La filosofía, la historia, la psicología, el arte, la antropología, la actualidad... de la mano, sobre todo, de Ortega y Gasset, el pensador más importante de todos los tiempos en lengua española
“En
nuestro pensar, lo esencial es ordenar el material nuevo en los planteos
antiguos (lecho de Procusto), igualar lo nuevo a lo viejo” (Friedrich
Nietzsche[1])
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“El
análisis es la operación que conduce al objeto a elementos ya conocidos, es decir,
comunes a este objeto y a otros. Analizar consiste, pues, en expresar una cosa
en función de lo que no es ella misma” (Henri Bergson[2])
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“No
hay verdad en nuestro pensar si no hay una verdad anterior a uno, la verdad de
ser, de ser el que auténticamente se es” (Ortega y
Gasset[3])
[1] Friedrich
Nietzsche: “La voluntad de poderío”, Madrid, Edaf, 1980, p. 275.
[2] Henri
Bergson: “El pensamiento y lo moviente”, Madrid, Espasa-Calpe, 1976, p. 150.
[3] Ortega y
Gasset: “No ser hombre de partido”, O. C. Tº 4, pp. 77 a 79.
¿Es posible que una vida demasiado fácil empobrezca al ser humano? En
este vídeo exploramos una idea tan provocadora como profunda: los problemas no
son un obstáculo para la vida humana, sino el motor mismo del pensamiento y del
desarrollo personal. Partiendo de algo tan cotidiano como aprender a montar en
bicicleta, veremos cómo el ser humano convierte las tareas difíciles en
automatismos que ya no requieren esfuerzo consciente. Pero entonces surge una
pregunta fundamental: si lo automático es más rápido y eficiente, ¿para qué
sirve el pensamiento? La respuesta nos conduce a una tesis central: el
pensamiento existe para enfrentarse a problemas nuevos. Por eso, más que un ser
que posee soluciones, el ser humano es un ser portador de problemas. La
inteligencia no se mediría tanto por la cantidad de respuestas que tenemos,
sino por el tipo de problemas que somos capaces de afrontar.
A lo largo del vídeo veremos cómo esta idea aparece en pensadores como
Ortega y Gasset, Carl Jung, Alfred Adler o Nietzsche, y cómo muchas crisis
personales, neurosis o conflictos interiores pueden convertirse en un impulso
para el crecimiento de la personalidad. También exploraremos por qué el
lenguaje, la literatura y la escritura desempeñan un papel tan importante en la
comprensión de nuestra propia vida, y cómo autores como Murakami, Joan Didion o
Paul Auster entendían la escritura como una forma de descubrir lo que realmente
pensamos.
Finalmente, el vídeo plantea una pregunta inquietante para nuestro
tiempo: si la tecnología y la inteligencia artificial empiezan a resolver cada
vez más problemas por nosotros, ¿qué ocurrirá con la facultad humana de pensar?
¿Podría una vida sin problemas acabar debilitando aquello que nos hace
verdaderamente humanos?
Una reflexión filosófica y psicológica sobre los beneficios inesperados
de una vida problemática.
“Solo
existe una manera de hacer frente a la vida: tener siempre una tarea que
cumplir” (Palabras
pronunciadas por Harvey Cushing, el mayor especialista de cirugía cerebral de
todos los tiempos)(1)
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Se entiende, desde esta perspectiva, que la vida no es un simple azar,
sino el resultado último de una intención, de una búsqueda que lleva a cabo el
universo, que persigue la Creación. Schopenhauer decía que la vida y el
universo eran consecuencia de una “voluntad ciega”. Pero desde esta otra forma
de verlo, esa voluntad no es ciega, sino que se mueve en la dirección que lleva
hacia mayor complejidad, mayor belleza, mayor perfección… Es decir, en la
dirección que marca el sentido, aquella finalidad. La conciencia es el último
resultado, el más acabado, de la evolución hacia esa finalidad. Por tanto, la
conciencia, y la mente que la aloja, serían la función y el órgano que
respectivamente surgieron para dar cumplimiento a esa intención, a ese sentido.
“El sentido no solo
debe sino que también puede encontrarse, y a su búsqueda guía al hombre la
conciencia. En una palabra, la conciencia es un órgano del sentido. Podría
definírsela como la capacidad de rastrear el sentido único y singular oculto en
cada situación”(Viktor E. Frankl(1))
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“Gran mérito contraído por (C. G. Jung) que tuvo la osadía de atreverse
a definir en su tiempo, es decir, en los primeros años del siglo, la neurosis
como ‘el sufrimiento del alma que no ha encontrado su sentido’ ” (Viktor E. Frankl[2]).
[1]
Viktor E. Frankl: “Ante el vacío existencial. Hacia una humanización de la
psicoterapia”, Barcelona, Herder, 1980, p. 31
“La realidad no es más que el síntoma de que
una cosa ejerce influjo sobre todas las demás y de ellas lo recibe, de que una
cosa es necesaria para que el resto subsista. Porque los sapos silban al
crepúsculo en sus hoyos, hilan las princesas en sus camarines” (Ortega y Gasset[1]).
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“Por mundo entendemos la ordenación unitaria
de los objetos” (Ortega y Gasset[2]).
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“El profesionalismo y el especialismo, al no
ser debidamente compensados, han roto en pedazos al hombre europeo (…) El
desmoronamiento de nuestra Europa, visible hoy, es el resultado de la invisible
fragmentación que progresivamente ha padecido el hombre europeo” (Ortega
y Gasset[3]).
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“Los viejos maestros no eran pintores de
fragmentos como nosotros”(Paul Cézanne(4)).
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“No es una época para terminar nada. Es una
época de fragmentos.” (Marcel Duchamp en una conversación
con Anaïs Nin en 1934[5])
[1] Ortega y
Gasset: “Azorín, primores de lo vulgar”, en “El Espectador”, Vol. II, O. C. Tº
2, pp. 182-183.
[2]
Ortega y Gasset: “Introducción a una estimativa”, O. C. Tº 6, p. 318.
[3] Ortega y
Gasset: “Misión de la Universidad”, O. C. Tº 4, p. 325.
[4] Paul
Cézanne citado por Ernst Fischer en “La necesidad del arte”, Barcelona, Altaya,
1999, p. 87.
[5]
Bernard Marcadé, Marcel Duchamp (biografía), Libros del Zorzal, 2008, p. 66.