domingo, 17 de octubre de 2021

POR QUÉ EL TODO PRECEDE A LAS PARTES, EL FIN ES ANTES QUE LOS MEDIOS, LOS IDEALES ANTECEDEN A LAS EXPERIENCIAS Y NOS ENAMORAMOS ANTES DE SABER DE QUIÉN

 


   “No, no; el horizonte de nuestra percepción no es el horizonte de la realidad. Por esto Leibniz, cuando quiere definir el síntoma decisivo del espíritu, advierte que no consiste en la percepción, por la cual nos damos cuenta de lo que tenemos delante, sino en lo que sugestivamente llama percepturitio, es decir, (una tendencia a nuevas percepciones), una como sensibilidad para lo que aún no está ante nosotros, para lo ausente, desconocido, futuro, remoto y oculto. Este apetito, esta conación e impulso nos hace rodar más allá de nosotros mismos, aumentarnos, superarnos. Sin ese afán de acaparar el mundo, el hombre sería únicamente la más blanda de las rocas” (Ortega y Gasset[1]).

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    “Se trata de cómo puede darse en la mente humana la conciencia de los valores antes que la conciencia de las cosas en que esos valores residen o van a residir; por tanto, el problema de la sensibilidad a priori de los valores, que es una de las más sorprendentes potencias del hombre y la creadora por excelencia (…) Cada hombre, cada pueblo, cada época es, antes que nada, un cierto sistema de preferencias a cuyo servicio pone el resto de su ser (…) Es, en suma, nuestra «vocación»—palabra estupenda que describe exactamente esta vocecita insonora que en el fondo de nuestra persona nos llama en todo instante a ser de un cierto modo(Ortega y Gasset[2]).

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     “Al hombre le son dadas las cosas, pero no su ser. Es el hombre el que poner el ser a las cosas. Ortega diferencia entre cosa, que no tiene ser, y ente, que es la cosa más el ser, es decir, una cosa cuando me ocupo de su ser. El ser de las cosas no lo encontramos en ellas, sino que lo buscamos dentro de nosotros, ensimismándonos, porque el ente es como una presciencia, un a priori o reminiscencia, como había dicho Platón” (Javier Zamora Bonilla[3]).



[1] Ortega y Gasset: “Ideas sobre Pío Baroja”, El Espectador, Vol. 1, O. C. Tº 2, p. 77.

[2] Ortega y Gasset: “Introducción a Velázquez”, O. C. Tº 8, pp. 565-566.

[3] Javier Zamora Bonilla: “Ortega y Gasset”, Barcelona, Plaza Janés, 2002, p. 290


viernes, 15 de octubre de 2021

EL HOMBRE-MASA: LA MAYOR AMENAZA A LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL

 



   Al contrario de lo que ocurrió con Cronos, la civilización occidental ha criado un hijo que se demuestra capaz de devorarla: el hombre-masa, que se corresponde con el perfil del “niño mimado”, un tipo de hombre ingrato que cree que las ventajas inmensas que, en comparación con cualquier otra etapa que haya atravesado la humanidad, hoy goza esta en su conjunto, son un bien natural que no solo puede reclamar, a menudo abrupta o irresponsablemente, sino que puede añadir sin reparos cualquier capricho utópico a eso que ya hoy tiene. Dice Ortega que este tipo humano es el que hoy predomina, y que sus actuaciones pueden llegar a acabar con nuestra civilización.

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jueves, 14 de octubre de 2021

LO MUCHO QUE LE DEBEMOS A NUESTROS DEFECTOS

 


   “Cuando se ayuda a un hombre a librarse de sus complejos se le está privando de su fuente de ayuda más valiosa. Sólo puede ayudársele a percibirlos suficientemente y a hacer que surja en él un conflicto consciente. De ese modo el complejo se convierte en foco de la vida” (Carl G. Jung[1]).

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   “La descomposición —aparentemente insensata y desoladora, en una multiplicidad sin orden ni orientación, capaz de inspirar el disgusto y la desesperanza— contiene en su regazo oscuro el germen de una nueva luz” (Carl G. Jung[2]).

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   “En vez de derramar llanto sobre nuestras limitaciones, debemos utilizarlas como saltos de agua para nuestro beneficio. La cultura ha sido siempre aprovechamiento de inconvenientes” (Ortega y Gasset[3]).



[1] Carl G. Jung: “La lucha con la sombra”, en “Civilización en transición”, Obra Completa, vol. 10, Madrid, Trotta, 2001, p. 216

[2] Carl Gustav Jung: “Los complejos y el inconsciente”, Madrid, Alianza, 1970, p. 56.

[3] Ortega y Gasset: “El hombre y la gente”, O. C. Tº 7, p. 231.


martes, 12 de octubre de 2021

lunes, 11 de octubre de 2021

HABITAMOS EN UN PUNTO INTERMEDIO ENTRE LO FUGAZ Y LO ETERNO

 


   “Hay temperamentos que al contacto con el peligro aumentan su vitalidad. Son los mejores. La existencia amenazada, llena de inminencias, cobra nuevo sabor. Lo demasiado seguro y estable que se alza con un gesto de invulnerable eternidad produce en nosotros una específica angustia. Si hay la melancolía de las ruinas, existe también lo que Nietzsche llamaba la melancolía de las construcciones eternas que se apoderaba del provincial cuando iba a Roma y contemplaba los edificios imperiales. Un mundo en que nada puede cambiar ni nada cabe emprender sería un sepulcro” (Ortega y Gasset[1]).

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   “Oh, cómo no iba yo a anhelar la eternidad y el nupcial anillo de los anillos, ¡el anillo del retorno! (…) ¡Pues yo te amo, oh eternidad!” (Friedrich Nietzsche (2))

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      “Quieres clavando tus momentos,

                             corazón,

           darle a la eternidad cimientos,

                             sin razón”

                                  (Antonio Machado[3]).

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   “El hombre no tiene más remedio que aprender a (…) sentirse a la par mudable y eterno” (Ortega y Gasset[4]).



[1] Ortega y Gasset: “Sobre la muerte de Roma”, en “El Espectador”, Vol. 6, O. C. Tº 2, p. 538.

[2] Friedrich Nietzsche: “Así habló Zaratustra”, pp. 314 y ss.

[3] “Poesías Completas”, Madrid, Espasa-Calpe, 1981

[4] Ortega y Gasset: “El Espectador”, Vol. VIII, O. C. Tº 2, pág. 728.