domingo, 4 de septiembre de 2022

LAS COSAS TIENEN SENTIDO CUANDO SON ALGO MÁS QUE LO QUE SON

 

     “Hay distancias, luces e inclinaciones, desde las cuales el material sensitivo de las cosas reduce a un mínimo la esfera de nuestras interpretaciones (…) La cosa inerte y áspera escupe de sí cuantos ‘sentidos’ queramos darle (…) He ahí lo que llamamos realismo: traer las cosas a una distancia, ponerlas bajo una luz, inclinarlas de modo que se acentúe la vertiente de ellas que baja hacia la pura materialidad” (Ortega y Gasset[1]).

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      “Caminando (…) con Don Quijote y Sancho, venimos a la comprensión de que las cosas tienen dos vertientes. Es una el ‘sentido’ de las cosas, su significación, lo que son cuando se las interpreta. Es otra la ‘materialidad’ de las cosas, su positiva sustancia, lo que las constituye antes y por encima de toda interpretación (…) Estos molinos tienen un sentido: como ‘sentido’ estos molinos son gigantes. Verdad es que Don Quijote no anda en su juicio (…) Bien que estos gigantes no lo sean, pero (…) ¿de dónde ha sacado el hombre los gigantes? Porque ni los hubo ni los hay en realidad (…) Siempre se trataría de una cosa que no era un gigante, pero que mirada desde su vertiente ideal tendía a hacerse gigante (…) Si obedecemos al impulso de esa alusión y nos dejamos ir según la curva allí anunciada, llegaremos al gigante” (Ortega y Gasset[2]).

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“Nada es solamente lo que es” (María Zambrano (3)).

[1] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1º, p. 386.

[2] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1º, p. 385.

(3) María Zambrano: “Notas de un método”, Madrid, Mondadori, 1989, pág. 119.

viernes, 2 de septiembre de 2022

PICASSO O LA DESHUMANIZACIÓN DEL ARTE


 

     En este vídeo documental de análisis de la biografía y la pintura de Picasso (resumen de otro anterior más largo) tratamos de mostrar de manera fácil y asequible el sentido que tiene para este pintor reducir la realidad a fragmentos.

   La tan traída y llevada “deconstrucción de la realidad” que de la mano de Jacques Derrida han asumido los posmodernos, en arte, con Picasso, llegó a un punto culminante. Ha conducido ese proceso hasta lo que el psiquiatra existencial Eugène Minkowski denominó “pérdida del contacto vital con la realidad”, que es, precisamente, como definió la esquizofrenia. Ortega y Gasset denominó a este mismo proceso “deshumanización del arte”, porque de él se ha pretendido extirpar todo lo que signifique una construcción mental (esto es, humana), para quedarse solamente con lo que nos aporten los sentidos. Por eso decía Picasso: “Ojalá pudiéramos quitarnos el cerebro y usar solamente nuestros ojos”. Y Cézanne (“el padre de todos nosotros”, decía Picasso en nombre de los artistas de vanguardia, es decir, posmodernos) le precedió afirmando: “Un cuadro no representa nada, no debe representar, en principio, más que colores”.

LA INVASIÓN DE LOS BÁRBAROS EMPIEZA POR SER UN ESTADO DE ÁNIMO

     “El hombre es el animal retirado, ensimismado (…) Un exceso de sobresalto, una época de muchas alteraciones sumerge al hombre en la naturaleza, lo animaliza, esto es, lo barbariza. Esto pasó gravemente en la crisis mayor de la historia bien conocida, al fin del mundo antiguo. A la cultura romana, sobre todo a aquella etapa acaso la más alta que ha vivido hasta ahora la humanidad, aquel siglo de los Antoninos en que un emperador con barba al uso estoico, Marco Aurelio, el hombre mejor de su tiempo, escribía un libro titulado “Para sí mismo” —como símbolo de que la humanidad pasaba por una cima de ensimismamiento—, sucede pronto la barbarie. Hoy sabemos que aquella crisis feroz no consistió en una irrupción de los bárbaros sobre la cultura, sino al revés, en que los cultos se tornaron bárbaros. Fueron menester otros nueve siglos —del III al XII— para que el hombre lograse reorganizar su contorno de modo que le fuese otra vez posible desatenderlo y ensimismarse de nuevo. No es, pues, fácil dudar de que en la historia se ha dado repetidamente el fenómeno de rebarbarización” (Ortega y Gasset[1]).

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     “En la historia, tan pronto como comienza a aparecer el hombre de acción y hablarse de él y a bailársele el agua, es que sobreviene un período de rebarbarización. Como el albatros la víspera de la tormenta, el hombre de acción surge en el horizonte en el albor de toda crisis” (Ortega y Gasset[2]).



[1] Ortega y Gasset: “En torno a Galileo”, O. C. Tº 6, pp. 75-76.

[2] Ortega y Gasset: “En torno a Galileo”, O. C. Tº 6, p. 77.

martes, 30 de agosto de 2022

QUÉ ES LA REALIDAD (Prolongando la publicación de ayer)



Cézanne- “Mont Sainte Victoire”


    Es este un tema que Ortega deja expuesto de una forma que hace que inmediatamente se abran en abanico multitud de cuestiones (algo que sucede a menudo con Ortega): ¿qué clase de realidad es la justicia? ¿Es más real la justicia que pone en práctica un juez o vale también como real –quizá de menor graduación– la justicia tal y como la entiende un profano analfabeto… o, ya que estamos, un ladrón? ¿En qué sentido comparten realidad esa justicia, el arte, Dios y la naranja de los que habla Ortega en la anterior publicación?

     Se me ocurre, para intentar salir de este complicado atolladero, empezar a considerar la realidad en sus dos vertientes básicas: materia y forma. La materia es la realidad antes de ser interpretada, ordenada, estructurada; cuando son los sentidos los que nos dan noticia de esa realidad, esta se nos aparece, según dice Ortega, como “un caos de puntos luminosos”. La realidad extrasensorial (por ejemplo, la que fundamenta las ideas de justicia o la religiosidad), en su modo digamos “material”, se nos presenta inicialmente asimismo como un caos. La mente humana interviene sobre ese caos (de puntos luminosos o extrasensorial) añadiendo la “forma”, aunando y configurando esos puntos dispersos en una “idea”. Esa idea es también un ideal: nunca llegaremos a acceder del todo a la realidad (formal) de la justicia, ni siquiera de una naranja, que siempre ofrecerá ángulos nuevos que investigar para ir completando su realidad. Esta, por lo tanto, es algo en construcción, y se ofrece a cada individuo según sea el punto de vista en el que esté.

    Ejemplo: eso que tengo ante mí responde al concepto “montaña”. Cézanne, que en nombre del arte moderno quería reducir la realidad a su materia, a lo que dan los sentidos, veía solo colores (pongo la foto de uno de sus cuadros). Yo, por el contrario, construyo (o me sumo a la construcción ya hecha) la idea de “montaña”. Pero, puesto que la miro desde el norte, mi idea de la montaña en cuestión es diferente de la de quien la ve desde el sur. Y además, esa montaña siempre ofrecerá nuevos matices a quien quiera ir completando su realidad. La realidad absoluta siempre estará más allá.


lunes, 29 de agosto de 2022

QUÉ SIGNIFICA LA DECONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD POR LA QUE ABOGAN LOS POSMODERNOS

    A partir del Renacimiento, el mundo empezó a rebajarse a ser solo lo que los sentidos, y en su nombre los laboratorios, decían que era. En arte, con Cézanne (“el padre de todos nosotros”, decía Picasso en nombre de los artistas de vanguardia, los posmodernos del arte) se llegó a un punto en el que se empezó a decidir que la realidad auténtica, y por tanto lo que el artista debía tratar, era solo la que entraba por los ojos, por los sentidos, no la que procedía de las construcciones mentales: “El artista no es más que un receptáculo de sensaciones –decía Cézanne ¡Nada de teorías! (…) Somos un caos irisado (…) El hombre ausente (…) Un cuadro no representa nada, no debe representar, en principio, más que colores”[1].

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PERO DIOS… Y HASTA UNA NARANJA SON CONSTRUCCIONES MENTALES, NO REALIDADES QUE NOS MUESTREN LOS SENTIDOS. PARA ESTOS, EL SOL, DICE DON QUIJOTE, “TIENE EL TAMAÑO DE UNA RODELA”

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    “Hay un primer plano de realidades, el cual se impone a mí de una manera violenta: son los colores, los sonidos, el placer, y dolor sensibles. Ante él mi situación es pasiva. Pero (…) la ciencia, el arte, la justicia, la cortesía, la religión son órbitas de realidad que no invaden bárbaramente nuestras personas, como hace el hambre o el frío; sólo existen para quien tiene la voluntad de ellas. Cuando dice el hombre de mucha fe que ve a Dios en la campiña florecida y en la faz combada de la noche, no se expresa más metafóricamente que si hablara de haber visto una naranja. Si no hubiera más que un ver pasivo quedaría el mundo reducido a un caos de puntos luminosos. Pero hay sobre el pasivo ver un ver activo, que interpreta viendo y ve interpretando; un ver que es mirar. Platón supo hallar para estas visiones que son miradas una palabra divina: las llamó ideas. Pues bien, la tercera dimensión de la naranja no es más que una idea, y Dios es la última dimensión de la campiña” (Ortega y Gasset[2]).

[1] Cézanne citado en Ernst Fischer: “La necesidad del arte”, Madrid, Altaya, 1999, pp. 88-89.

[2] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1, p. 336.