“El hombre es primariamente
‘el que no es aún lo que es’, sino que tiene que esforzarse en serlo, en luchar
para existir, y para existir según su programa y aspiración. El hombre es ahora
–en todo ahora– justamente lo que no ha conseguido aún ser. Es, por tanto, ‘lo
que le falta’. Lejos de ser suficiente es el ser indigente. El hombre es un haz de privaciones. Ontológicamente, el hombre es un
muñón. La esencia del hombre es el descontento, el divino descontento, es una
especie de amor sin amado, y un como dolor que sentimos en miembros que no
tenemos. El hombre es un ser utópico que sólo se propone ser ‘lo imposible’”
(Ortega y Gasset[1])
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