viernes, 2 de enero de 2026

POR QUÉ OCCIDENTE ES HOY DÉBIL

El idealismo es la gran filosofía que ha servido de sustrato a la cultura occidental a lo largo de la Edad Moderna, y especialmente, desde Descartes. Ese idealismo –que Ortega consideró, junto al positivis-mo, sus grandes bestias negras intelectuales–, exacerbando sus propuestas, ha derivado hoy en lo que es la posmodernidad, la “modernidad líquida” de Bauman, que ha llevado al extremo el descrédito de la realidad (de la circunstancia orteguiana). Existe, desde este renovado sustrato ideológico y cultural, lo que el Yo hipertrofiado diga que existe. Se ha perdido, como ya Ortega advirtió, la referencia de la realidad como límite y como obstáculo. Y así, arte es lo que cada Yo de artista o de cada marchante que pase por ahí diga que es arte. El sexo al que pertenecer es el que cada Yo decida. Mi patria es allí donde Yo estoy bien. La pareja con la que he de estar la decido Yo cada día, pues su realidad no me compromete, de modo que los divorcios aumentan exponencialmente… La consigna del posmodernismo imperante es: “Vale todo”. Porque en realidad nada vale nada; hemos perdido las referencias de lo que nos daba una identidad, no queda nada ahí afuera que nos dé certidumbres sobre las que apoyar la vida, va desapareciendo todo aquello en lo que podría valer la pena creer. Recordemos a Foucault: “No me pregunten quién soy, ni me pidan que siga siendo el mismo”. Todo lo cual ha conducido a lo que Ortega aludía cuando decía que “no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa”.

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