jueves, 13 de julio de 2023

LA MUJER INTERESANTE, SEGÚN ORTEGA

 

Silvina Ocampo

“La mujer elegante, con frecuencia, no es la más interesante (…) La elegancia se convierte en un oficio y, a fuer de tal, en una servidumbre, la más dura y constante. La «elegante» está todo el día al servicio de su elegancia (…) Ya esto basta para que no pueda interesar. La admirable mujer que ahora nos preocupa revela en todo su ser un tesoro compuesto de horas de soledad. Se ve que abre en cada jornada un largo espacio para sí, que se liberta de «los demás» (…) Esta mujer se ve que no va a todas partes, que no acepta el repertorio común de posibilidades, sino que elige y se queda con algunas, muy pocas. Y este divino gesto de elegir —dejar muchas, retener una— domina toda su persona. En su traje, las modas colaboran, pero rebajadas en un tono, como si una mano puesta sobre ellas las hubiese vencido. Y, sobre todo, la máxima diferencia: las demás mujeres que hay aquí parecen estar aquí enteras. Esta, en cambio, permanece ausente; lo mejor de sí misma quedó allá lejos, adscrito a su soledad, como las ninfas amadríadas, que no podían abandonar el árbol donde vivían infusas. He aquí la razón de nuestro interés. Interesa lo que se presume y no se ve” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “Notas de vago estío”, en “El Espectador”, Vol. 5, O. C. Tº 2, Alianza, p. 450


 

 





¿ES ABSURDA LA VIDA O EXISTE PARA ELLA ALGUNA FINALIDAD?

En este vídeo exploramos la idea del eterno retorno y su relación con, entre otras, la filosofía de Ortega y Gasset. El núcleo de la reflexión que se propone nos lleva a la disyuntiva de pensar que o bien la vida es una trayectoria circular que finalmente nos conduce al punto de partida (nacemos para morir y volver a la nada de la que partimos), o bien es una trayectoria que conduce hacia alguna clase de finalidad (y si así no fuera, pudiera ser que, pese a todo, conviniera afrontar la vida como si fuéramos a algún sitio).

Hay autores de todo pelaje que proponen que la vida y la historia se mueven en un sentido circular; veremos que así lo piensan autores como Nietzsche, Machado, Gustav Le Bon, Marco Aurelio, Cioran o Camus. Pero no sólo: también nuestros autores de referencia, Ortega y Gasset, María Zambrano o Carl Gustav Jung apuntan a veces en esa dirección. Sin embargo, finalmente, estos últimos también se abren a la perspectiva que presupone alguna clase de finalidad al hecho de vivir.

En resumen, se vendría a concluir que la visión optimista propone que la vida no se mueve en un círculo repetitivo, sino en espiral ascendente, de modo que cada vez que nos encontramos con experiencias similares, si vamos por el buen camino, estamos pasando por un nivel más elevado. La vida tendría, pues, un propósito y una finalidad, que es la manera de abordarla con entusiasmo y ganas de vivirla.

LA VIDA CONDUCE INEXORABLEMENTE HACIA LA SOLEDAD

 

“Dentro de la especie humana forman las razas círculos más estrechos de coincidencia y normalidades relativas, hasta llegar al individuo el cual posee ciertos rincones de verdad y de realidad que son su individual propiedad, que nadie sino él puede intuir y ver. Y de este unipersonal peculio aún habrá una parte que logre, por medios indirectos –como es la palabra–, hacer cuasi-ver a los demás, pero siempre quedará un resto inexpresado y prácticamente inexpresable que no podrá comunicar. Esta es la razón psicológica de ese fenómeno de soledad radical que van sintiendo los individuos conforme van individualizándose más, esa fatal incomprensión e incomunicabilidad en que vienen a desembocar a la postre las más profundas amistades y los más leales amores. Cada individuo es un órgano de percepción en algo distinto de todos los demás, y como un tentáculo que llega a trozos de universo para el resto secretos. Ninguna imagen más adecuada de la relación entre nuestra conciencia y el mundo de las realidades y de las verdades que, en la noche marina el foco de un navío vagabundeando con su cono luminoso por el cielo en tinieblas e iluminando súbitamente este o aquel trozo de nube” (Ortega y Gasset[1]).



[1][1] Ortega y Gasset: “Investigaciones psicológicas”, O. C. Tº 12, pp. 443-444.

POR QUÉ ES NECESARIA LA LEJANÍA

 

“Sólo tras de haberse señalado un fin lejano aparecen las finalidades inmediatas. Esa lejana luz es claridad que recae sobre las circunstancias inmediatas y las ordena, las hace cobrar sentido” (María Zambrano[1])

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“Para dar sentido y dirección a la vida, debemos tener algún último designio, algo distante por lo que podamos trabajar. Por eso un último designio debe tener dos grandes características: debe ser algo por lo que se pueda trabajar (…) y sus frutos deben ser permanentes para acumularse en el curso de la vida (…) Agradar a Dios, vivir para la Patria, o la familia, o alguna otra institución honorable y permanente han servido al hombre larga y efectivamente en su búsqueda por designios de largo alcance. Aun el objetivo más ardientemente deseado, si es de corta vida, podría solo suministrar un motivo momentáneo pero nunca una directiva para el futuro” (Hans Selye, médico que primero investigó y puso nombre al estrés[2]).

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“Quien quiera ver un ladrillo necesita ver sus poros y, por tanto, acercarlo a los ojos, pero quien quiera ver una catedral no la puede ver a la distancia de un ladrillo” (Ortega y Gasset[3]).



[1] María Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, p. 44.

[2] Hans Selye: “La tensión en la vida (el stress)”, Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora, 1960, p. 292.

[3] Ortega y Gasset: “Una interpretación de la historia universal”, O. C. Tº 9, p. 55.

domingo, 2 de julio de 2023

SE MADURA APRENDIENDO A CONVIVIR CON LAS DECEPCIONES

“Los ideales son las cosas según estimamos que debieran ser. Los arquetipos son las cosas según su ineluctable realidad (…) La madurez comienza cuando descubrimos que el mundo es sólido, que el margen de holgura concedido a la intervención de nuestro deseo es muy escaso y que más allá de él se levanta una materia resistente, de constitución rígida e inexorable. Entonces empieza uno a desdeñar los ideales del puro deseo y a estimar los arquetipos, es decir, a considerar como ideal la realidad misma en lo que tiene de profunda y esencial” (Ortega y Gasset[1]).

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(En el “Quijote”, en la narración de “La novela del curioso impertinente”, al hablar de las disparatadas demandas que Anselmo hace a su amigo Lotario, se citan estos versos de un poeta:)

“Busco en la muerte la vida,

salud en la enfermedad,

en la prisión libertad,

en lo cerrado salida

y en el traidor lealtad.

Pero mi suerte, de quien

jamás espero algún bien,

con el cielo ha establecido

que, pues lo imposible pido,

lo aun posible no me den” [2]   



[1] Ortega y Gasset: “Mirabeau o el político”, O. C. Tº 3, pp. 603-604.

[2] Miguel de Cervantes: “Don Quijote de la Mancha”, Barcelona, Destino, 2015, p. 324