El idealismo es la gran filosofía que ha servido de sustrato
a la cultura occidental a lo largo de la Edad Moderna, y especialmente, desde Descartes.
Ese idealismo –que Ortega consideró, junto al positivis-mo, sus grandes bestias
negras intelectuales–, exacerbando sus propuestas, ha derivado hoy en lo que
es la posmodernidad, la “modernidad líquida” de Bauman, que ha llevado
al extremo el descrédito de la realidad (de la circunstancia orteguiana).
Existe, desde este renovado sustrato ideológico y cultural, lo que el Yo
hipertrofiado diga que existe. Se ha perdido, como ya Ortega advirtió,
la referencia de la realidad como límite y como obstáculo. Y así, arte es lo
que cada Yo de artista o de cada marchante que pase por ahí diga que es arte.
El sexo al que pertenecer es el que cada Yo decida. Mi patria es allí donde Yo
estoy bien. La pareja con la que he de estar la decido Yo cada día, pues su
realidad no me compromete, de modo que los divorcios aumentan exponencialmente…
La consigna del posmodernismo imperante es: “Vale todo”. Porque
en realidad nada vale nada; hemos perdido las referencias de lo que nos daba
una identidad, no queda nada ahí afuera que nos dé certidumbres sobre las que
apoyar la vida, va desapareciendo todo aquello en lo que podría valer la pena
creer. Recordemos a Foucault: “No me pregunten quién soy, ni me
pidan que siga siendo el mismo”. Todo lo cual ha conducido a lo que Ortega
aludía cuando decía que “no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos
pasa”.
La filosofía, la historia, la psicología, el arte, la antropología, la actualidad... de la mano, sobre todo, de Ortega y Gasset, el pensador más importante de todos los tiempos en lengua española
viernes, 2 de enero de 2026
POR QUÉ OCCIDENTE ES HOY DÉBIL
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario