
Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, pág. 78.
[5] María
Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, pág. 79.
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