miércoles, 30 de noviembre de 2022

MODOS DE PENSAR HABIDOS EN NUESTRA CIVILIZACIÓN


 

En su necesidad de orientarse en la vida, de saber a qué atenerse frente al caos con el que el mundo se nos presenta para empezar, el hombre ha necesitado pensar para poner orden en ese caos. En nuestra civilización, los sistemas de pensamiento, las filosofías, han sido, hasta ahora, fundamentalmente dos: el realismo y el idealismo. El primero ha considerado que la realidad de la que habría que partir para alcanzar ese orden pretendido son las “cosas”, lo que tiene un ser independiente de las demás cosas, incluido yo, que soy una cosa más, con un ser objetivo también. El idealismo, del cual Descartes es el principal punto de inflexión, vino a afirmar que todas las cosas son dudosas… excepto “yo”, que soy el que duda, y puesto que dudo, puesto que pienso, existo. “Yo” soy, pues, la realidad radical. Ortega, con su raciovitalismo, viene a afirmar, frente al realismo, que el ser de las cosas, efectivamente, depende de quien las ve; pero ese sujeto que las ve nunca está solo: siempre está confrontándose con algo que no es él. En suma, que “yo soy yo y mi circunstancia”: esa es la realidad radical.

lunes, 28 de noviembre de 2022

CÓMO SABER CUÁNDO HAY QUE SER SOCIABLE según los estoicos

 

 “No están las cosas de los hombres en tan buen estado que agrade a los más lo que es mejor; antes es indicio de ser malo el aprobarlo la turba” (Séneca[1]).

“Me pides qué cosa hemos de evitar más: y te diré, la turba (…) Retírate en ti mismo cuanto sea posible; trátate con quienes puedan hacerte mejor, admite a aquellos a quienes puedas mejorar” (Séneca(2)).

“Es más valeroso no comer ni beber cuando la turba se embriaga y vomita; pero es más comedido no aislarse ni singularizarse, ni mezclarse con todos, sino realizar las mismas cosas, pero no de la misma manera, ya que es bien posible celebrar un día de fiesta sin desorden” (Séneca(3)).

“Una muchedumbre te alaba: ¿en qué puedes sentirte complacido si eres tal que esa muchedumbre te comprenda? Es en tu interior donde tienen que ser admiradas tus cualidades” (Séneca[4]).

 “Conviene mucho retirarnos en nosotros mismos, porque la conversación que se tiene con los que no son nuestros semejantes descompone lo bien compuesto (...) Pero también conviene mezclar y alternar la soledad y la comunicación, porque aquélla despertará en nosotros deseos de comunicar a los hombres, y estotro de comunicarnos a nosotros mismos, siendo la una el antídoto de la otra” (Séneca[5]).



[1] Séneca: “De la vida bienaventurada”, Cap. II, pág. 97, en María Zambrano: “Páginas escogidas de Séneca” “El pensamiento vivo de Séneca”.

[2] Séneca: “Cartas morales a Lucilio”, 2 vols., Barcelona, Orbis, 1984, Vol. I, p. 22.

[3] Séneca: “Cartas morales a Lucilio”, 2 vols., Barcelona, Orbis, 1984, Vol. I, p. 48.

[4] Séneca: “Cartas morales a Lucilio”,  2 volúmenes – Barcelona, Orbis, 1984. Tomo I, VIII, pág. 24

[5] Séneca: “De la tranquilidad del ánimo”, Cap. XV, pág. 76, en “Páginas escogidas de Séneca”, en María Zambrano: “El pensamiento vivo de Séneca”

sábado, 26 de noviembre de 2022

ESTAMOS ALARGANDO EL SIGLO XIX


 

Ortega resalta cómo del siglo XIX heredamos una forma de mirar que llevaba a explicar lo más alto por lo más bajo y lo mejor por lo peor. Y así, dice, por ejemplo: “El siglo XIX ha tendido en todos los órdenes y problemas a explicar los fenómenos normales como formas incipientes de lo patológico (…) Esta predilección por lo patológico emana simplemente del pesimismo preconcebido, de la acritud y omnímodo resentimiento que actuaban en los senos del alma europea durante la pasada centuria”[1]. Esta tendencia ya empezó en el siglo XVIII con Rousseau, para el cual el estado de salvajismo es el genuino y natural del hombre, y la civilización, una degradación suya. Marx explica la historia por la lucha egoísta de intereses económicos contrapuestos. Por otro lado, dice Ortega de Darwin que “cree haber conseguido aprisionar lo vital –nuestra última esperanza– dentro de la necesidad física. La vida desciende a no más que materia. La fisiología a mecánica”(2). Por si fuera poco, Freud, dicho un poco a lo bruto, considera la civilización un subproducto de la represión del deseo de matar al padre para acostarse con la madre. Aun antes, Rudolf Clausius enunció el segundo principio de la termodinámica, que establece que el Universo se mueve tratando de regresar a la muerte térmica… Más cerca de nosotros, los artistas conceptuales vinieron a decir que arte es lo que a cada cual se le ocurra que es arte. Y Richard Dawkins, que la unidad fundamental de la evolución es el gen, y que la sucesión de generaciones de personas es el recurso que utiliza el gen para encontrarse consigo mismo una generación más tarde. Oponiéndose a todo esto, Ortega dirá que “La vida es en (el hombre) –a diferencia de lo que es en el animal– un instinto frenético hacia lo óptimo”[3].



[1] Ortega y Gasset: “Las Atlántidas”, O. C. Tº 3, p. 292.

[2] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1, p. 399-400.

[3] Ortega y Gasset: “La ‘Filosofía de la Historia’ de Hegel y la historiología”, O. C. Tº IV, Madrid, Alianza, 1983, p. 522

jueves, 24 de noviembre de 2022

SI VIVIR HUMANAMENTE SIGNIFICA IR DETRÁS DE UNA FINALIDAD, ¿POR QUÉ LA VIDA DEL UNIVERSO VA A SER ALGO DIFERENTE?


 

“No realices ningún acto al azar, ni de otra manera que de acuerdo con un principio que perfeccione el arte” (Marco Aurelio, el emperador filósofo[1]).

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“Se ultraja a sí misma el alma del hombre, (…) cuando deja escapar algún acto o impulso propio sin ningún objetivo, y por el contrario realiza cualquier cosa al azar o inconsecuentemente, siendo preciso como lo es que hasta los más pequeños actos se produzcan con referencia a alguna finalidad” (Marco Aurelio[2]).

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 “Vivir según capricho es de plebeyo; el noble aspira a ordenación y a ley” (Goethe[3]).

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“El fenómeno que llamamos “hacer” se diferencia del simple ejercicio de una actividad con el que se suele confundir. La actividad, cualquiera que ella sea, incluso la más inteligente, se ejercita “mecánicamente”, automáticamente. Ahora bien, solo puede decirse que el hombre “hace” algo, cuando sus actividades son disparadas y ejercitadas por algo y para algo” (Ortega y Gasset[4]).

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“Mira derechamente adonde se encamina la naturaleza: la universal, mediante lo que te pasa a ti; la tuya propia, mediante lo que tú haces” (Marco Aurelio[5]).



[1] Marco Aurelio: “Meditaciones”, Madrid, Alianza Editorial, 1985, Lº IV, &2, pág. 45.

[2] Marco Aurelio: “Meditaciones”, Madrid, Alianza Editorial, 1985, Lº II, & 16, pág. 34.

[3] Goethe citado por Ortega en “Personas, obras, cosas”, O. C. Tº 1, p. 446.

[4] Ortega y Gasset: “Tesis para un sistema de filosofía”, O. C. Tº 12, Madrid, Alianza, 1983, p. 131.

[5] Marco Aurelio: “Meditaciones”, Madrid, Alianza Editorial, 1985, Lº VII, & 54, pág. 94.

martes, 22 de noviembre de 2022

LA DUDA COMO SÍNTOMA DE FORTALEZA INTELECTUAL Y MORAL

 

No hablamos de la duda del asno de Buridán, que, indeciso entre comer de un cesto de heno para saciar su hambre y beber de un caldero de agua que apagara su sed, acabó muriendo de hambre y de sed. La duda siempre se constituye a partir de dos opciones que se presentan asimétricas, y entre las cuales es preciso apostar por la que parece mejor.

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 “El vigor intelectual de un hombre, como de una ciencia, se mide por la dosis de escepticismo, de duda que es capaz de digerir, de asimilar. La teoría robusta se nutre de duda y no es la confianza ingenua que no ha experimentado vacilaciones; no es la confianza inocente, sino más bien la seguridad en medio de la tormenta, la confianza en la desconfianza. Ciertamente que es aquélla, la confianza, la que queda triunfando de ésta y sobre ella, quien mide el vigor intelectual. En cambio, la duda no sojuzgada, la desconfianza no digerida es... «neurastenia».” (Ortega y Gasset[1]).

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“La verdadera ciencia enseña, ante todo, a dudar y a ignorar” (Miguel de Unamuno[2]).

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 “Al nacimiento y perpetuo renacimiento de la filosofía asiste siempre inexorable sólo un hada, el hada más fea: la duda” (Ortega y Gasset[3]).



[1] Ortega y Gasset: “¿Qué es filosofía?”, O. C. Tº 7, p. 302.

[2] Miguel de Unamuno: “Del sentimiento trágico de la vida”, Madrid, Espasa Calpe, 1967, p. 75.

[3] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C. Tº 12, p. 160.