sábado, 19 de febrero de 2022

¿CUÁL ES EL ÓRGANO ENCARGADO DE DESCUBRIR LO QUE NO ES EVIDENTE?




     “Casi siempre acontece lo mismo con las grandes ideas: las vemos a un tiempo fuera y dentro, como verdades y como deseos, como leyes del cosmos y confesiones del espíritu. Tal vez es imposible descubrir fuera una verdad que no esté preformada, como delirio magnífico, en nuestro fondo íntimo” (Ortega y Gasset[1]). Se hace necesario conjugar esta idea con otra, también de Ortega… y de Heráclito, según la cual la verdad se esconde, nunca es del todo evidente: es aquello de que el bosque (su verdad) nunca lo llegamos a ver, solo está a nuestro alcance la primera fila de árboles. Lo manifiesto, pues, es solo anuncio, anticipo de lo que auténticamente es, y que se mantiene como latencia. ¿Cómo se puede entonces “descubrir fuera una verdad”, una verdad no evidente, escarbando en “nuestro fondo íntimo”? La parte ausente de las cosas, lo que estas ocultamente son, necesita de nuestra fe, de nuestro Deseo de más, para tener virtualidad. Es ese Deseo –lo que en nosotros echamos en falta– el encargado de indagar en el misterio o latencia de las cosas –lo que a ellas les falta. Ese Deseo es el amor. Y en suma, “no basta la agudeza intelectual para descubrir una cosa nueva. Hace falta entusiasmo, amor previo por esa cosa (...) Sólo se encuentra lo que se busca y el entendimiento encuentra gracias a que el amor busca” (Ortega y Gasset[2]).



[1] Ortega y Gasset: “El Espectador”, Vol. VI, O. C. Tº 2, pág. 526.

[2] Ortega y Gasset: “¿Qué es filosofía?”, O. C., Tº 7, pp. 383-384.

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