domingo, 27 de septiembre de 2026

CÓMO SENTAR LAS BASES DE LA LOCURA

“Esa falta de descanso llamada ‘vivir’ (...) Nada es más propio de las criaturas que la fatiga” (CIORAN[1]).

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“Esta búsqueda de mi hogar: oh Zaratustra, lo sabes bien, esta búsqueda ha sido mi aflicción, que me devora. “¿Dónde está mi hogar?” Por él pregunto y busco y he buscado, y no lo he encontrado. ¡Oh eterno estar en todas partes, oh eterno estar en ningún sitio, oh eterno - en vano!» (…) Has perdido la meta: ay, ¿cómo podrás librarte de esa pérdida y consolarte de ella? Al perder la meta - ¡has perdido también el camino!” (NIETZSCHE[2]).

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“No alcanzamos la esfera en que hemos situado nuestros valores, con lo cual (…) estamos cansados, porque hemos perdido el impulso principal. ‘¡Todo ha sido inútil hasta ahora!’ ” (NIETZSCHE[3]).



[1] E. M. Cioran: “El ocaso del pensamiento”, Barcelona, Tusquets, 2000, p.189

[2] Friedrich Nietzsche: “Así habló Zaratustra”, Madrid, Alianza, 1981, p. 367.

[3] Friedrich Nietzsche: “La voluntad de poderío”, Madrid, Edaf, pp. 26-27.

 

viernes, 18 de septiembre de 2026

LA VIDA ESPERA FUERA

“No hay medio de capturar nuestro «yo mismo» en la intimidad. En vez de ponernos a contemplar nuestro interior, salgamos fuera. La vida es precisamente un inexorable ¡afuera!, un incesante salir de sí al Universo. Si yo pudiese vivir dentro de mí, faltaría a lo que llamamos vida su atributo esencial: tener que sostenerse' en un elemento antagónico, en el contorno, en las circunstancias. El hombre es un dentro que tiene que convertirse en un fuera. En este sentido, la vida es constitutivamente acción y quehacer. El dentro, el «sí mismo» no es una cosa espiritual frente a las cosas corporales del contorno (…) (Mi yo) no es una cosa, sino un programa de quehaceres, una norma y perfil de conducta. En el choque enérgico con el fuera brota clara la voz del dentro como programa de conducta. Un programa que se realiza es un dentro que se hace un fuera” (Ortega y Gasset[1]).

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“Este mundo sólo está vacío para quien no sabe orientar su libido hacia los objetos, otorgándoles vida y embelleciéndolos” (Carl Gustav Jung(2)).



[1] Ortega y Gasset: “Goethe desde dentro”, O. C. Tº 4, p. 426.

[2] Carl Gustav Jung: “Símbolos de transformación”, Buenos Aires, Paidós, 1977, p. 186.