viernes, 22 de mayo de 2026

LA INTELIGENCIA: UNA FUNCIÓN INÚTIL

“El organismo humano, al producir ciencia, se impone un esfuerzo hercúleo sin utilidad previsible. La física del ferrocarril y el automóvil surgió del cálculo infinitesimal que era, aun dentro de la abstracción matemática, lo que parecía más remoto de toda realidad. En la última centuria unos cuantos genios de la superfluidad dieron en preocuparse de otros espacios más ricos en dimensiones o de dimensiones extravagantes, los cuales ni siquiera eran imaginables. Pues bien: gracias a ello ha sido posible hoy instaurar una física de superior exactitud, a la cual, podemos estar seguros, no tardará en seguir una técnica prodigiosa, una receta de fantástico beneficio. Como ya dijo Leonardo da Vinci: “La teoría es el capitán y la práctica son los soldados. Quien no sienta la soberana fruición de ver lo real, sin necesidad de más; quien no se sienta arrastrado por ese entusiasmo visual —Platón llama a los hombres científicos «filoceamones», los amigos de mirar—, que no ejerza profesión pro piamente intelectual. De aquí que nada perturbe tanto la obra de la inteligencia como introducir en ella propósitos de utilidad, lo mismo individuales que colectivos” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “Goethe desde dentro”, en O. C., Alianza, Tº 4, p. 496.

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