jueves, 18 de marzo de 2021

ALGUNOS INCONVENIENTES QUE PUDIERA TENER LA VIDA ETERNA

 ¿NO NOS ABURRIREMOS?


     “El mundo es profundo (…) / Profundo es su dolor / El placer es más profundo aún que el sufrimiento / El dolor dice: ¡Pasa! / Mas todo placer quiere eternidad / ¡Quiere profunda, profunda eternidad!” (Friedrich Nietzsche(1)).

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     Si existe la otra vida, Miguel de Unamuno habrá encontrado alivio a sus tormentos, los que le hacían decir: “No quiero morirme, no, no quiero ni quiero quererlo; quiero vivir siempre, siempre, siempre”(2). Porque es que estaba convencido de que “lo que no es eterno tampoco es real”(3). Y al menos una parte de nosotros, no lo podemos negar, está con Unamuno.

     Pero hay que tener en cuenta también que vivir cansa mucho: “Esa falta de descanso llamada ‘vivir’ –decía Cioran (...) Nada es más propio de las criaturas que la fatiga[4], Y además: ¿qué se puede hacer durante toda una eternidad, aparte de tocar la lira sentados en la nube que nos asignen? El mismo Pascal, creyente de pro, admitía que “nada (es) tan insoportable para el hombre como estar en reposo total, sin pasiones, sin asuntos, sin diversiones, sin empleos. Entonces siente su nada, su abandono, su insuficiencia, su dependencia, su impotencia, su vacío. Al instante extraerá del fondo de su alma el tedio, la negrura, la tristeza, el pesar, el despecho, la desesperación”(5). Cioran abunda en la idea: “El único argumento contra la inmortalidad es el aburrimiento. De ahí proceden, de hecho, todas nuestras negaciones”(6). Para estar aburriéndonos para siempre en la nube… mejor morir del todo; Séneca nos expone bastante convincentemente esta alternativa: “La muerte es la libertad, el término de todas nuestras penas; no traspasarán sus umbrales nuestras desgracias, ella es la que nos devuelve a aquella tranquilidad de que gozamos antes de nacer (...) A ella se debe (...) que no sea un suplicio el nacimiento (...) Contra las injurias de la vida tengo el beneficio de la muerte”(7).

     En resumidas cuentas, que si esto de aquí tiene continuación más allá, esperemos que Dios nos tenga preparado un plan de sobrevida atractivo que nos permita superar todos estos recelos. Mientras tanto, nos quedaremos con Miguel Hernández, que decía: “… estoy queriendo la vida / y deseando la muerte”. Y, cómo no, con Ortega: “El hombre no tiene más remedio que aprender a (…) sentirse a la par mudable y eterno”(8).



(0) PORTADA: Ortega y Gasset: “Incitaciones”, en “El Espectador”, Vol 3, O. C. Tº 2, pp. 231-232.

[1] Friedrich Nietzsche: “Así habló Zaratustra”, Madrid, Alianza, 1981, p. 313.

[2] Miguel de Unamuno: “Del sentimiento trágico de la vida”, Madrid, Espasa Calpe, 1967, p. 41.

[3] Miguel de Unamuno: “Del sentimiento trágico de la vida”, Madrid, Espasa Calpe, 1967, p. 37.

[4] E. M. Cioran: “El ocaso del pensamiento”, Barcelona, Tusquets, 2000, p. 189.

[5] Blaise Pascal: “Pensamientos”, Tº 1, El Aleph.com, 2001, Sección 1, 131, p. 133.

[6] E. M. Cioran: “De lágrimas y de santos”, Barcelona, Tusquets, 1994, p. 89.

[7] Séneca: “Consolación a Marcia”, Capítulos  XIX-XX, pp. 61-62. “Páginas escogidas de Séneca”, en María Zambrano: “El pensamiento vivo de Séneca”.

[8] Ortega y Gasset: “El Espectador”, Vol. VIII, O. C. Tº 2, pág. 728.


2 comentarios:

  1. Buenas noches Javier, hablando de "la vida del más allá", la primera experiencia que recuerdo de la vida eterna es la abrumadora e inacabable duración sin fin de la eternidad.
    Desde mi casa veía un monte, mi padre, para que me diera una idea de la eternidad me decía: "Imagina que una gaviota volando rozara con su ala ese monte, pues bien, cuando el monte estuviera aniquilado la eternidad apenas habría empezado.....imagínate si te vas al infierno. Y yo pensaba ¡H..y al cielo!
    Las dos opciones eran terribles.
    Al niño que yo era en ese tiempo, el cielo lo imaginaba como un lugar de nubes blancas, un trono para el Todopoderoso de plateada barba, y un montón de santos, curas, obispos, beatas y niños buenos con la mandíbulas doloridas de tantos y tantos años de fingida sonrisa.....¡Ay de aquellos que no mostrasen felicidad total!
    Total...un eterno aburrimiento.
    La otra opción, el infierno, tampoco era interesante. Desde luego parecía que habría un ambiente más animado, exceptuando locos asesinos, la fiesta estaba garantizada...si no fuera por el fuego.
    Mi padre, en su intento de que mi conducta se orientara hacia merecer el cielo me contaba la historia de un santo que para imaginarse el dolor del fuego eterno se dejó arder un dedo en la llama de una vela. Ni de coña voy a ir al infierno-dijo. Si no aguanto unos minutos el fuego de una pequeña llama, ¿como voy a resistir arder mi cuerpo por toda la eternidad?.
    Así que, ante estas dos opciones eternas, y con un alma indestructible, mi sueño era ser un caballo...o incluso una piedra del monte calentada por el sol. En el caballo y en la piedra sentía la vitalidad y alegría.
    Pienso que esta primera noción de lo eterno fue el motor que durante largos años me convirtió en un "buscador espiritual", quizá en busca de la finitud. Un abrazo y salud

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    1. A peopósito de los factores a los que Ortega atribuye la consideración de principio, dice de uno de ellos: "En el principio fue la exageración". Y una vez situados en el montañoso paraje de la exageración, ves cómo una vertiente te invita a la tragedia y la otra a la carcajada y a la comedia. En nuestra infancia nos resultó más patente la versión trágica de estas cosas, y ahora estamos más inclinados hacia la cómica. En ese contexto debió de aparecer la ley del péndulo, que nos deja poco sitio para analizar las cosas con sosiego y para desarrollar sin brusquedades nuestra vena espiritual. Pero en ello estamos, Roque, a ver si vamos encontrando alguna claridad. Otro abrazo para ti.

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