miércoles, 11 de mayo de 2022

LA FUERZA VITAL EMERGE DEL HECHO DE ESTAR DE ACUERDO CON NOSOTROS MISMOS

 


     “La mayor parte de los hombres no hacemos sino querer en el sentido económico de la palabra: resbalamos de objeto en objeto, de acto en acto, sin tener el valor de exigir a ninguna cosa que se ofrezca como fin a nosotros. Hay un talento del querer, como lo hay del pensar, y son pocos los capaces de descubrir por encima de las utilidades sociales que rigen nuestros movimientos que nos imponen esta o aquella actitud, su querer personalísimo. Solemos llamar vivir a sentirnos empujados por las cosas en lugar de conducirnos con nuestra propia mano. Por tal razón yo veo la característica del acto moral en la plenitud con que es querido. Cuando todo nuestro ser quiere algo —sin reservas, sin temores, integralmente— cumplimos con nuestro deber, porque es el mayor deber de la fidelidad con nosotros mismos. Una sociedad donde cada individuo tuviera la potencia de ser fiel a sí, sería una sociedad perfecta. ¿Qué significa lo que llamamos hombre íntegro sino un hombre que es enteramente él y no un zurcido de compromisos, de caprichos, de concesiones a los demás, a la tradición, al prejuicio?” (Ortega y Gasset[1]).

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     “Las ideas tienen dos caras y dos valores o eficiencias distintas. Por una de sus caras la idea pretende ser espejo de la realidad; cuando esta pretensión se confirma decimos que es verdadera. La verdad es el valor o eficiencia objetivos de la idea. Mas por su otra cara la idea se prende al sujeto, al hombre que la piensa; cuando coincide con su temple íntimo, con su carácter y deseos, aunque no sea verdadera, aunque carezca de valor objetivo, posee una eficiencia subjetiva, dando satisfacción intelectual al espíritu. Yo opondría a la verdad, o valor objetivo de la idea, su vitalidad o valor subjetivo” (Ortega y Gasset[2]).



[1] Ortega y Gasset: “La vida en torno”, en “El Espectador”, Vol. 2, O. C. Tº 2, p. 153.

[2] Ortega y Gasset: “Notas de andar y ver. Viajes, gentes, países”, Madrid, Alianza, 1988, pp. 101-102.



lunes, 9 de mayo de 2022

EL HOMBRE CARACTERÍSTICO DE NUESTRO TIEMPO ES EL HOMBRE-MASA


 

     “Tras alcanzar su plenitud, las cosas decaen”, dice Lao Tsé[1]. También Ortega y Gasset redunda en la idea: “Al alcanzar una forma su máximo se inicia su conversión en la contraria”[2]. Quizás estos pensamientos nos ayuden a entender el hecho de que sea precisamente la gran altura histórica que ha alcanzado nuestra civilización la causa de que haya aparecido ese tipo de hombre característico de este momento histórico que vivimos y que Ortega y Gasset denominó “hombre-masa”, una clase de ser humano asimilable en sus caracteres a los que son propios del niño mimado, que encuentra grandes facilidades y posibilidades a la hora de llevar adelante su vida, pero que cree que son derechos naturales con los que puede contar sin condiciones y sin asumir responsabilidades. Este tipo humano que en su momento álgido ha producido nuestra civilización es, avisa Ortega, el que puede acabar con nuestra civilización.



[1] Lao Tsé: “Tao te King”, Palma de Mallorca, Olañeta, 2005, p. 49.

[2] Ortega y Gasset: “La deshumanización del arte”, O. C. Tº 3, p. 370.

sábado, 7 de mayo de 2022

“LA VIDA: UN INSTINTO FRENÉTICO HACIA LO ÓPTIMO” (Ortega y Gasset)

 

Rob Gonsalves

    El mundo real, ese ante el que se doblegan los materialistas, nos encoje, resta de nosotros capacidades, trata de acoplarnos a sus insuficiencias. Hacia él nos retrotrae la experiencia, la comprobación de que las cosas nos entregan siempre menos de lo que de ellas esperábamos. La realidad es lo que siempre nos espera al final de nuestras decepciones. Pero, en el fondo, si las cosas no se tuercen, somos mucho más generosos de lo que nos permite la realidad. Si por nosotros fuera, el mundo sería lo que de él exigen nuestros ideales, allí todo sería espléndido y superlativo.

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“¿Qué se ha propuesto la naturaleza al dotarnos de esas potencias generosas? ¿Cómo se explica que la reacción primera del hombre sea imaginar las cosas mejores de lo que son y como Don Quijote tratar de hidalgo al Caballero del Verde Gabán y de licenciado al bachiller? Mal problema para una biología utilitaria que se obstina en definir la vida como un mecanismo de adaptación. Este fenómeno tan general y básico nos hace asistir a una escena contraria. Puesto ante lo real el adamita comienza por exorbitarlo y suplantarlo, es decir, por inadaptarse concienzudamente. En el comienzo fue la exageración —con permiso de los lingüistas diré: la superlación. ¡Bien por la fantasía hija de Júpiter! —dice Goethe. ¡Fantasía, divino soplo generoso que llena al paso cualquier vela y empuja todo a su perfección!”(Ortega y Gasset (1)) .



[1] O y G: “Tierras del porvenir”, O. C. Tº 3, p. 482.

jueves, 5 de mayo de 2022

EL FILÓSOFO: UN HOMBRE DE VIDA RETIRADA

 

Rembrandt: "Filósofo en meditación"

     “El filósofo (…) tiene que retirarse de la opinión pública, tiene que retirarse del mundo, del mundo social que es, sobre todo y principalmente, un tejido de opiniones públicas (…) La cosa será lamentable, pero es así: opinión pública y filosofía se son mutuamente anacrónicas. La opinión pública está siempre retrasada, la filosófica es siempre prematura (…) (El filósofo), gracias a su serenidad, en medio de la turbulencia, prepara en su retiro el porvenir (…) Descartes estaba convencido de lo difícil e improbable que es que el hombre consiga pensar en la plenitud de este término, esto es, pensar lo que él llama ‘ideas claras y distintas’. Esto es la razón y es sobremanera infrecuente que el hombre logre ejercitarla. Todo el resto de su ser contribuye a empañar la mental retina donde se produce esa casi milagrosa química de pensar lo evidente… Todo apasionamiento enturbia la mente y para esclarecerlo escribió Descartes el ‘Tratado de las pasiones’. El reposo es el desapasionamiento metódico”[Ortega y Gasset(1)].

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     «En toda cima hay calma», decía Goethe[2].


[1] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C. Tº 12, Madrid, Alianza, 1983, p. 162.

[2] Ortega y Gasset: “Bronca en la física”, O. C. Tº 5, p. 271.


martes, 3 de mayo de 2022

SEGÚN ORTEGA, ESTAMOS OBLIGADOS A HACER QUE NUESTRA VIDA TENGA SENTIDO. ¿POR QUÉ?


 

En “Fedro” Platón afirma: “El delirio es cualquier cosa menos un mal: es uno de los mayores dones de los dioses”. Y algo de razón debe de tener porque, por ejemplo, gracias a su delirio, Don Quijote decidió que su vida debía de dedicarla a realizar “grandes hazañas” y de él emergieron energías proporcionales a ese empeño. Quitemos lo que hay de grandilocuencia y desvarío en ese delirio quijotesco y quedémonos con el hecho de que todos estamos llamados, si no a realizar “grandes hazañas”, sí al menos a convertir nuestra vida en una tarea a través de la cual lleguemos a sentirnos justificados, y a conseguir que esa  vida nuestra adquiera sentido. Y nuestra vitalidad, y hasta nuestra salud, dependerá de que, efectivamente, nos sintamos empeñados en esa tarea en que resulta que la vida consiste.