martes, 17 de agosto de 2021

LA SOBREDOSIS DE INQUIETUD EN EL HOMBRE ACTUAL

 
"El grito" - Edvard Munch (1893)

Ya desde principios de este siglo (XX) parece ser que se había rebasado el margen de inquietud en que toda vida se desenvuelve. Se hacía ostensible en múltiples síntomas: en el estilo arquitectónico llamado «modernista», que imprimió temblor a la más estable de las artes, en el afán de los viajes, en la misma creciente apertura de las clases sociales. Pero ya no tenemos que echar mano de síntomas literarios, ni de formas artísticas para comprobar esta tremenda inquietud que amenaza con devorar nuestra vida. La realidad ha sobrepasado una vez más la imaginación, y la inquietud en que estamos viviendo las criaturas humanas, no parece que pueda ir más allá, sobre todo para nosotros, los hijos de ese inquieto continente llamado Europa. Porque la inquietud se ha hecho sustancia de nuestra vida y nuestro único haber (…) A la par que inquietos nos sentimos sumidos en una «soledad sin descanso» (…) La soledad de la época de crisis, es, sin embargo, bien distinta de esta soledad del hombre despierto (…) Es soledad causada por la inquietud, porque no sabemos nada, ni podremos reposar en certidumbre alguna. Estamos tan solos porque estamos terriblemente inquietos y turbios. La crisis muestra las entrañas de la vida humana, el desamparo del hombre que se ha quedado sin asidero, sin pun­to de referencia; de una vida que no fluye hacia meta alguna y que no encuentra justificación” [María Zambrano (1)].



[1] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Madrid, Alianza, 1987, p. 84-85.


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