domingo, 1 de enero de 2023

LA VIDA CONSISTE EN CONJUGAR PARADOJAS

 

El núcleo más íntimo del pensamiento, en el cual se decide la manera de entender la vida es la idea que se tenga de lo que es la realidad. ¿Qué es lo que hay, qué es lo que encontramos en nuestro derredor? –se pregunta Ortega, y se contesta:–  Cosas y cambios, cambios y cosas; tan real lo uno como lo otro. ¿Pero esas dos realidades tienen el mismo valor? (…) Porque nos encontramos con que esas dos formas de realidad tienen rasgos opuestos: las cosas son siempre, nos parecen siempre, a una visión pronta e inmediata, lo igual a sí mismo, lo idéntico; en cambio, las mudanzas, los movimientos, son lo no idéntico, lo siempre distinto a sí mismo. Por tanto, esas dos formas primarias de realidad se nos presentan con caracteres opuestos”[1]. De la piedra casi podríamos afirmar taxativamente que es lo que es; solo a base de acumular eones acabaríamos viendo que también ella está sujeta a cambios. Pero el río, como supo ver Heráclito, o la vida humana son y no son, son hoy una cosa y mañana otra, son A y no A. La filosofía lleva veintiséis siglos siguiendo la pauta que inauguró Parménides cuando dijo: “Lo que es, es, y no puede ser de otra manera” (2). Es la vía de la lógica, la que sigue nuestra forma de pensar, que lo hace a través de conceptos, esto es, de identidades: ningún concepto asume la contradicción, es decir, que lo que es no sea. Pero es que esto quiere decir también que una de nuestras partes constitutivas es la necesidad de identidad, por ejemplo, de sentir que somos alguien, un “yo” que de alguna forma permanece. Después del de la cuadratura del círculo, este va a ser el problema más complejo a resolver.



[1] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C. Tº 12, Madrid, Alianza, 1983, p.222.

(2) "De Tales a Demócrito. Fragmentos presocráticos", Madrid, Alianza, 2001.

No hay comentarios:

Publicar un comentario