miércoles, 6 de mayo de 2026

LA CREATIVIDAD EXIGE DESPRENDIMIENTO

 

Las musas aguardan en la frontera de las cosas, allí donde la utilidad que estas rinden acaba y empieza el reino de lo superfluo, para desde allí comenzar a ejercer su función fecundadora. “Nadie ignora que el significado originario de la palabra ‘musa’ es ocio, y ocio en el sentido clásico quiere decir lo opuesto a trabajo útil; no es un no hacer, sino el trabajo inútil, el trabajo sin soldada ni material beneficio, el esfuerzo que dedicamos a lo irreal, a lo supremo. Yo tengo para mí que los grandes hombres han debido siempre mucho más a este ocio viril que a las musas de carne y hueso. En el caso Leonardo no hay duda: la mujer concreta, esta mujer, aquella mujer, le fue por completo superflua; no amó jamás (…) Ni amó a las mujeres ni fue amado de ellas, destino común a los temperamentos especulativos que no descienden nunca de la contemplación para meterse en la batalla de la vida, que no salen nunca de sí mismos para fundirse en los demás”[1]. Por tanto, la perspectiva sobre las cosas que Leonardo tenía le llevaba a mirar más allá de ellas, hacia el horizonte, en el que ya no queda apenas mundo que percibir.



[1] O y G: “La Gioconda”, O. C. Tº 1, p. 556.

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