martes, 26 de octubre de 2021

LA VIDA ES UNA TAREA QUE SOLO ACABA (PARECE SER) CON LA MUERTE

 


     “La piedra, la planta, el animal cuando empiezan a ser son ya lo que pueden ser y, por tanto, lo que van a ser. El hombre, en cambio, cuando empieza a existir no trae prefijado o impuesto lo que va a ser, sino que, por el contrario, trae prefijada e impuesta la libertad para elegir lo que va a ser dentro de un amplio horizonte de posibilidades. Le es dado, pues, el poder elegir, pero no le es dado el poder no elegir. Quiera o no, está comprometido  en cada momento a resolverse a hacer esto o aquello, a poner la vida en algo determinado” (Ortega y Gasset[1]).

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“A poco que vivimos hemos palpado ya los confines de nuestra prisión. Treinta años cuando más tardamos en reconocer los límites dentro de los cuales van a moverse nuestras posibilidades. Tomamos posesión de lo real, que es como haber medido los metros de una cadena prendida de nuestros pies. Entonces decimos: «¿Esto es la vida? ¿Nada más que esto? ¿Un ciclo concluso que se repite, siempre idéntico?» He aquí una hora peligrosa para todo hombre” (Ortega y Gasset[2]).

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“Vivir es no poder reposar hasta la muerte” (María Zambrano[3]).



[1] Ortega y Gasset: “Una interpretación de la historia universal”, O. C. Tº 9, p. 14.

[2] Ortega y Gasset: “Meditaciones del Quijote”, O. C. Tº 1, p. 379.

[3] María Zambrano: “Persona y democracia”, Madrid, Siruela, 1996, p. 149.


domingo, 24 de octubre de 2021

LA VERDAD ES INVISIBLE



 NUEVO VÍDEO SHORT (<1 minuto) en mi canal de El lector de Ortega y Gasset.

El bosque no son los árboles que vemos, sino lo que está oculto tras ellos. La verdad de las cosas está escondida detrás de lo que ante nosotros aparece. Por eso Nicolás de Cusa hablaba del Deus absconditus: lo que más importa siempre está más allá.

viernes, 22 de octubre de 2021

POR QUÉ, PASE LO QUE PASE, SIEMPRE CONCLUIMOS QUE HAY QUE SEGUIR ADELANTE

 

                                           “Horizontes”- Francisco Antonio Cano


    “Todas las experiencias sufridas, todos los desencantos, todas las angustias que ha padecido desde hace un millón de años, no han sido capaces de impedir que el hombre en primer movimiento sea optimista. El sencillo fenómeno tiene una trascendencia que no es fácil exagerar. Porque hay sobradas razones para que el hombre no sea optimista y no hay ninguna para que de suyo, inicialmente y en su más pura espontaneidad, resulte que lo es” (Ortega y Gasset[1]).

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   Ortega habla de “sensibilidad para el más allá”, la cual supone dos cosas: “una, fe en la vida al esperar que la porción ignorada de ella es mayor y mejor que la ya sabida; otra, fuerza creciente en la persona, porque el horizonte no se amplía nunca o casi nunca por sí mismo, sino que lo ensanchamos empujándolo con los codos de nuestra alma, que para ello necesita dilatarse, rebosar hoy su volumen de ayer”[2].

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    “Todas las creencias y también las ideas, que se refieren al orden del mundo, la figura de la realidad, están sostenidas por la esperanza” (María Zambrano[3]).

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“Creo, ¡dame, Señor, en qué creer!” (Miguel de Unamuno[4]).



[1] Ortega y Gasset: “Goya”, O. C. Tº 7, pp. 512-513..

[2] Ortega y Gasset: “El Espectador”, Vol. VIII, O. C. Tº 2,  pág. 741

[3] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Madrid, Alianza, 1987, p. 95.

[4] Miguel de Unamuno: “Del sentimiento trágico de la vida”, Madrid, Espasa Calpe, p. 152.


miércoles, 20 de octubre de 2021

VIVIR ES ENTREGARSE, ES DECIR, DESVIVIRSE (SHORT)


 

   “El hombre está siempre orientado y ordenado a algo que no es él mismo; ya sea un sentido que ha de cumplir ya sea otro ser humano con el que se encuentra. En una u otra forma, el hecho de ser hombre apunta siempre más allá de uno mismo, y esta trascendencia constituye la esencia de la existencia humana” (Viktor E. Frankl(1)).


lunes, 18 de octubre de 2021

REPASEMOS: POR QUÉ NOS ENAMORAMOS ANTES DE SABER DE QUIÉN

 

Obra de Frederic William Burton

  “La circunstancia –esa rencorosa carcelera de nuestra libertad”: así llamaba María Zambrano[1], discípula de Ortega, a la circunstancia. Efectivamente, no tenemos más remedio que realizar nuestra vida en la circunstancia que nos haya caído en suerte. Pero Ortega habla (en la publicación anterior) de que el horizonte de nuestra percepción (lo que podemos ver y tocar) no alcanza a cubrir el horizonte de la realidad. La realidad (la verdad), pues, no nos viene dada, hay que descubrirla. ¿Y cómo es que sabemos de ella si no llegamos a percibirla? No por algo que esté en las cosas (en lo que es perceptible), sino por algo que emitimos nosotros sobre las cosas, “una como sensibilidad para lo que aún no está ante nosotros, para lo ausente, desconocido, futuro, remoto y oculto”, decía Ortega[2]; que es lo que Leibniz llamaba “percepturitio”. Gracias a eso vamos descubriendo lo que a la realidad evidente (es decir, incompleta) le falta, y vamos así perfeccionándola.

   En su manera de entender el amor, Ortega considera que cuando nos enamoramos, no solo lo hacemos de la persona visible, evidente, sino que investimos a esa persona de aquella “como sensibilidad…” que decíamos ahí arriba. Apreciamos no solo lo que esa persona es de hecho, sino también lo que potencialmente es, nuestro amor nos permite verla como si la empujáramos en la dirección de lo que le falta. Nos enamoramos, pues, (…Ortega dice que no es nada fácil llegar a experimentar el amor) de la persona tal como es… más de lo que le falta, y que nuestro personal bagaje espiritual es capaz de descubrir y proyectar (por eso, no nos enamoramos de cualquiera; contamos con una prefiguración de quién ha de ser). Enamorarse sería así un caso particular y especialmente cualificado de esa propensión que, según María Zambrano, nos empuja a “Tratar a todos, a cualquiera, mejor de lo que se merece, (que) a veces es la única manera de tratar a alguien como de verdad se merece” (3).



[2] Ortega y Gasset: “Ideas sobre Pío Baroja”, El Espectador, Vol. 1, O. C. Tº 2, p. 77.

[3] María Zambrano: “Delirio y destino”, Madrid, Mondadori, 1989, pág. 93.