jueves, 29 de julio de 2021

COMENTARIO A “POR QUÉ NOS ES IMPRESCINDIBLE LA VERDAD”

 


"La verdad velada"-Antonio Corradini

   Cuando Ortega dice que “la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre”, no está hablando primariamente de la verdad que ponen a nuestro alcance los sentidos, ni de lo que subjetivamente satisfaga al individuo que se crea en posesión de ella. “Verdad” en Ortega quiere decir “sentido”, y en esa frase citada viene él a decir lo mismo que Viktor Fankl cuando afirma: “La primera fuerza motivante del hombre es la lucha por encontrarle un sentido a su propia vida” (1). Y ambos, lo mismo que Jean Grondin cuando dice: “La tensión hacia el Bien, hacia lo mejor, hacia la sobrevivencia es así inmanente a la vida”[2].

   La verdad no es, por tanto, lo que de las cosas resulta sensorialmente manifiesto, que por sí solo puede resultar absurdo. La verdad de lo que es el bosque no es lo que de él llegamos a ver, es decir, la primera fila de árboles, sino lo que se oculta detrás de esto que es manifiesto; su ser fundamental (su sentido) no es lo visible, sino lo que late detrás. La verdad es algo a desvelar. Yo tampoco soy lo que de mí es manifiesto: mi ser fundamental está latiendo en mis proyectos, mis ideales, aquello a lo que me entrego… lo que voy desvelando, en fin, a medida que me adentro en el bosque de mi vida (remito al vídeo de mi canal de YouTube “La filosofía nos empuja a buscar algo que nunca vamos a encontrar”).

   La verdad no es una mera experiencia subjetiva. La relación causa-efecto o el principio de contradicción pueden ser un a priori de mi mente (la lógica no necesitaría en principio de confirmación en los hechos), pero esas verdades son el “delirio magnífico” preformado en mi mente que dice Ortega, y que me permite descubrir que en donde están es en las cosas, en los hechos, en el mundo. Como dice Viktor Frankl, “El sentido reside en el mundo y no primariamente en nosotros mismos" (3). Pero hay que insistir: la verdad no consiste en cosas, en hechos que capten los órganos sensoriales, sino en la ley, el sentido que late detrás de lo manifiesto.



[1] Viktor E. Frankl: “El hombre en busca de sentido”, Barcelona, Herder, 1979, p. 98.

[2] Jean Grondin: “Del sentido de la vida. Un ensayo filosófico”, Barcelona, Herder, 2011, p. 79

[3] Viktor E. Frankl: “El hombre doliente”, Barcelona, Herder, 1987, p. 34.








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