viernes, 9 de abril de 2021

¿EXISTE DIOS?


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     “Creer en Dios ante todo y sobre todo es querer que le haya” (Miguel de Unamuno[1]).

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     “Los dioses han sido, pueden haber  sido  inventados, pero no la matriz de donde han surgido un día” (María Zambrano[2]).

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  “Dependiendo como depende de nuestra desespe-ración, Dios debería continuar existiendo incluso en presencia de pruebas irrefutables de su inexistencia” (E. M. Cioran[3]).

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     “Dios acoge con los brazos abiertos a los ateos, sus hijos” (E. M. Cioran[4]).

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     “Decir que no hay dioses es decir que las cosas no tienen, además de su constitución material, el aroma, el nimbo de una significación ideal, de un sentido” (Ortega y Gasset[5]).

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     “Creer en un Dios quiere decir ver que con los hechos del mundo no basta. Creer en Dios quiere decir ver que la vida tiene un sentido” (Ludwig Wittgenstein[6]).

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     “«Todo está permitido». Fue usted quien me lo enseñó, la verdad, pues entonces me decía muchas veces: si Dios infinito no existe, tampoco existe ninguna virtud, ni falta que hace” (Smerdiákov a Iván Karamazov[7]).



(0) PORTADA: Ortega y Gasset: “Una interpretación de la historia universal”, O. C. Tº 9, p. 104.

[1] Unamuno: “Del sentimiento trágico de la vida, Madrid, Espasa Calpe, 1967, p. 91.

[2] María Zambrano: “El hombre y lo divino”, México D. F., F. C. E.  p. 32

[3] E. M. Cioran: “De lágrimas y de santos”, Barcelona, Tusquets, 1994, p. 109.

[4] E. M. Cioran: “De lágrimas y de santos”, Barcelona, Tusquets, 1994, p. 80.

[5] Ortega y Gasset: “El Espectador”, Vol. I, O. C. Tº 2, pág. 58

[7] Fiódor Dostoievski: “Los hermanos Karamazov”, Barcelona, Planeta, 1988, p. 794.

 

miércoles, 7 de abril de 2021

LA INDISOLUBLE UNIDAD QUE FORMAN EL CERO Y EL INFINITO


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“Del infinito sueño que es la nada” (Ortega y Gasset[1]).

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     Georges Ifrah dice en su “Historia Universal de las Cifras” que el descubrimiento del cero “constituye el último grado de abstracción”[1], y también, “el concepto más delicado de la historia”[2]. Aún más, refiriéndose a su descubrimiento por los hindúes, dice que fue un acontecimiento “capital, confiriendo al pensamiento humano un potencial de alcance extraordinario. Puede decirse incluso que ninguna otra creación humana ha ejercido tal influencia sobre el desarrollo de la inteligencia”[3]. Fuera de Mesopotamia, la civilización maya y la India (de ésta lo heredamos en Occidente, a través de los árabes y hebreos, en el siglo XII), ninguna otra cultura de la historia ha llegado por sí misma a la idea del cero, si bien aquellas no llegaron a convertirlo en algo aritméticamente operativo: no alcanzó a ser un número, solo un espacio vacío a la espera de ser llenado, precisamente, por un número. Lo cual acaba sirviendo como analogía para la función propulsora que el vacío tiene en Occidente, como, por ejemplo, queda de manifiesto en este enunciado de María Zambrano: “El hombre podría definirse –una de tantas posibles definiciones– como el ser que alberga dentro de sí un vacío (…) un vacío que ha de llenarse”[4]. Si miramos desde esta perspectiva, por tanto, el Ser y la Nada se sostienen mutuamente a través de su perpetua confrontación. Según Lao Tsé, precisamente, “el ser y el no-ser se engendran mutuamente”[5]. El cero es la Nada, y también el soporte sobre el que todo se levanta y sostiene. Antes de que las cosas empiecen a surgir unas de otras, todas ellas han venido de la Nada, y adquieren su entidad en contraste con ella. “Lo que ahora hay era nada antes de ser creado, y de la nada de hoy pueden salir nuevos seres”, dice también María Zambrano[6]. Nietzsche enuncia esta idea en clave algorítmica: “¿Cómo?, ¿andas buscando?, ¿te gustaría decuplicarte, centuplicarte?, ¿andas buscando adeptos? –¡Busca ceros!”[7]. Georges Ifrah abunda en la misma idea[8] al reflexionar a propósito de los diversos significados de la cantidad cero a través de otros significados correlativos del término “vacío”, confluyentes todos ellos con la determinación de que, en el mismo lugar del vacío, algo es, aunque lo sea en forma latente: así, cuando un puesto de la administración está vacante, se está aludiendo a una potencialidad que recubre y da sentido a aquel vacío; este apunta hacia la plenitud aún inexistente. “Estar vacío es llenarse”: es la manera en que Lao Tsé lee esta paradoja[9]. Es precisamente ese lugar del vacío del que hablamos el que, si no es habitado, al menos, por algún producto imaginario, se convierte en foco de enfermedad. El vacío es entonces el heraldo de la muerte.



(0) PORTADA: 01-Antonio Machado: “Proverbios y cantares”, en “Poesías Completas”, Madrid, Espasa-Calpe, 1981, p. 221.

                           02-Cioran: “De lágrimas y de santos”, Barcelona, Tusquets, 1994, p. 67.   

                           03-María Zambrano: “El hombre y lo divino”, México D. F., F. C. E. p. 128.

                           04-Ortega y Gasset: “El hombre y la gente”, O. C., Tº 7, pág. 145.

                           05-Johann W. Goethe: “Fausto”, Madrid, Unidad Editorial, 1999, Parte II, Acto I, p. 257.

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[1] Ortega y Gasset: “Idea del teatro”, O. C. Tº 7, p. 497.

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[1] Georges Ifrah: “Historia Universal de las Cifras”, Madrid, Espasa, 2002, p. 784

[2] Georges Ifrah: “Historia Universal de las Cifras”, Madrid, Espasa, 2002, p. 790.

[3] Georges Ifrah: “Historia Universal de las Cifras”, Madrid, Espasa, 2002, p. 1.026.

[4] María Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, p. 82.

[5] Lao Tsé: “Tao te king”, Barcelona, Ed. Olañeta, 2005, p. 10.

[6] María Zambrano: “Senderos”, Barcelona, Anthropos, 1986, p. 142.

[7] F. Nietzsche: “Crepúsculo de los ídolos”, Madrid, Alianza, 1980, p. 11

[8] Georges Ifrah: “Historia Universal de las Cifras”, Madrid, Espasa, 2002, pp. 1.019-1.020

[9] Lao Tsé: “Tao te king”, Barcelona, Ed. Olañeta, 2005, p. 35.



lunes, 5 de abril de 2021

LA REDENCIÓN DE NUESTROS PECADOS: LA ACEPTACIÓN DE LA REALIDAD


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     “La Filosofía ha sido tradicionalmente razón, el intento de hacer el mundo habitable, rebajando de las esperanzas humanas su delirio, para lograr en cambio aquello que es posible (…) Filosofía es, ha sido más que nada, ‘entrar en razón’” (María Zambrano[1]).

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     “Lo característico de la ciencia, de la moral y del arte es que sus contenidos no son patrimonio individual. Dos y dos son cuatro, no para mí sólo sino para toda criatura inteligente. Cada uno de nosotros tiene sus caprichos, sus amores y odios personales, sus apetitos propios. Mas a la vera de ese mundo sólo nuestro, ese yo individual y caprichoso, hay otro yo que piensa la verdad común a todos, la bondad general, la universal belleza” (Ortega y Gasset[2]),

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     “Reconocer algo como objeto es detenerse ante ello, quedar hechizado, prendido, darle crédito; quedar, en cierto modo, enamorado” (María Zambrano[3]).

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     “No podría haber realidad afirmada en objeto (…) si no hubiese este género de amor hacia la realidad que es capaz de atravesar el fracaso” (María Zambrano[4]).

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     “Al hombre se le parece haber concedido (…) un tiempo para buscarse y una pausa para reconocerse y reconocer, para identificarse” (María Zambrano[5]).



(0) PORTADA: 0A-Ortega y Gasset: “Unamuno y Europa. Fábula”, O. C. Tº 1, 131

                             0B-Ortega y Gasset: “Meditación del pueblo joven”, O. C. Tº 8, p. 390.

                             0C-Ortega y Gasset: “España invertebrada”, O. C. Tº3, pág. 101.

[1] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011, p. 101.

[2] Ortega y Gasset: “La pedagogía social como programa político”, O. C. Tº 1, p. 512.

[3] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Madrid, Alianza, 1987, p. 97.

[4] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Madrid, Alianza, 1987, p. 97.

[5] María Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, p. 150.

sábado, 3 de abril de 2021

EL ODIO: UNA PASIÓN MODERNA


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     “Los comunistas consideran indigno ocultar sus puntos de vista e intenciones. Declaran abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados mediante la subversión violenta de todo orden social preexistente” (Karl Marx y Federico Engels: párrafo final del “Manifiesto Comunista”1-A)

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     “La muerte de un enemigo de clase es el más alto acto de humanidad posible en una sociedad dividida en clases” (Lenin[1]).

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     “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal. Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad” (Ernesto Ché Guevara[2]).

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      “Todo el evangelio de Karl Marx puede resumirse en una sola frase: Odia al hombre que está mejor que tú. Nunca, bajo ninguna circunstancia, admitas que su éxito puede deberse a sus propios esfuerzos, a la contribución productiva que ha hecho a toda la comunidad. Atribuye siempre su éxito a la explotación, a los engaños, a los robos más o menos abiertos de los demás. Nunca, bajo ninguna circunstancia, admitas que tu propio fracaso puede deberse a tu propia debilidad, o que el fracaso de otra persona puede deberse a sus propios defectos: su pereza, incompetencia, imprevisión o estupidez. Nunca creas en la honestidad o desinterés de alguien que no esté de acuerdo contigo.

     Este odio básico es el corazón del marxismo. Esta es su fuerza animadora.” (Henry Hazlitt (1894-1993), filósofo, economista y periodista estadounidense[3])

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      “Acaso la gente busque una alteridad radical, y la mejor forma de lograrla sea el odio, forma desesperada de producción de lo otro (…) La identidad hoy se encuentra en el rechazo” (Jean Baudrillard[4]).

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     “La inconexión es el aniquilamiento. El odio que fabrica inconexión, que aísla y desliga, atomiza el orbe y pulveriza la individualidad” (Ortega y Gasset[5]).

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     “Nos limitamos los unos a los otros; nos distinguimos, nos diferenciamos, y, como advierte Stendhal, diferencia engendra odio; somos progenie del odio y de la enemistad. Homines ex natura hostes (Los hombres son enemigos por naturaleza). De aquí que la labor filosófica por excelencia sea buscar tras esas crueles diferencias y limitaciones una sustancia colectiva, homogénea e idéntica. El magno deber del sabio, historiador o moralista, es intentar la reconstrucción de la unidad fundamental, es ir adobando, tras de la variedad de los hombres, la unidad humana” (Ortega y Gasset[6]).

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0-PORTADA: Ignacio Echevarría: “El odio, una pasión moderna”, en la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 85.

(1-A)-Karl Marx, Federico Engels: "El Manifiesto Comunista", Madrid, Aliaza, 2011.

[1] Citado por Carlos Alberto Montaner: https://bit.ly/31MLL89

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Guerrilla_de_%C3%91ancahuaz%C3%BA

[3] MISES INSTITUTE: https://bit.ly/31HllVb

[4] Jean Baudrillard citado por Ignacio Echevarría en “El odio: una pasión moderna”, de la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 96.

[5] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1, p. 313.

[6] Ortega y Gasset: “Personas, obras cosas”, O. C. Tº 1, p. 455.

jueves, 1 de abril de 2021

EL EXCEDENTE DE DESASOSIEGO QUE PRODUCE LA AUSENCIA DEL PADRE


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     “Todo tigre es un primer tigre; tiene que empezar desde el principio su profesión de tigre. Pero el hombre de hoy no empieza a ser hombre, sino que hereda ya las formas de existencia, las ideas, las experiencias vitales de sus antecesores, y parte, pues, del nivel que representa el pretérito humano acumulado bajo sus plantas. Ante un problema cualquiera, el hombre no se encuentra sólo con su personal reacción, con lo que buenamente a él se le ocurre, sino con todas o muchas de las reacciones, ideas, invenciones que los antepasados tuvieron. Por eso su vida está hecha con la acumulación de otras vidas; por eso su vida es sustancialmente progreso” (Ortega y Gasset(2)).

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     (Recordemos: el psicoanálisis de Freud establece como principal encrucijada de nuestro desarrollo psicológico el complejo de Edipo, según el cual, el padre es ese odioso ser que aparece para impedirnos la deseable unión simbiótica ─incestuosa, dice, en realidad, Freud─ con la madre)

     “El ‘freudismo’ al deshacer la idea del padre y, más que la idea, la trascendencia de la paternidad, no hace sino completar la obra de todas las demás teorías que han ido cortando los hilos que mantenían al hombre enlazado con sus principios, supeditado a sus orígenes. No ha hecho sino perfilar la destrucción del hombre como hijo. Y vivir como hijo es algo específicamente humano, únicamente el hombre se siente vivir desde sus orígenes y se vuelve hacia ellos, reverenciándolos. Y al ser así, ¿no será de temer que al dejar de ser hijos dejemos también de ser hombres?” (María Zambrano[3]).

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     “Esta radical confianza con que mira a la vida quien ha tenido de veras padre, es el estrato más hondo de un ánimo pacífico. Guerra y paz no están sostenidas por el Derecho Internacional” (María Zambrano[4]).

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     Existen casos de resiliencia de personas cuyo padre estuvo ausente de su vida y, sin embargo, se sobreponen con éxito a tal circunstancia. No fue lo que ocurrió con Jean-Paul Sartre, claro ejemplo negativo de lo que dice María Zambrano. Su padre murió cuando él tenía un año. Veamos alguna de sus propias manifestaciones al respecto, realizadas en su obra autobiográfica “Las palabras”:

      “Detesto mi infancia y todo lo que de ella sobrevive” (Jean-Paul Sartre[5])

     “No existe el buen padre, es la regla: no cabe reprochárselo a los hombres, sino al lazo de paternidad, que está podrido. Hacer hijos está muy bien, ¡pero qué iniquidad es tenerlos! Si hubiera vivido, mi padre se habría echado encima de mí con todo su peso y me habría aplastado (…) suscribo gustosamente el veredicto de un eminente psicoanalista: no tengo superyó (…) Nadie en mi familia supo infundirme curiosidad por ese hombre (…) Lo que sé de él nunca ha tenido relación conmigo” (Jean-Paul Sartre[6]). Más adelante sigue diciendo este personaje: “Yo no era consistente ni permanente; yo no era el continuador futuro de la obra paterna (…) en una palabra, no tenía alma” (Jean-Paul Sartre[7]).

     Algunos efectos de su distorsionada infancia sobre su mente parece que pueden deducirse de esto que también dice en su autobiografía que le ocurrió a los nueve años: “Creí tener (dentro de mí) dos voces, una de las cuales —que apenas me pertenecía y no dependía de mi voluntad— dictaba a la otra lo que tenía que decir; decidí que yo era doble. Estas ligeras confusiones persistieron hasta el verano; me agotaban, me irritaban y llegaron a asustarme. «En mi cabeza hay alguien que habla», dije a mi madre, que, por suerte, no se preocupó” (Jean-Paul Sartre[8]).

     Vargas Llosa, apasionado lector de Sartre en su juventud, dice de él: “Sartre es muy sincero y poco le falta para reconocer que, en su caso, la revolución no tiene otro objetivo primordial que borrar de la tierra a esa clase social privilegiada, dueña del capital y del espíritu, en la que nació y contra la que alienta una fobia patológica”[9]. Coincide en esta opinión Vargas Losa con la del estudioso de la vida de Sartre, Ben-Ami Scharfstein, que dice de él: “Su enojo por la ausencia de un padre (…) se (ha) convertido en su denuncia de la sociedad burguesa, para terminar con la cual ha estado de acuerdo en hacer uso de la violencia que formaba parte de sus fantasías infantiles de gobernar el mundo. Como cuando niño, sigue anhelando ser el héroe de una gloriosa aventura que una a aquellos que, como él, han vivido en soledad. Sigue necesitando producir efectos en el mundo real a fin de sentirse a sí mismo real, y purgar la culpa y la falsedad del niño irreal al que no se quiere lo suficiente”[10].

     La actitud de Sartre ante la vida se puede deducir de esta afirmación de Antoine Roquentin, el protagonista de su novela más famosa, “La náusea”: “Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad”[11].



[1] PORTADA: María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011, p. 122

[2] Ortega y Gasset: “Misión del bibliotecario”, O. C. Tº 5, p. 222.

[3] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011, p. 123.

[4] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011 p. 120.

[6] Jean-Paul Sartre: “Las palabras”, Madrid, Alianza-Losada, pp. 15-16.

[8] Jean-Paul Sartre: “Las palabras”, Madrid, Alianza-Losada, p. 146.

[9] https://elpais.com/elpais/2012/12/27/opinion/1356603311_895050.html

[10] Ben-Ami Scharfstein: “Los filósofos y sus vidas”, Madrid, Cátedra, 1984, p. 360.

[11] Jean-Paul Sartre: “La náusea”, Barcelona, Seix Barral, 1983, p. 170.