lunes, 30 de marzo de 2026

MENOS MAL QUE LA CIRCUNSTANCIA NOS LIMITA

“El hecho esencial de la vida (es que) nuestra existencia, en cualquier momento que la sorprendamos, nos aparece constituida, por encima y antes y después de toda disputa sobre determinismo o indeterminismo, por un conjunto de circunstancias que nos obligan, que nos imponen, un régimen de forzosidad. Esto es nuestro Destino. Pero ese conjunto de circunstancias forzosas no afecta nuestro vivir de tal modo que deba ir este rigiéndose por una trayectoria ineludible, mecánica, sino que deja siempre un margen a la libre decisión: de suerte que nuestra existencia es, en todo instante, una circunstancia fatal dada que nuestra voluntad puede tomar en sus manos y empujarla en el sentido de la perfección. No hay vivir si no se acepta la circunstancia dada, y no hay buen vivir si nuestra libertad no la plasma en el camino de la perfección. Esta misma idea está contenida en la hermosa frase que usó el gran pensador alemán Nietzsche, cuando refiriéndose al poeta, dijo que es el hombre que «danza encadenado»” (Ortega y Gasset[1])


[1] Ortega y Gasset: “Meditación del pueblo joven”, O. C. Tº 8, p. 378.

martes, 24 de marzo de 2026

Introducción a "EN TORNO A GALILEO", de Ortega y Gasset-2ª-La crisis que Ortega predijo

En este vídeo seguimos explorando una de las obras más importantes de José Ortega y Gasset, “En torno a Galileo”. Ortega sostiene que la crisis cultural que vivimos hoy se parece mucho a la gran crisis que atravesó Europa entre finales de la Edad Media y el nacimiento de la ciencia moderna. Durante dos siglos —entre aproximadamente 1350 y 1550— el hombre europeo se sintió perdido. Las convicciones que habían sostenido la cultura medieval se habían derrumbado, y el individuo quedó sin suelo firme bajo los pies. Sin embargo, de esa crisis surgió algo decisivo: la nueva razón científica. Figuras como Galileo Galilei y René Descartes construyeron un nuevo modo de entender la realidad basado en la razón matemática y el método científico. Ese cambio permitió superar el caos y el desasosiego del Renacimiento y dio origen a la Modernidad. Pero Ortega advierte algo inquietante: la misma razón que permitió superar aquella crisis es también la que, siglos después, ha terminado mostrando sus propias limitaciones y abocando a una nueva crisis. Por eso —dice Ortega— nuestra época vuelve a encontrarse ante la necesidad de un nuevo giro histórico. Comprender cómo se superó la crisis del Renacimiento puede ayudarnos a entender la crisis cultural que vivimos hoy. Y tal vez también a intuir qué camino podría abrirse en el futuro.

 

viernes, 20 de marzo de 2026

¿SOMOS O NO SOMOS


 

DICE ORTEGA:

“El hombre (…) es puro movimiento y movimiento que va atraído por una meta”[1].

“El hombre es primariamente el que no es aún lo que es”[2].

“El hombre es incapaz, mientras no esté enfermo, de parar”[3]

“Ser hombre es un perenne superarse a sí mismo”[4]

“El hombre es primaria y fundamentalmente acción”[5].

Y, POR EL CONTRARIO, DICE TAMBIÉN

“El hombre no tiene más remedio que aprender a (…) sentirse a la par mudable y eterno”[6].

“En español ser, viene de sedere = estar sentado”[7].



[1] Ortega y Gasset: “La razón histórica”, O. C., Tº 12, pág. 316

[2] Ortega y Gasset: “Sobre la razón histórica”, O. C., Tº 12, pág. 216

[3] Ortega y Gasset: “Una interpretación de la historia universal”, pág. 37.

[4] Ortega y Gasset: “La estética de “El enano Gregorio el Botero”, O. C., Tº 1, pág. 544.

[5] Ortega y Gasset: “El hombre y la gente”, Tº 1º, pág. 47.

[6] Ortega y Gasset: “El Espectador”, Tº VIII, O. C., Tº 2, pág. 728

[7] Ortega y Gasset: “Pasado y porvenir para el hombre actual”, O. C., Tº 9, pág. 641

jueves, 12 de marzo de 2026

LAS EDADES DEL HOMBRE

“Una fábula de Esopo nos habla de cuatro edades: «Quiso Dios que el hombre y el animal tuviesen el mismo tiempo, treinta años. Pero los animales notaron que era para ellos demasiado tiempo, mientras al hombre le parecía muy poco. Entonces vinieron a un acuerdo, y el asno, el perro y el mono entregan una porción de los suyos que son acumulados al hombre. De este modo consigue la criatura humana vivir setenta años. Los treinta primeros los pasa bien, goza de salud, se divierte y trabaja con alegría, contento con su destino. Pero luego vienen los dieciocho años del asno y tiene que soportar carga tras carga: ha de llevar el grano que otro se come y aguantar puntapiés y garrotazos por sus buenos servicios. Luego vienen los doce años de una vida de perro: el hombre se mete en un rincón, gruñe y enseña los dientes, pero tiene ya pocos dientes para morder. Y cuando este tiempo pasa, vienen los diez años de mono, que son los últimos: el hombre se chifla y hace extravagancias, se ocupa en manías ridículas, se queda calvo y sirve sólo de risa a los chicos» (ORTEGA Y GASSET[1])



[1] Ortega y Gasset: “En torno a Galileo”, O. C. Tº 5, Alianza Editorial.

 

sábado, 7 de marzo de 2026

LAS GRANDES CRISIS DE OCCIDENTE-1

 En este vídeo iniciamos una introducción al libro En torno a Galileo de José Ortega y Gasset (1933), una obra fundamental para comprender cómo nacen y se desarrollan las grandes crisis históricas que han afectado a Occidente. Ortega afirma que las épocas de estabilidad se sostienen sobre un sistema compartido de convicciones. Pero cuando ese sistema se agota, el mundo se derrumba y el hombre queda sin referencias. Entonces comienza una crisis histórica. En este primer episodio analizamos sobre todo la primera gran crisis de Occidente: la que condujo del mundo antiguo grecorromano al cristianismo medieval. Veremos cómo: 1) El agotamiento del mundo clásico provocó una profunda crisis espiritual. 2) El cristianismo introdujo una nueva concepción de la realidad centrada en Dios. 3) La Edad Media reconstruyó lentamente el equilibrio entre fe y razón. 4) Santo Tomás intentó armonizar la filosofía griega con el cristianismo. 5) Y finalmente pensadores como Duns Scoto y Guillermo de Ockham comenzaron a desmontar ese equilibrio, preparando la gran crisis del Renacimiento. Este recorrido permite entender mejor algo que también nos afecta hoy: cómo nacen las crisis históricas y qué ocurre cuando una civilización pierde sus convicciones fundamentales.

lunes, 2 de marzo de 2026

EL ARTE VINO A PROLONGAR EL MUNDO DE LOS SUEÑOS

El arte nació en el contexto de los hombres primigenios que buscaban alterar sus estados de conciencia, con el objeto de ir a parar a una realidad superior y sagrada, el mismo reino en el que brotan los sueños. La mitología, el teatro, el arte en general (esas ramificaciones de los sueños) nacieron llevando la impronta de lo sagrado, porque, a través del trance que en las ceremonias primitivas se alcanzaba, uno se ponía en contacto con la “otra realidad”, una realidad reparadora de las insuficiencias de esta otra que sufrimos aquí abajo. Mircea Eliade, el historiador de las religiones probablemente más prestigioso, decía: “Los mitos de muchos pueblos hacen alusión a una época muy lejana en la que los hombres no conocían ni la muerte, ni el trabajo ni el sufrimiento, y tenían al alcance de la mano abundante alimento”[1]. Idea en la que, ya en la modernidad, redunda Calderón de la Barca: “Yo sueño que estoy aquí / destas prisiones cargado, / y soñé que en otro estado / más lisonjero me vi”[2]. Esa era, pues, la vía pre-intelectual de acceso a la realidad deseable en la que uno se liberaba de las insuficiencias de la realidad patente. La imaginación que se ponía en juego de esa manera fue, pues, la fuente de la que nacieron la mitología y el arte.



[1] Mircea Eliade: “El mito del eterno retorno”, Madrid, Alianza, 1979, pág. 87.

[2] Calderón de la Barca: “La vida es sueño”.

miércoles, 25 de febrero de 2026

NO SABEMOS QUÉ SER

“El hombre es afán de ser —afán en absoluto de ser, de subsistir— y afán de ser tal, de realizar nuestro individualísimo yo (…) Pero sólo puede sentir afán de ser quien no está seguro de ser, quien siente constantemente problemático si será o no en el momento que viene, y si será tal o cual, de este o del otro modo. De suerte que nuestra vida es afán de ser precisamente porque es, al mismo tiempo, en su raíz, radical inseguridad. Por eso hacemos siempre algo para asegurarnos la vida, y antes que otra cosa hacemos una interpretación de la circunstancia en que tenemos que ser y de nosotros mismos que en ella pretendemos ser —definimos el horizonte dentro del cual tenemos que vivir (…) Vivir es reaccionar a la inseguridad radical construyendo la seguridad de un modo, o, con otras palabras, creyendo que el mundo es de este o del otro modo, para en vista de ello dirigir nuestra vida, vivir (…) (Pero) en esta hora el hombre, y precisamente el más civilizado, en uno y otro continente, no sabe qué hacer” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “En torno a Galileo”, O. C. Tº 5, Madrid, Alianza, p. 32.

 

viernes, 20 de febrero de 2026

DÓNDE RESIDE LA VERDAD

Cuando Ortega dice que “la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre”[1], no está hablando primariamente de la verdad que ponen a nuestro alcance los sentidos, ni de lo que subjetivamente satisfaga al individuo que se crea en posesión de ella. “Verdad” en Ortega quiere decir “sentido”, y en esa frase citada viene él a decir lo mismo que Viktor Frankl cuando afirma: “La primera fuerza motivante del hombre es la lucha por encontrarle un sentido a su propia vida”[2]. Y ambos, lo mismo que Jean Grondin cuando dice: “La tensión hacia el Bien, hacia lo mejor, hacia la sobrevivencia es así inmanente a la vida”[3]. La verdad no es, por tanto, lo que de las cosas resulta manifiesto, que por sí solo puede llegar a ser absurdo. La verdad de lo que es el bosque no es lo que de él llegamos a ver, es decir, la primera fila de árboles, sino lo que se oculta detrás de esto que es manifiesto; su ser fundamental (su sentido) no es lo visible, sino lo que late detrás. La verdad es algo a desvelar, no consiste en cosas, en hechos que capten los órganos sensoriales, sino en la ley, el sentido que late detrás de lo manifiesto.



[1] Ortega y Gasset: “Prólogo para alemanes”, O. C. Tº 8, pp. 39-40.

[2] Viktor E. Frankl: “El hombre en busca de sentido”, Barcelona, Herder, 1979, p. 98.

[3] Jean Grondin: “Del sentido de la vida. Un ensayo filosófico”, Barcelona, Herder, 2011, p. 79

 

domingo, 15 de febrero de 2026

La DESAPARICIÓN DEL PADRE está destruyendo la familia (y viceversa)

Estamos asistiendo a una profunda transformación —y descomposición— de la institución familiar en Occidente. A través de datos demográficos, estudios psicológicos y una reflexión filosófica que recorre a Engels, Freud, Sartre, Simone de Beauvoir, María Zambrano y Jung, este vídeo analiza las consecuencias sociales, emocionales y culturales de la ausencia del padre y la desarticulación de la familia tradicional. ¿Es la crisis de la familia una simple evolución social o el síntoma de algo más profundo? ¿Qué ocurre cuando se rompe la transmisión entre generaciones? ¿Puede una civilización sostenerse sin padres, sin herencia y sin filiación?

miércoles, 11 de febrero de 2026

LO QUE DA SENTIDO A NUESTRA VIDA ESTÁ POR VENIR

“La materia de que está hecho el porvenir es la inseguridad. Esa posibilidad necesaria y, a la vez, insegura es nuestro yo. Este, pues, lo primero que hace, antes de darse cuenta del presente en que está, es estirarse hacia el futuro, se futuriza, y desde allí se vuelve al presente, a las circunstancias en que ya nos hallamos (…) Las circunstancias responden favorable o adversamente, es decir, facilitan o dificultan la realización —la conversión en un presente— de ese yo futurizante que por anticipado somos ya. Cuando nuestro yo consigue en buena parte encajarse en la circunstancia, cuando ésta coincide con él (…) es lo que denominamos felicidad. Viceversa, cuando nuestro contorno —cuerpo, alma, clima, sociedad— rechaza la pretensión de ser que es nuestro yo y le opone por muchos lados esquinas que impiden su encaje, sentimos una desazón no menos amplia, no menos íntegra, como que consiste en la advertencia de que no logramos ser el que inexorablemente somos. Este estado es lo que llamamos infelicidad” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “Goya”, O. C. Tº 7, p. 552.

 

viernes, 6 de febrero de 2026

CÓMO CAMINAR HACIA EL ABISMO

Hoy el “vale todo”, camuflado como apología de la diversidad, se ha ido convirtiendo en parte sustancial de la opinión políticamente correcta. Podemos hacerla arrancar esa posmodernidad de la famosa cita de Nietzsche de que “no hay hechos, solo interpretaciones”(1). No hay nada, pues, ahí afuera que sirva como referencia para diferenciar y jerarquizar unas interpretaciones respecto de otras. No hay nada fuera del sujeto, podríamos decir en clave idealista. “El Yo es todo”(2), que, anticipándose, había dicho Fichte; es decir: “la interpretación lo es todo”, lo circunstante es inconsistente, no aporta nada (no es, como sostiene Ortega, límite y dificultad). Así que Nietzsche pudo decir también, en esa misma línea: “En última instancia lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado”(3). Porque, en realidad, lo deseado (lo que está ahí afuera, en la circunstancia) no es sino una invención, una construcción que hace el deseo. En consecuencia, “Vale todo”, porque todo, esto es, lo diverso, lo informe… cualquier cosa cumple la exclusiva función de servir de lámina de Rorschach sobre la que proyectar lo que a cada uno le parezca. Vale todo en arte, en moral, en política… Y por esa vía de que el deseo de cada cual resulta ser soberano va asomando el descrédito de cualquier institución sobre la que se pueda sostener la idea de sociedad como algo compartido. ¿A dónde iremos a parar?



[1] Friedrich Nietzsche: “Fragmentos póstumos”, Tº IV, Madrid, Tecnos, 2010, p. 222.

[2] Citado por Ortega en “Las dos grandes metáforas”, “El Espectador” Vol. 4, O. C. Tº 2, p. 400.

[3] Friedrich Nietzsche: “Más allá del bien y del mal”, Madrid, Alianza, 1980, pág. 111.

 

viernes, 30 de enero de 2026

SOMOS LIBRES DE SER EL QUE ESTAMOS OBLIGADOS A SER

 “Este es el ingrediente más extraño y misterioso del hombre. Por un lado es libre: no tiene que ser por fuerza nada, como le pasa al astro, y, sin embargo, ante su libertad se alza siempre algo con un carácter de necesidad, como diciéndonos: «poder puedes ser lo que quieras, pero sólo si quieres ser de tal determinado modo serás el que tienes que ser». Es decir, que cada hombre, entre sus varios seres posibles, encuentra siempre uno que es su auténtico ser. Y la voz que le llama a ese auténtico ser es lo que llamamos «vocación». Pero la mayor parte de los hombres se dedican a acallar y desoír esa voz de la vocación. Procura hacer ruido dentro de sí, ensordecerse, distraerse para no oírla y estafarse a sí mismo sustituyendo su auténtico ser por una falsa trayectoria vital. En cambio, sólo se vive a sí mismo, sólo vive, de verdad, el que vive su vocación, el que coincide con su verdadero «sí mismo» (…) No se refiere sólo a la profesión u oficio que vamos a elegir. Se refiere, por ejemplo, al orden de nuestros pensamientos u opiniones” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “En torno a Galileo”, O. C. Tº 5, Madrid, Alianza, p. 138.

 

martes, 27 de enero de 2026

LA SUBORDINACIÓN AL “QUÉ DIRÁN”

“El hombre que sabe muchas cosas, el hombre culto, corre el riesgo de perderse en la manigua (en la abundancia desordenada) de sus propios saberes y acaba por no saber cuál es su auténtico saber. No tenemos que buscar lejos: éste es el caso del hombre medio actual. Ha recibido tantos pensamientos que no sabe cuáles de entre ellos son los que efectivamente piensa, los que cree, y se habitúa a vivir desde pseudocreencias, desde lugares comunes a veces ingeniosísimos, intelectualísimos, pero que falsifican su existencia. De aquí la inquietud, la alteración profunda que arrastran en el secreto de sí mismas tantas vidas de hoy. De aquí la desolación, el vacío de tanto destino personal que pugna desesperadamente por llenarse con alguna convicción, sin lograr convencerse. ¿Y qué hace? Pues perentoriamente empeñarse en convencerse de lo que no está convencido, fingirse creencias, y para facilitar la íntima ficción, alcoholizarse con las actitudes más fáciles, más tópicas, más de receta, que son las radicales” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “En torno a Galileo”, O. C. Tº 5, Madrid, Alianza, p. 87.

 

viernes, 23 de enero de 2026

VIVIR ES TRANSITAR DEL CAOS AL SENTIDO

“La vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido” (Ortega y Gasset[1]).

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“El hecho humano es precisamente el fenómeno cósmico del tener sentido(Ortega y Gasset[2]).

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“El mundo en el que nacemos es rudo y cruel y al mismo tiempo de belleza divina. Es cuestión de temperamento creer qué es lo que predomina el absurdo o el sentido (…) Probablemente, como en todas las cuestiones metafísicas, ambas cosas son ciertas: la vida es sentido y absurdo o tiene sentido y carece de él. Tengo la angustiosa esperanza de que el sentido prevalecerá y ganará la batalla” (Carl Gustav Jung[3]).



[1] Ortega y Gasset: “La rebelión de las masas”, O. C. Tº 4, p. 254.

[2] Ortega y Gasset: “Las Atlántidas”, O. C., Tº 3º, p. 310.

[3] Carl G. Jung: “Recuerdos, sueños, pensamientos”, Barcelona, Seix Barral, 1981, p. 362

domingo, 18 de enero de 2026

LA FILOSOFÍA COMENZÓ INSULTANDO

Heráclito, Parménides, Jenófanes, con quienes, según Ortega, se inicia la filosofía “se revuelven iracundos contra el vulgo y llenan de insultos nominativa o genéricamente a sus predecesores (…) ¿Por qué la filosofía comienza insultando? (…) En cierto modo el insulto al vulgo es la tonalidad propia al «pensador» porque la misión de este, su destino profesional, es poseer ideas «propias» opuestas a la doxa u opinión pública (…) Heráclito y Parménides (…) al pensar frente y contra la doxa, su opinión era constitutivamente paradoxa. Este carácter paradoxal ha perdurado a lo largo de toda la evolución filosófica. Parejamente Amos, el primer «pensador» hebreo, que es contemporáneo de Tales, nos hará constar que al ser constituido por Dios en su profesión, Dios le impone este encargo: «Profetiza contra mi pueblo». Todo profeta es profeta contra y lo mismo todo «pensador» (…) Una avalancha de «para-doxas» cae sobre Atenas. Se oye la tremenda blasfemia de que los astros no son dioses, sino bolas de metal ardiente, el Sol, por ejemplo, según Anaxágoras, del cual este dice que es más grande que el Peloponeso (…) En efecto, apenas llega a Atenas el primer filósofo, que fue Anaxágoras, comienza el pueblo ateniense a reaccionar con un sentimiento de desazón hasta entonces desconocida (…) (El nombre por el que empezaron a llamarlos, que  traducido viene a significar «lo que es demasiado saber») por un lado significa acción u obra extraordinarios y tiene un valor laudatorio, mas por otro significa un comportamiento excesivo, desaforado, indebido y especialmente en sentido religioso, por tanto, sacrílego” (Ortega y Gasset[1]).



[1] Ortega y Gasset: “Origen y epílogo de la filosofía”, O. C. Tº 9, pp. 422 a 427.

lunes, 12 de enero de 2026

¿DE DÓNDE VENOMOS, A DÓNDE VAMOS?

“Desde ciento cincuenta años después de Cristo, esta impresión de encogimiento vital, de venir a menos, de decaer y perder pulso, crece progresivamente en el Imperio romano (…) Dos siglos más tarde no había en todo el Imperio bastantes itálicos medianamente valerosos con quienes cubrir las plazas de centuriones, y hubo que alquilar para este oficio a dálmatas y luego a bárbaros del Danubio y el Rin. Mientras tanto, las mujeres se hicieron estériles e Italia se despobló” (Ortega y Gasset(1))

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“La crisis muestra las entrañas de la vida humana, el desamparo del hombre que se ha quedado sin asidero, sin pun­to de referencia; de una vida que no fluye hacia meta alguna y que no encuentra justificación” (María Zambrano[2])


[2] María Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Madrid, Alianza, 1987, p. 84-85.

miércoles, 7 de enero de 2026

¿PODRÍA SER EL ESTUDIO LA MEJOR MANERA DE EMPLEAR LA VIDA?

Vivimos en la sociedad del entretenimiento. Hay múltiples maneras de pasar un tiempo divertido en esta civilización que Vargas Llosa denominó “del espectáculo”. Pero son formas de emplear el tiempo de ocio que no dejan poso alguno, y desembocan en el vacío. Y parece que hay cierta complementariedad entre esas múltiples maneras de entretenerse y la extensión endémica de los trastornos depresivos y mentales en general. Mientras tanto, muchos pensadores han ido proponiendo a lo largo de la historia maneras de emplear la vida que han considerado que conducen hacia formas de ser más felices: los pitagóricos, Sócrates, Platón, Aristóteles, los estoicos, Cicerón, San Agustín, Santo Tomás, Kant, Nietzsche… y de manera creemos que culminante, Ortega y Gasset. Haremos un repaso a esas alternativas a lo largo de este vídeo.

 

viernes, 2 de enero de 2026

POR QUÉ OCCIDENTE ES HOY DÉBIL

El idealismo es la gran filosofía que ha servido de sustrato a la cultura occidental a lo largo de la Edad Moderna, y especialmente, desde Descartes. Ese idealismo –que Ortega consideró, junto al positivis-mo, sus grandes bestias negras intelectuales–, exacerbando sus propuestas, ha derivado hoy en lo que es la posmodernidad, la “modernidad líquida” de Bauman, que ha llevado al extremo el descrédito de la realidad (de la circunstancia orteguiana). Existe, desde este renovado sustrato ideológico y cultural, lo que el Yo hipertrofiado diga que existe. Se ha perdido, como ya Ortega advirtió, la referencia de la realidad como límite y como obstáculo. Y así, arte es lo que cada Yo de artista o de cada marchante que pase por ahí diga que es arte. El sexo al que pertenecer es el que cada Yo decida. Mi patria es allí donde Yo estoy bien. La pareja con la que he de estar la decido Yo cada día, pues su realidad no me compromete, de modo que los divorcios aumentan exponencialmente… La consigna del posmodernismo imperante es: “Vale todo”. Porque en realidad nada vale nada; hemos perdido las referencias de lo que nos daba una identidad, no queda nada ahí afuera que nos dé certidumbres sobre las que apoyar la vida, va desapareciendo todo aquello en lo que podría valer la pena creer. Recordemos a Foucault: “No me pregunten quién soy, ni me pidan que siga siendo el mismo”. Todo lo cual ha conducido a lo que Ortega aludía cuando decía que “no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa”.