“Salvémonos en las cosas”, le gusta recomendar a Ortega[1]. Solo
que es preciso ir más allá, o más al fondo, de lo que en ellas es evidente. “La
verdadera naturaleza gusta de ocultarse”, decía Heráclito[2],
y solo se revela a quien se esfuerza por conquistarla. “La verdad es cosa a querer –afirmaba
María Zambrano–, algo a lo que hay que entregar totalmente
la vida, algo implacablemente, infatigablemente buscado”[3].
O el mismo Ortega: “Una verdad no es verdad porque se la desea;
pero una verdad no es descubierta si no se la desea y porque se la desea se la
busca”[4].
[1] Ortega y
Gasset: “Unamuno y Europa, fábula”, O. C. Tº 1, p. 131.
[2] VVAA.:
“De Tales a Demócrito. Fragmentos presocráticos”. Madrid, Alianza, 2001, Fragmento
nº 8.
[3] María
Zambrano: “Hacia un saber sobre el alma”, Madrid,
Alianza, 1987, p. 170.
[4] Ortega y
Gasset: “¿Qué es filosofía?”, O. C., Tº 7, p. 392.
