sábado, 3 de abril de 2021

EL ODIO: UNA PASIÓN MODERNA


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     “Los comunistas consideran indigno ocultar sus puntos de vista e intenciones. Declaran abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados mediante la subversión violenta de todo orden social preexistente” (Karl Marx y Federico Engels: párrafo final del “Manifiesto Comunista”1-A)

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     “La muerte de un enemigo de clase es el más alto acto de humanidad posible en una sociedad dividida en clases” (Lenin[1]).

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     “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal. Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad” (Ernesto Ché Guevara[2]).

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      “Todo el evangelio de Karl Marx puede resumirse en una sola frase: Odia al hombre que está mejor que tú. Nunca, bajo ninguna circunstancia, admitas que su éxito puede deberse a sus propios esfuerzos, a la contribución productiva que ha hecho a toda la comunidad. Atribuye siempre su éxito a la explotación, a los engaños, a los robos más o menos abiertos de los demás. Nunca, bajo ninguna circunstancia, admitas que tu propio fracaso puede deberse a tu propia debilidad, o que el fracaso de otra persona puede deberse a sus propios defectos: su pereza, incompetencia, imprevisión o estupidez. Nunca creas en la honestidad o desinterés de alguien que no esté de acuerdo contigo.

     Este odio básico es el corazón del marxismo. Esta es su fuerza animadora.” (Henry Hazlitt (1894-1993), filósofo, economista y periodista estadounidense[3])

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      “Acaso la gente busque una alteridad radical, y la mejor forma de lograrla sea el odio, forma desesperada de producción de lo otro (…) La identidad hoy se encuentra en el rechazo” (Jean Baudrillard[4]).

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     “La inconexión es el aniquilamiento. El odio que fabrica inconexión, que aísla y desliga, atomiza el orbe y pulveriza la individualidad” (Ortega y Gasset[5]).

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     “Nos limitamos los unos a los otros; nos distinguimos, nos diferenciamos, y, como advierte Stendhal, diferencia engendra odio; somos progenie del odio y de la enemistad. Homines ex natura hostes (Los hombres son enemigos por naturaleza). De aquí que la labor filosófica por excelencia sea buscar tras esas crueles diferencias y limitaciones una sustancia colectiva, homogénea e idéntica. El magno deber del sabio, historiador o moralista, es intentar la reconstrucción de la unidad fundamental, es ir adobando, tras de la variedad de los hombres, la unidad humana” (Ortega y Gasset[6]).

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0-PORTADA: Ignacio Echevarría: “El odio, una pasión moderna”, en la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 85.

(1-A)-Karl Marx, Federico Engels: "El Manifiesto Comunista", Madrid, Aliaza, 2011.

[1] Citado por Carlos Alberto Montaner: https://bit.ly/31MLL89

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Guerrilla_de_%C3%91ancahuaz%C3%BA

[3] MISES INSTITUTE: https://bit.ly/31HllVb

[4] Jean Baudrillard citado por Ignacio Echevarría en “El odio: una pasión moderna”, de la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 96.

[5] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1, p. 313.

[6] Ortega y Gasset: “Personas, obras cosas”, O. C. Tº 1, p. 455.

jueves, 1 de abril de 2021

EL EXCEDENTE DE DESASOSIEGO QUE PRODUCE LA AUSENCIA DEL PADRE


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     “Todo tigre es un primer tigre; tiene que empezar desde el principio su profesión de tigre. Pero el hombre de hoy no empieza a ser hombre, sino que hereda ya las formas de existencia, las ideas, las experiencias vitales de sus antecesores, y parte, pues, del nivel que representa el pretérito humano acumulado bajo sus plantas. Ante un problema cualquiera, el hombre no se encuentra sólo con su personal reacción, con lo que buenamente a él se le ocurre, sino con todas o muchas de las reacciones, ideas, invenciones que los antepasados tuvieron. Por eso su vida está hecha con la acumulación de otras vidas; por eso su vida es sustancialmente progreso” (Ortega y Gasset(2)).

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     (Recordemos: el psicoanálisis de Freud establece como principal encrucijada de nuestro desarrollo psicológico el complejo de Edipo, según el cual, el padre es ese odioso ser que aparece para impedirnos la deseable unión simbiótica ─incestuosa, dice, en realidad, Freud─ con la madre)

     “El ‘freudismo’ al deshacer la idea del padre y, más que la idea, la trascendencia de la paternidad, no hace sino completar la obra de todas las demás teorías que han ido cortando los hilos que mantenían al hombre enlazado con sus principios, supeditado a sus orígenes. No ha hecho sino perfilar la destrucción del hombre como hijo. Y vivir como hijo es algo específicamente humano, únicamente el hombre se siente vivir desde sus orígenes y se vuelve hacia ellos, reverenciándolos. Y al ser así, ¿no será de temer que al dejar de ser hijos dejemos también de ser hombres?” (María Zambrano[3]).

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     “Esta radical confianza con que mira a la vida quien ha tenido de veras padre, es el estrato más hondo de un ánimo pacífico. Guerra y paz no están sostenidas por el Derecho Internacional” (María Zambrano[4]).

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     Existen casos de resiliencia de personas cuyo padre estuvo ausente de su vida y, sin embargo, se sobreponen con éxito a tal circunstancia. No fue lo que ocurrió con Jean-Paul Sartre, claro ejemplo negativo de lo que dice María Zambrano. Su padre murió cuando él tenía un año. Veamos alguna de sus propias manifestaciones al respecto, realizadas en su obra autobiográfica “Las palabras”:

      “Detesto mi infancia y todo lo que de ella sobrevive” (Jean-Paul Sartre[5])

     “No existe el buen padre, es la regla: no cabe reprochárselo a los hombres, sino al lazo de paternidad, que está podrido. Hacer hijos está muy bien, ¡pero qué iniquidad es tenerlos! Si hubiera vivido, mi padre se habría echado encima de mí con todo su peso y me habría aplastado (…) suscribo gustosamente el veredicto de un eminente psicoanalista: no tengo superyó (…) Nadie en mi familia supo infundirme curiosidad por ese hombre (…) Lo que sé de él nunca ha tenido relación conmigo” (Jean-Paul Sartre[6]). Más adelante sigue diciendo este personaje: “Yo no era consistente ni permanente; yo no era el continuador futuro de la obra paterna (…) en una palabra, no tenía alma” (Jean-Paul Sartre[7]).

     Algunos efectos de su distorsionada infancia sobre su mente parece que pueden deducirse de esto que también dice en su autobiografía que le ocurrió a los nueve años: “Creí tener (dentro de mí) dos voces, una de las cuales —que apenas me pertenecía y no dependía de mi voluntad— dictaba a la otra lo que tenía que decir; decidí que yo era doble. Estas ligeras confusiones persistieron hasta el verano; me agotaban, me irritaban y llegaron a asustarme. «En mi cabeza hay alguien que habla», dije a mi madre, que, por suerte, no se preocupó” (Jean-Paul Sartre[8]).

     Vargas Llosa, apasionado lector de Sartre en su juventud, dice de él: “Sartre es muy sincero y poco le falta para reconocer que, en su caso, la revolución no tiene otro objetivo primordial que borrar de la tierra a esa clase social privilegiada, dueña del capital y del espíritu, en la que nació y contra la que alienta una fobia patológica”[9]. Coincide en esta opinión Vargas Losa con la del estudioso de la vida de Sartre, Ben-Ami Scharfstein, que dice de él: “Su enojo por la ausencia de un padre (…) se (ha) convertido en su denuncia de la sociedad burguesa, para terminar con la cual ha estado de acuerdo en hacer uso de la violencia que formaba parte de sus fantasías infantiles de gobernar el mundo. Como cuando niño, sigue anhelando ser el héroe de una gloriosa aventura que una a aquellos que, como él, han vivido en soledad. Sigue necesitando producir efectos en el mundo real a fin de sentirse a sí mismo real, y purgar la culpa y la falsedad del niño irreal al que no se quiere lo suficiente”[10].

     La actitud de Sartre ante la vida se puede deducir de esta afirmación de Antoine Roquentin, el protagonista de su novela más famosa, “La náusea”: “Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad”[11].



[1] PORTADA: María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011, p. 122

[2] Ortega y Gasset: “Misión del bibliotecario”, O. C. Tº 5, p. 222.

[3] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011, p. 123.

[4] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011 p. 120.

[6] Jean-Paul Sartre: “Las palabras”, Madrid, Alianza-Losada, pp. 15-16.

[8] Jean-Paul Sartre: “Las palabras”, Madrid, Alianza-Losada, p. 146.

[9] https://elpais.com/elpais/2012/12/27/opinion/1356603311_895050.html

[10] Ben-Ami Scharfstein: “Los filósofos y sus vidas”, Madrid, Cátedra, 1984, p. 360.

[11] Jean-Paul Sartre: “La náusea”, Barcelona, Seix Barral, 1983, p. 170.

martes, 30 de marzo de 2021

CÓMO SE FORJÓ EL DESCRÉDITO DE LA REALIDAD


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     “La modernidad nunca es ella misma: siempre es otra. Lo moderno no se caracteriza únicamente por su novedad, sino por su heterogeneidad. (…) La antigua tradición era siempre la misma, la moderna es siempre distinta. (…) Ni lo moderno es la continuidad del pasado en el presente ni el hoy es el hijo del ayer: son su ruptura, su negación (…) (A los modernos) no nos rige el principio de identidad (…) sino la alteridad y la contradicción” (Octavio Paz[1]).

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     “El hombre moderno vive asomado al mañana para ver llegar la novedad” (Ortega y Gasset[2]).

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     “Este tipo de vida para el que vivir es insistir en lo recibido, es el tradicionalismo. Pero he aquí que en el Renacimiento, de pronto, vira sobre sí mismo el corazón europeo, y se invierte la actitud de los espíritus. Todas esas tradiciones, todo eso recibido empieza a aparecer insuficiente, infundado, torpe, absurdo. Las gentes comienzan a sentir que la vida solo tiene valor si lucha contra todo eso, si se libera de todo eso. Llevamos sobre todo tres siglos durante los cuales para las gentes vivir era libertarse de algo, de alguna tradición. Por tanto, llevamos tres siglos (…) de combate contra lo constituido como tal, contra la autoridad política, contra el dogma religioso, contra el escolasticismo científico, contra la norma poética (…) (Se ha impuesto un) sentido de la vida como un esfuerzo negador (…) En 1870 comienza, con el impresionismo, la gran rebelión contra las Bastillas pictóricas, contra los Museos y su tradición. También los pintores van a abrir la serie de los programas subversivos. En fin, hasta (…) Los títulos de las nuevas ciencias del espacio ostentan a la intemperie su musculatura negativa: la geometría no-euclidina, no-arquimédica etcétera” (Ortega y Gasset[3]).

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     “La modernidad es una separación. Empleo la palabra en su acepción más inmediata: apartarse de algo, desunirse. La modernidad (…) es una ruptura continua, un incesante separarse de sí misma; (…) Como si se tratase de uno de esos suplicios imaginados por Dante (…), nos buscamos en la alteridad, en ella nos encontramos y luego de confundirnos con ese otro que inventamos, y que no es sino nuestro reflejo, nos apresuramos a separarnos de ese fantasma, lo dejamos atrás y corremos otra vez en busca de nosotros mismos, a la zaga de nuestra sombra. Continuo ir hacia allá, siempre allá —no sabemos dónde. Y llamamos a esto: progreso” (Octavio Paz[4]).

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     “Sólo por medio de su absoluta negatividad puede el arte expresar lo inexpresable, la utopía” (Theodor W. Adorno[5]). 

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 “En la actualidad ya no restan más que estas pasiones: odio, disgusto, alergia, aversión, decepción, náusea, repugnancia o repulsión. No se sabe lo que se quiere. Pero sí lo que no se quiere. El proceso de la actualidad es un proceso de rechazo, de desafecto, de alergia. El odio participa de ese paradigma de pasión reaccionaria: yo rechazo, yo no quiero, no entraré en el consenso” (Jean Baudrillard, analista de la posmodernidad[6]). 

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“Cuando alguien preguntaba a Baudelaire dónde prefería vivir, con un gesto de dandysmo displicente, que era, según es sabido, su religión, respondió: «¡En cualquier parte, en cualquier parte, con tal que sea fuera del mundo!»” (Ortega y Gasset(7)).

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Y SIN EMBARGO…

 “Somos herederos, continuadores siempre. Nada ha empezado con nosotros” (María Zambrano[8]).



(0) PORTADA: Octavio Paz: “Los hijos del limo”, paz-octavio-los-hijos-del-limo.pdf , p. 138.

[1] Octavio Paz: “Los hijos del limo”, paz-octavio-los-hijos-del-limo.pdf , p. 129.

[2] Ortega y Gasset: “Descreimiento, asfixia y rebelión”, O. C. Tº 5, p. 505.

[3] Ortega y Gasset: “En un banquete en su honor en ‘Pombo’”, O. C. Tº 6, p. 228.

[5] Theodor W. Adorno, citado por Ignacio Echevarría en “El odio: una pasión moderna”, de la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 94.

[6] Jean Baudrillard citado por Ignacio Echevarría en “El odio: una pasión moderna”, de la obra colectiva “El odio”, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 95.

[7] Ortega y Gasset: “Idea del teatro”, Anejo 1, “Máscaras”, O. C. Tº 7, pp. 468-469.

[8] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011 p.119.

domingo, 28 de marzo de 2021

LAS VERDADES DE LA CIENCIA EXPERIMENTAL SON INSUFICIENTES

 


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     «La "verdad científica" se caracteriza por su exactitud y el rigor de sus previsiones. Pero estas admirables calidades son conquistadas por la ciencia experimental a cambio de mantenerse en un plano de problemas secundarios, dejando intactas las últimas, las decisivas cuestiones. De esta renuncia hace su virtud esencial, y no sería necesario recalcar que por ello sólo merece aplausos. Pero la ciencia experimental es sólo una exigua porción de la mente y el organismo humanos. Donde ella se para no se para el hombre” (Ortega y Gasset(1)).

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     “Es lo cierto que sublimando toda cosa hasta su última determinación, llega un instante en que la ciencia acaba sin acabar la cosa; este núcleo trascientífico de las cosas es su religiosidad” (Ortega y Gasset[2]).

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     “La física se ocupaba y se ocupa sólo de realidades intermedias, de los fenómenos o apariencias que emergen ante los sentidos (…) Las leyes físicas no son descubiertas con un propósito utilitario, pero llevan en sí la condición de poder ser siempre aplicadas, sirven para facilitar al hombre el detalle de su vida, mas no resuelven, ni siquiera atacan los grandes problemas hincados en el alma humana” (Ortega y Gasset[3]).

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     “Se renuncia con laudables pretextos de cordura a descubrir el secreto de las últimas cosas, de las cosas «fundamentales», y se mantiene la mirada fija exclusivamente en «este mundo». Porque «este mundo» es lo que queda del Universo cuando le hemos extirpado todo lo fundamental; por tanto, un mundo sin fundamento, sin asiento, sin cimiento, islote que flota a la deriva sobre un misterioso elemento” (Ortega y Gasset[4]).

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     “¿A quién le ha quitado nunca el hambre saber que no podrá comer?” (Ortega y Gasset[5])

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(0) PORTADA: Ortega y Gasset: “El origen deportivo del Estado”, en “El Espectador”, vol. VII, O. C. Tº 2, pp. 607-608.

[1] Ortega y Gasset: “El origen deportivo del Estado”, en “El Espectador”, vol. VII, O. C. Tº 2, pp. 607-608.

[2] Ortega y Gasset: “Sobre ‘El Santo’”, O. C. Tº 1, p. 431.

[3] Ortega y Gasset: “Pleamar filosófica”, O. C. Tº 3, pp. 346-347.

[4] Ortega y Gasset: “Dios a la vista”, en “El Espectador”, Vol VI, O. C. Tº 2, p. 495.

[5] Ortega y Gasset: “El Espectador”, Vol. VII, O. C. Tº 2, pág. 608.


viernes, 26 de marzo de 2021

EL PAISAJE, METÁFORA DEL ALMA

 


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     “No hay un yo sin un paisaje, y no hay paisaje que no sea mi paisaje o el tuyo o el de él. No hay un paisaje en general” (Ortega y Gasset[2]).

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     “Late, pues, en cada localidad un posible destino humano, que parece en todo instante pugnar por realizarse y actúa como un imperativo atmosférico sobre la raza que lo habita. A su vez, cada forma típica de vida humana proyecta ante sí el complemento de un paisaje afín (…) ¿Quién, por ejemplo, ha explicado por qué los reptiles, los gatos y los ciervos en China tienen los ojos oblicuos como los mandarines? ¿Qué secreta unidad de inspiración guía la mano artífice de la Naturaleza cuando dibuja la flor silvestre y modela el corazón del indígena?” (Ortega y Gasset[3]).

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“Nuestra vida es un diálogo donde es el individuo sólo un interlocutor: el otro es el paisaje, lo circunstante” (Ortega y Gasset[4]).

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     “ ‘Todo pasa’, corre el agua del río pero el cauce y el río mismo permanecen. Mas, es menester que haya cauce, y el cauce de la vida, es la verdad (…) Descubrirnos este cauce es lo que hace la Filosofía cuando es fiel a sí misma, y es entonces camino, cauce de vida (…) El camino ordena el paisaje y permite moverse hacia una dirección” (María Zambrano[5]).

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     “Allí donde la vida resulte mínimamente posible el ser orgánico reacciona sobre el medio y lo transforma en la medida de su potencia vital (…) Cada raza lleva en su alma primitiva un ideal de paisaje que se esfuerza por realizar dentro del marco geográfico del contorno. Castilla es tan terriblemente árida porque es árido el hombre castellano. Nuestra raza ha aceptado la sequía ambiente por sentirla afín con la estepa interior de su alma” (Ortega y Gasset[6]).

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     “Los paisajes cambian; los individuos que los miran, también; mas algo decisivo permanece idénticamente: el dolorido sentir, la melancolía del hombre ante el paisaje. Pase lo que pase, subsistirá en el universo el mismo volumen de melancolía” (Ortega y Gasset[7]).

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[1] PORTADA: Ortega y Gasset: “Introducción a un «Don Juan»”, O C. Tº 6, p. 129.

[2] Ortega y Gasset: “Notas de andar y ver. Viajes, gentes, países”, Madrid, Alianza, 1988, p. 50.

[3] Ortega y Gasset: “Introducción a un «Don Juan»”, O C. Tº 6, p. 129.

[4] Ortega y Gasset: “Meditaciones sobre la literatura y el arte”, Madrid, Castalia, 1988, 361.

[5] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Barcelona, Planeta De Agostini, 2011, pp. 20-21

[6] Ortega y Gasset: “Notas de andar y ver. Viajes, gentes, países”, Madrid, Alianza, 1988, pp. 104-105.

[7] Ortega y Gasset: “Meditaciones sobre la literatura y el arte”, Madrid, Castalia, 1988, p. 336.