domingo, 8 de marzo de 2020

¿Son "hombre" y "mujer" sexos diferentes o eso es un invento de la educación heteropatriarcal?

     Puesto que la extensión de mi respuesta va a ser mayor de lo que es propio de un comentario, y apoyado además en el hecho de que la fecha hace que el asunto sea especialmente pertinente, traslado a este nuevo artículo, Aladino, el debate que tenemos iniciado en los comentarios al anterior artículo sobre las preocupantes o alarmantes opiniones que grandes filósofos e intelectuales han emitido sobre las mujeres. Hemos dejado sentado que, por supuesto, hombres y mujeres somos iguales tanto en términos jurídicos como de capacidades. Pero seguimos debatiendo sobre si las evidentes diferencias que sigue habiendo entre unos y otras se deben exclusivamente a la educación heteropatriarcal recibida, empeñada en combatir la paridad, o hay otras razones psicobiológicas que puedan dar razón de ellas.
     A ver si acierto con la comparación que se me ha ocurrido para desarrollar la idea que tengo en mente. Me he acordado de una peli que hay que peinar unas cuantas canas para tener noticia de ella: “Solo ante el peligro”, que protagonizaron Gary Cooper y la maciza de Grace Kelly (confío en que la ministra Irene Montero no lea este piropo, que me la cargo). El sheriff Gary Cooper se empeña en enfrentarse a los tres malos de la peli, que vienen a por él, mientras que su chica, Grace, le implora que no sea insensato, que eluda el enfrentamiento, porque nadie le va a ayudar y lo van a matar irremediablemente. En todas las pelis pasa igual (bueno, menos en "Catwoman" y así): el chico tiende a ser un temerario, mientras que la mujer representa la sensatez, el principio de realidad.
     Los y las feministas de última hornada se empeñan en decir que esas diferencias entre el hombre y la mujer son culturales, producto de la educación. Y que el objetivo sigue siendo alcanzar la paridad. Con lo cual, habría que concluir que es necesario conseguirla también en los trabajos más peligrosos (los que representa el sheriff Gary Cooper), en los cuales, analizando los datos, resulta que los hombres también son los que más los realizan. Efectivamente, según los datos de accidentes de trabajo en España en 2017, el 67% de todos los accidentes laborales los sufrieron los hombres, frente a un 33% de las mujeres. Teniendo en cuenta que las mujeres representan aproximadamente el 45% de los afiliados de la Seguridad Social, vemos que su tasa de siniestralidad laboral es sensiblemente inferior a la de los varones. Pero si profundizamos más, en los accidentes mortales vemos asimismo que, si tenemos en cuenta sólo los ocurridos efectivamente en el trabajo (descontando los accidentes in itinere, de desplazamiento al lugar de trabajo, que son en realidad accidentes de tráfico), el 95% de las muertes por accidente laboral corresponde a hombres. ¿Es por la educación recibida que los hombres asuman los trabajos más peligrosos? Entonces habrá que concluir que, en el futuro, en los encierros de Pamplona (una actividad, en mi opinión, estúpidamente arriesgada: debo de tener las suficientes hormonas femeninas que me ayudan a percibirlo así), acabaremos consiguiendo también la paridad. De momento, no los corre ninguna mujer, que yo sepa.
     En fin, que queda la opción de aspirar a la paridad también en estos trabajos arriesgados, y no solo en los de cuidado de las personas (los que siguen prefiriendo las mujeres) o, si no, tener esta otra explicación alternativa: las hormonas masculinas predisponen hacia el riesgo más que las femeninas, y, por tanto, a tomar iniciativas vital y laboralmente más comprometidas (hasta llegar, a menudo, a la insensatez), y las mujeres tienen más controlado el principio de realidad y de sensatez (hasta el punto de quedarse cortas muchas veces y detenerse un paso antes de decidirse a subir a la cima... o de arruinarse). Lo cual NO habla de las capacidades de ninguno de los dos sexos, ya lo hemos dejado establecido. Pero seguramente sí tenga reflejo a la hora de decidir las vocaciones laborales el hecho de que la biología nos haya diferenciado. Quiero decir que si cada célula recuerda nuestra masculinidad o la feminidad constitutivas (cromosomas XY o XX), si durante toda la vida la secreción hormonal es diferente y la morfología genital también, quizás ello quiera decir que no solo la biología está implicada en la diferenciación sexual, sino también la psicología, porque no somos seres parcelados en ámbitos biológicos y psicológicos diferenciados, sino psicobilógicamente integrados.
     Los descubrimientos científicos parecen avalar esta explicación: así, la progesterona, que es esencialmente una hormona femenina, produce, entre otros preparatorios del embarazo, efectos sedantes y antiansiedad (ansiolíticos). Mientras tanto, la hormona masculina por excelencia, la testosterona, se ha relacionado desde su descubrimiento con la agresividad, la competitividad, altos niveles de actividad y de ansiedad, mayor desarrollo muscular y físico y activación del apetito sexual. Asimismo, hay estudios que han concluido que personas con una cantidad excesiva de testosterona pueden ser menos empáticas, más egocéntricas y con menor capacidad de vincularse afectivamente… lo cual hace a estos hombres, en principio, y a diferencia de las mujeres, menos aptos para las ocupaciones laborales que lleven incluido el cuidado de las personas.
     En las derivaciones psicopatológicas a las que pueden llevar, en el extremo, estas predisposiciones, también se constatan las diferencias pertinentes: la mujer sufre dos veces más que el hombre de depresión, mientras que en la esquizofrenia el porcentaje se invierte, excepto durante la menopausia de las mujeres, en que la disminución de los niveles de estrógenos se acepta que puede explicar la aparición de esquizofrenia tardía en mujeres, más frecuente entonces que en hombres.
     En fin, concluyo: las capacidades equivalentes a la hora de decidirse por una u otra actividad laboral no es un factor suficiente para explicar que estas se distribuyan o no paritariamente, sino que hay predisposiciones psicobiológicas que empujan –aunque no determinen– en direcciones en este sentido diferentes. E insistir con la paridad también aquí, puede significar que se esté regando fuera del tiesto.

2 comentarios:

  1. Si te he entendido bien, las diferencias que encuentras en las preferencias y capacidades de hombres y mujeres las fundamentas en razones bioquímicas (las famosas hormonas) y psicológicas; de las primeras mi conocimiento de sus efectos es muy superficial, tan solo las generalidades que están en el común de las opiniones y que me parecen insuficientes, y de las segundas te dejo el campo completamente libre como no podía ser menos al tratarse de la psicología, un campo del saber que te corresponde por estudio y conocimientos.
    Mi opinión va mucho más a ras de tierra: por un lado contempla de forma muy positiva la dedicación mayoritaria de las mujeres al cuidado de las personas, cuando es una vocación libremente elegida y remunerada , como es el caso de los sectores sanitario, trabajo social y enseñanza. Mas por otro lado cuestiono que las mujeres deban asumir casi en exlusiva el cuidado de las personas de su entorno (hijos, maridos,ancianos, enfermos). Y este trabajo además de no ser remunerado y de tener menor reconocimiento social (ni trabajo se considera) muchas veces no es elegido voluntariamente sino que se ven movidas a ello por presión social (con el riesgo de ser calificadas de malas madres, esposas o hijas).
    Con esto ven limitado el desarrollo profesional o personal que pudieran tener o desear. Y esto, sí que es responsabilidad de los hombres, no sé si los hombres somos menos hábiles para cuidar de nuestros seres queridos por nuestro cromosoma "incompleto" o por la educación que recibimos, o más bien porque somos más cómodos y preferimos trabajos de más relumbrón, de protagonista de la peli (arriesgados dices tú). Lo que si sé, es que es nuestra responsabilidad hacerlo y permitir que las mujeres puedan elegir.
    Es un hecho innegable la resistencia de los hombres a compartir con sus compañeras en este mundo tanto las tareas de cuidados familiares sin remuneración como los puestos de decisión, éstos sí bien remunerados.
    Esta es una de las características con las yo identifico el concepto de patriarcado (machismo, vamos) que aún hay que desterrar.
    En resumen y para concluir, la paridad en todos los trabajos no es una obligación para las mujeres, sino un derecho a optar a ellos que deben tener no solo en el papel sino de una manera real. Para ello veo positivas medidas como la reserva de cuotas mínimas de presencia femenina en algunos sectores en los que están en franca minoría, que no por casualidad son los de más poder de decisión y mejor pagados, hoy por hoy no veo otra mejor manera para permitirles demostrar que ellas "valen" al menos lo mismo. Y pongo como ejemplo los órganos de dirección de las grandes empresas y de la judicatura.
    Toda la libertad para que ellas puedan elegir, pero de una manera real, a qué se quieren dedicar y para ello veo imprescinble que los hombres asumamos nuestra cuota de trabajo en el ámbito privado de forma equitativa.

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  2. Vamos encontrando puntos de acuerdo bastante fundamentales. Tienes toda la razón en lo que se refiere a la necesidad de que los hombres asumamos nuestra implicación en el cuidado de las personas de nuestro ámbito familiar, desde el cambiar pañales de los hijos pequeños a la atención a nuestros mayores incapacitados. Me arriesgo a creer que no todo nuestro absentismo es producto de la educación y que digamos que, para empezar, estamos “hormonalmente” menos motivados, pero inmediatamente añado: ajo y agua (a joderse y aguantarse, aclaro para nuestros eventuales lectores mexicanos o de por ahí). Es muy injusto que estas labores, a menudo muy penosas (¡qué te voy a decir!), las asuman todavía, casi en exclusiva muchas veces, las mujeres. Añado un matiz, sin embargo, respecto de la crianza de los bebés: al principio entiendo que el papel de la madre es prioritario. Las madres estaban ahí desde que aparece el embrión, nosotros somos unos terceros que asomamos. Pero entiéndeme: acepto que la implicación de los padres, salvando esa fase inicial, ha de ser paritaria.
    Tengo más dudas en lo de la discriminación positiva. De momento, con esa idea por bandera nos hemos cargado principios legislativos que son básicos y elementales desde que asomaron con la Ilustración: la igualdad ante la ley y la presunción de inocencia. No puede ser que se castigue más la misma conducta punible si la lleva a cabo el hombre (¡ya están los agravantes de mayor fuerza física en el Código Penal!) ni que el testimonio de la mujer valga más que el del hombre (justo lo mismo, pero al revés, de lo que ocurre con la medieval Sharia musulmana). Más aún: que el mero testimonio de la mujer te pueda llevar a pasar, de momento, una noche o un fin de semana en el calabozo. Lo cual, en momentos de crisis como el de los procesos de divorcio, puede resultar tentador para los ánimos exaltados de, en este caso, la mujer, que además, con su denuncia puede provocar que el marido salga de la casa y que, de inicio, la custodia de los hijos quede para ella (…y casi siempre de forma definitiva, tanto lo de la casa como lo de los hijos). Ya sé que tú crees que esto (las denuncias falsas, en suma) crees que son muy pocas; yo creo que son muchas, pero sería abrir demasiado el debate. Y el estigma social que le cae al hombre con estas denuncias es ya de por vida. En fin, que tampoco voy a entrar a fondo en la diferencia en el porcentaje de suicidios que hoy se produce: 77% de hombres y 23% de mujeres. Muchos de esos suicidios se producen a raíz de los procesos de divorcio, y, vaya, resulta llamativo que eso le ocurra al sexo agresor y explotador.
    Ya sé que todas estas transgresiones a los principios jurídicos básicos se hacen para combatir las muertes provocadas por la pareja masculina y los malos tratos. Pero además de que se está demostrando que no son medidas eficaces, hemos regresado al Antiguo Régimen en términos jurídicos.
    Y en fin, tampoco estoy de acuerdo en la discriminación positiva en el acceso a los cargos, profesiones o elecciones a diputados. Creo que es paternalismo hacia la mujer. Lo que evidentemente debe de haber es igualdad de oportunidades; por tanto, habrá que combatir y eliminar todas las trabas que dificulten la paridad en el acceso a esos puestos. Pero a partir de ahí, espíritu deportivo y que venza el mejor. Si no, cualquier día los que se suben a los andamios van a pedir también la paridad. O los negros y los gitanos también querrán discriminación positiva. O los homosexuales. O… Y una vez eliminadas todas las trabas, si las mujeres no acceden paritariamente a los puestos directivos (¿puestos de riesgo?), la culpa ya no será del heteropatriarcado.

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